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La ciudad de la cultura

ISSN 1989 - 5658
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elcorazonEl teatro, en sí mismo, es símbolos y metáforas, gritos y ecos, reflejos y sombras, vida y muerte…, y así fue como lo vivimos y sentimos ayer en la Sala Tribueñe de Madrid, donde de nuevo se conjugaron el valor de la palabra, las luces y las sombras y esa última necesidad de seguir expresando los sentimientos del ser humano de una forma intensa y sin más artificios que los del buen teatro, entendido éste como un ejercicio nuevo de sublimación del ser humano. El corazón entre ortigas es una excelente aproximación a los dramas que desgraciadamente siempre se repiten y, es en esa eterna condena, donde se encuentran depositados el extraordinario elenco de actores de esta obra de teatro que, por más que se la tilde como de mero laboratorio, ya tiene mucho avanzado para llegar a ser un gran montaje teatral, aunque ya lo sea. Esa expresión de dolor que, como una foto fija nos acompaña desde que entramos en la sala de la mano de los actores y sus impenetrables rictus, no nos deja pensar en otra cosa que en la gran capacidad expresiva existente sobre el escenario. Un mapa del terror que sólo es amenizado, a modo de entremés, por una simpática, extrovertida y dicharachera Nereida San Martín, cuando se lanza a la búsqueda de más adjetivos: «lo más granado de la inteligencia», «¡caballero, caballero, qué elegancia!», «¡qué público tan singular…, qué ingenio, qué belleza…!». Esa especie de vuelo o movimiento sobre la silla que acompañan a la actriz, no hacen sino ejercer de faro sobre la tragedia de ese corazón entre ortigas que sangra, se duele y se seca por la barbarie.

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numancia_cartel_baja-1Arrebatadora en la propuesta escénica, vibrante en el texto, conmovedora en el desarrollo de una trama esencial, como esencial es la dignidad del ser humano. Ecos, voces y sonidos que nos empapan la conciencia a conciencia, pues ese es el mensaje final de esta Numancia de Miguel de Cervantes dirigida por Juan Carlos Pérez de la Fuente. Numancia desnuda, Numancia única a la vez que salvaje, Numancia demoledora al unísono que entrañable, esclarecedora igual que la primera luz del día capaz de hacernos soñar con los imposible, pues en los tiempos que corren eso es Numancia, un sueño imposible, el de la dignidad a secas; el de la dignidad que grita libertad y que tanto necesitan el hombre y la mujer. El hombre y la mujer, porque Numancia también es coral y es una forma de expresión sin distinción de sexos.

Numancia http://teatroespanol.es/392/numancia/ es la libertad en sí misma arropada de un magistral texto de Luis Alberto de Cuenca y Alicia Mariño que nos devuelven a lo esencial, a ese punto inicial que tantas veces se nos olvida. Gracias a textos como éste podemos seguir dignificando el poder de la palabra, perdida tantas veces en el silencio o el desconocimiento. Aquí, también hay que hacer una mención especial al reparto de esta Numancia perversa, pues quizá, a día de hoy no haya más perverso que la dignidad, perdida entre la corrupción rampante de una clase política enroscada en su propio ensimismamiento y putrefacción. Los actores dicen y dicen bien, pues su dicción es impecable, entendible y esperanzadora como la lucha por la libertad. «La vida es sueño» nos dijeron una vez hace ya mucho tiempo, pero también es lucha…, y esperanza por recuperar aquello que nos pertenece de una forma legítima. En ese cerco numantino de los imposibles Numancia va hacia su propia deriva, y lo hace preñada de los sentimientos más universales del ser humano como, por ejemplo, el amor, ya sea éste fraternal, pasional o hasta impúdico; o de la necesidad de la libertad, por ser ésta el maná sanador de todas nuestras impurezas. La lucha por la libertad, sin duda, purifica al ser humano y a su alma, porque ésta se vuelve transparente como el agua de un manantial todavía virgen de rocas que pulir o bocas que calmar, y, porque justo, al otro lado, es donde reposan la tiranía y el rencor, que se reproducen con el miedo y la oscuridad.

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juego_y_distraccion_300_rgbEscondidos tras una máscara que, sin embargo, no es capaz de interrumpir los latidos de nuestro corazón. Atrapados en la sinuosidad intangible del mañana. Derrotados por la oscuridad de una línea que, como una frontera sin nombre, es violada una y otra, una y otra vez… No hay más reglas en la suntuosidad del amor ni en la intimidad de una habitación despojada de todo adorno que no sea la esencia del deseo, parecen decirnos los protagonistas de Juego y distracción http://salamandra.info/libro/juego-y-distraccion. Quizá, porque ahí es donde los amantes buscan su refugio, en el silencio de una pasión que no necesita de más cortejo que el del placer de la carne. Constructores de sueños que evitan las pesadillas y que juegan a ser libres dentro de sí mismos y con el otro. Amantes. Amantes puros. Amantes prístinos que se muestran transparentes, pues nada tienen que esconder, y sí mucho que dar. Darse a sí mismos y al otro, en un juego infinito que no conoce límites, pues los amantes de verdad necesitan estar perdidos en el horizonte del deseo.

Dean y Anne-Marie galopan con el viento a su favor, y lo hacen subidos en un coche deportivo de otra época, como sus deseos. Y lo hacen sobre sus asientos. Huyen. Huyen sin descanso de ese tipo de vida al que cada uno de ellos está condenado, pero a la que ninguno de los dos ni quiere llegar ni sabe cómo esquivar. De momento, su máxima y más urgente necesidad, es alejarse de ese otro mundo que ruge tras ellos aunque no sepan muy bien cómo es, pero que lo único cierto es que se va creando kilómetro tras kilómetro de las sinuosas carreteras que transitan, y tras cada anónima habitación de hotel donde sus cuerpos acaban juntándose con el único objetivo de encontrarse a uno mismo a través del otro, como si el otro fuese el espejo necesario en el que sentir la íntima obligación de verse reflejado. En este caso, la maestría de James Salter no sólo se encuentra en la desnudez de las acciones, en la pulcritud de las múltiples escenas de sexo, sino en traernos esa percepción de lo íntimo y lo ajeno a través de los ojos de un narrador que juega con el lector y sus personajes. Esa escritura limpia y repleta de múltiples y maravillosas imágenes, se comporta como el mejor fluido para una historia, cuya intrahistoria, es la de salvar el alma propia a través del alma ajena. Esa necesidad de pérdida y sensualidad, esa sensación errática de la existencia en la que la propia juventud nos impone vivir como si no hubiese la posibilidad de un mañana, alcanza altas cotas de lirismo y verdad en Juego y distracción, donde una vez más, se nos invita a contemplar la descarnada experiencia de aprender a vivir sin más cuando, quizá, no estemos preparados para ello. La melancolía que Salter pone al servicio de su majestuosa narrativa nos atrapa sin otro argumento que el de la propia palabra. Cabe destacar, sin duda, el inicio de la novela, hasta que el narrador llega a Autum. Aquí Salter es capaz de captar nuestra atención como Thomas Wolfe hizo al inicio de esa pequeña obra maestra titulada El niño perdido.

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cara_FANNY BRAWNE_1Fanny Brawne, La Belle Dame de Hampstead, es la revelación de un sueño, el que tuvo Fanny —amada de John Keats en su juventud— antes de morir. En este sentido, el título de la obra de teatro, hace referencia al poema que Keats compuso en la primavera-verano de 1819, al mismo tiempo que escribía sus famosas odas y Lamia. En los versos de La Belle Dame Sans Merci (La bella dama sin piedad), a pesar de que su autor siempre la consideró como una obra menor, se concitan los grandes temas universales de la literatura, ya que además del desamor, está muy presente el cuestionamiento que el poeta se hace sobre la dualidad existente entre realidad y deseo o certidumbre y misterio, interrogantes que planean igual que una alargada sombra sobre este texto teatral.

Al otro lado, e impregnada del estado embriagador que provocar el amor, Fanny pasará sus últimos días atrapada por sus recuerdos sin decidirse a hacer frente al gran desafío de su vida: su historia de amor con John Keats, del que aún conserva sus cartas. Unas misivas que, aparte de ser el único salvoconducto para llegar a descansar en la eternidad junto a su amado, se transformarán, de una forma mágica, en la posibilidad de vislumbrar a una nueva Fanny.

Fanny Brawne, La Belle Dame de Hampstead es un viaje sensitivo al más allá, donde el amor se transforma en la búsqueda de la belleza y, donde los sueños, tienen forma de mariposa. No obstante, esta obra de teatro también está concebida a través del temor que todo ser humano tiene de pasar al otro lado del espejo. La muerte siempre nos ha causado dolor y angustia, pero Fanny Brawne le buscará otro significado, justo el que le daban los griegos: el AMOR como no muerte. De ahí, que se pregunte una y otra vez: ¿hay vida después del amor?

 

8840_1Hay muchas formas de chillar o de llamar la atención…, de refugiarse del mundo y sus aristas, del mundo y sus mentiras, del mundo y sus desengaños. Esa, al menos, puede ser una de las interpretaciones a extraer después de finalizar la lectura de la recopilación de relatos Mala letra de Sara Mesa http://www.anagrama-ed.es/titulo/NH_558, pues el universo descrito y visitado por sus personajes es muy parecido a una frontera que divide lo perverso de lo cruel, el hastío de la venganza, la sordidez de la mala conciencia, es decir, una sucesión de retos en los que todo parece que se redujera a desenfundar la pistola antes de que lo haga el contrario y, de paso, se nos invitara, una vez tras otra, a caminar por esa cuerda floja sin apenas darnos cuenta; una cuerda que sin embargo nos obliga a mantener el equilibrio y seguir erguidos sobre ella para no terminar aplastados contra el mastodóntico suelo. Realidad y ficción en continua lucha contra el último sentido de la vida que no nos permite ni estar siempre llorando ni tirarnos desde lo más alto del rascacielos de la ciudad. Es, en ese in-pass, donde se mueven los relatos de Sara Mesa https://es.wikipedia.org/wiki/Sara_Mesa, cuyos personajes van a la deriva sin llegar a precipitarse del todo, o donde se muestran disconformes con el mundo en el que viven sin por ello saltarse las reglas básicas de la convivencia bajo la que se encuentran aislados.

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