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ISSN 1989 - 5658
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Carlos Murias, Carlos Castañón y José María Enrique, Militares italianos en la Guerra Civil Española. Italia, el fascismo y los voluntarios en el conflicto español, Madrid, La Esfera de los Libros, 2010, pp.332, ISBN :978-84-9734-963-5

Los anhelos imperiales de Mussolini, por los que ambicionaba instaurar al hegemonía italiana en el Mediterráneo en detrimento de británicos y franceses, lo llevaron a poner su vista en España desde su misma llegada al poder en el año 1922, tras la Marcha sobre Roma.

La ascensión al poder del general Miguel Primo de Rivera, al frente del un directorio militar en el año 1923, reforzó ese interés italiano en la política española, ya que ambos regímenes compartían simpatías y algunos puntos ideológicos comunes.

La caída de Primo de Rivera y la instauración de la II República Española supuso un importante revés en la política mediterránea mussoliniana, contra la que se posicionó de forma casi inmediata apoyando a diferentes grupos políticos conspiradores, entre los que se encontraban monárquicos, carlistas o falangistas.

Por ello no resulta extraño cómo, tras el fracaso del golpe militar del 18 de julio de 1936 y el inicio de la contienda fratricida, los militares sublevados pusieran sus miradas en el país transalpino con el objetivo de obtener la ayuda necesaria que les permitiese afrontar el conflicto con posibilidades de éxito.

El 27 de julio de 1936 se inició la ayuda militar italiana a la España nacional, materializada en una serie de aviones Savoia-Marchetti S-81, tras recibir, por diferentes vías, diversas peticiones de ayuda por parte de los militares sublevados.
Desde entonces, y con un inicio titubeante, la ayuda militar italiana no haría más que crecer, pasando de una pequeña aportación material a constituir todo un factor determinante en el transcurso y resultado final de la Guerra Civil Española.

Militares italianos en la Guerra Civil Española analiza de forma exhaustiva la intervención italiana en el conflicto a favor de los nacionales desde una perspectiva militar, aspecto que ha sido uno de los temas menos analizados a la hora de estudiar la internalización del conflicto, a pesar de la innegable importancia de la participación italiana en la guerra, constituyendo la mayor aportación de combatientes y material bélico realizada por una sola nación durante la contienda española.

José María Manrique, coronel de Artillería, junto a Carlos Murias y Carlos Castañón, investigadores de historia militar, realizan en esta obra un intenso análisis sobre las características militares de la ayuda de Mussolini al bando nacional, analizando el papel de ésta en los ámbitos terrestre, naval y aéreo.

Así, la obra describe la organización y el material militar empleado por las tropas fascistas italianas desde la llegada de los primeros voluntarios y  su participación en la toma de Málaga, la primera gran acción bélica en la que toman parte un número considerable de efectivos italianos, hasta convertirse en un auténtico ejército expedicionario transcendental y decisivo en el devenir del conflicto.

La obra se estructura en tres partes principales, obviando la introducción, las conclusiones y los necesarios anexos, dedicados a los tres ámbitos de esfuerzo bélico (tierra, mar y aire) entre los que, como no podía ser de otra manera, tiene un papel preponderante la lucha de los efectivos terrestres italianos.

La Introducción nos ofrece un  breve repaso a la historia del fascismo italiano, prestando especial atención a la política exterior de carácter agresivo llevada a cabo por el régimen de Mussolini, muy útil para situar al lector en el tema de la obra. Este capítulo concluye  con una interesante referencia a los contactos entre representantes carlistas y autoridades italianas en el año 1934, que se materializaron en un compromiso carlista de alianza con Italia, en el caso de alcanzar el poder, y en la ayuda económica y militar italiana, con el suministro de armas ligeras y el entrenamiento en Roma de militantes carlistas.

A partir de aquí se inicia el grueso de la obra de estos tres investigadores en historia castrense con el relato de las diversas peticiones de ayuda realizadas por los militares sublevados ante la necesidad de obtener aviones con los que transportar el Ejército de África a la península.

Fue Franco el que, como jefe del Ejército de África, pidió aviones a Roma a través del cónsul italiano en Tánger y enviando a Roma, previa autorización de Sanjurjo, al periodista Luís Bolín. También Alfonso XIII, primero a través del Marqués de Viana y, después, entrevistándose personalmente con Benito Mussolini, obtendría la negativa Italiana. Serían los enviados por Mola, Antonio de Zunzunegui, Pedro Sainz Rodríguez y Antonio Goicoechea, los que conseguirían el envío de aviones, los ya comentados anteriormente, tras el pago de un millón de libras realizado por el banquero Juan March.

A partir de ahí se iniciaría por vía marítima, a partir de finales de agosto de 1936, la llegada de carros de combate ligeros, con sus instructores, y de todo tipo de suministros bélicos. En septiembre entrarían en combate las primeras unidades blindadas equipadas con material italiano, mientras llegaban vapores con carros de combate Fiat C.V.33/35, estaciones radiotelegráficas, cañones de 65/17 mm, proyectiles de artillería, proyectiles perforantes anticarro, estaciones de radio, autocarros o automóviles, junto a un grupo de carristas y soldados.

Se formaría así la Primera Agrupación Italo-Española de Carros y Artillería, que entraría en combate el 21 de octubre de 1936 participando en la marcha sobre Madrid. Desde entonces, la llegada de material y hombres no cesaría hasta hacer necesario  la firma de un acuerdo entre la Italia fascista y el bando nacional, el acuerdo italo-español de 28 de noviembre de 1936, por el cual Mussolini estaba dispuesto a apoyar a los nacionales a mayor escala, siempre que  entre ambos se firmase un tratado con seis clausulas que regulasen la alianza.

En noviembre se inicia en Italia el alistamiento masivo de voluntarios y en diciembre se crea el Ufficio Spagna, órgano del Gobierno italiano encargado de centralizar las peticiones y necesidades de la Misión Militar en España, de coordinar a los tres ministerios militares y de manejar todos los asuntos relacionados con los nacionales.

A partir de entonces, la obra narra la formación de las diferentes unidades italianas en España, prestando especial atención al material militar desplazado con tal fin y la  estructura y organización de éstas, así como  a sus bases logísticas en Cádiz, Sevilla y Aranda de Duero (Burgos).

Pero antes de comenzar a narrar las primeras acciones militares de envergadura tras esta reorganización de la intervención italiana en la guerra, la obra se retrotrae unos meses, a agosto de 1936, para analizar la decisiva intervención italiana en Mallorca, al mando del cónsul fascista Arconovaldo Bonacorsi, que, con la inestimable ayuda de la aviación y la armada italiana, fue decisiva para que las Islas Baleares, con la excepción de Menorca, continuaran hasta el final de la guerra como territorios nacionales, y en los que los italianos dispusieron de una importantísima base naval y aérea.

En la Península Ibérica la primera gran acción bélica en la que toman parte las tropas italianas es en la toma de Málaga, entre el 5 y el 8 de febrero de 1937, en la que participaron, llevando el peso de la ofensiva nacional, tres columnas, con artillería, fuerzas motorizadas y apoyo aéreo, que pusieron en práctica con éxito la guerra celere.

La victoria sobre Málaga obliga a una reorganización de las tropas italianas. Las tres brigadas de voluntarios que existían al final de la campaña de Málaga se transforman en  cuatro divisiones que formarían el denominado Corpo Truppe Volontari (CTV).
A partir de entonces el CTV participaría en las más destacadas batallas de la contienda hasta el final de la misma, contribuyendo de forma decisiva al resultado de ésta. Así, tras la derrota de Guadalajara, de la que los autores analizan sus causas, las tropas italianas participan en la campaña del Norte, con la toma de Bilbao y Santander como principales hitos, la ofensiva sobre Teruel, la campaña de Aragón,  las operaciones en Levante y la ofensiva final en el Ebro y Cataluña.

Además del análisis del desarrollo de las diferentes campañas militares, la obra nos ofrece una descripción exhaustiva de la estructura del CTV, así como de los medios humanos y materiales disponibles en cada una de las etapas del conflicto. Resultan muy interesantes los datos ofrecidos sobre la procedencia y la preparación militar de los voluntarios italianos, así como las cifras sobre la participación de estos en cada campaña. Así mismo, tras la declaración oficial del final de la guerra, se inicia la repatriación del contingente,  de la cual se dan importantes detalles.

La ayuda italiana en el ámbito de la aeronáutica sigue un camino paralelo al antes trazado en tierra. Desde la llegada de los primeros aviones y pilotos  hasta la creación de la Aviación del Tercio italiana y de la posterior Aviación Legionaria,  las unidades aéreas italianas lucharán en casi todos los frentes de la contienda, aumentando continuamente sus efectivos y destacándose en numerosas batallas. A este respecto, la publicación sigue la misma línea  marcada a la hora de analizar la participación italiana en las acciones militares terrestres. Se realiza una detallada investigación de las unidades, con su correspondiente material y características técnicas, y de las acciones en las que toman parte, para concluir con unas interesantes biografías de aviadores italianos destacados en la lucha.

En cuanto a la participación de la Regia Marina ésta, al igual que en los dos casos anteriores, también fue aumentando progresivamente, pero con una diversidad mayor de acciones y cometidos bélicos. En el libro se narran los diversos aspectos de la ayuda naval italiana al bando nacional, desde las primeras acciones llevadas a cabo por unidades italianas, de vigilancia,  transporte de material, evacuación de ciudadanos italianos o artillado de barcos y apoyo logístico a la flota nacional, hasta el apoyo naval de operaciones terrestres, venta o cesión de buques y submarinos, campañas submarinas contra el tráfico marítimo republicano o el gran dispositivo naval italiano para interceptar a la flota republicana tras su salida de Cartagena  al final de la Guerra Civil.

La participación italiana en la Guerra Civil fue, según los autores, la más numerosa,  generosa y desinteresada. A través de la lectura de la obra el lector puede, gracias a la aportación descomunal de datos, entender la enorme contribución italiana al bando nacional durante el conflicto, lo que podrá servir para completar la visión sobre ésta de los diversos estudios sobre la Guerra Civil Española que obvian, en muchas ocasiones, la historia militar de la misma.

La publicación se complementa con unos interesantes anexos con información diversa, desde documentos e informes hasta himnos, así como una rica colección de imágenes. En su debe, teniendo en cuenta que la obra pretendía dejar claro el papel italiano en cada ámbito de combate desde una óptica puramente militar, sólo debemos echar en falta un tratamiento más riguroso de las fuentes usadas para la investigación, quizás debido a constituir una obra escrita por historiadores no académicos que ponen el énfasis de su trabajo en la divulgación más que en la realización de un trabajo científico.

Cristóbal Villalobos Salas
Escritor e Historiador

www.cristobalvillalobos.com

3 Comments

  1. Oriol says:

    Me gustaria saber de la participacion italiana en el conflicto español 1936-1939 y mas concretamente de si hubo unidades de combate en Montcada i Reixac.

  2. Redacción says:

    Quizá te interese este artículo sobre la participación italiana en Málaga:
    http://www.civinova.com/2011/05/01/la-participacion-italiana-en-la-toma-de-malaga/

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