Cada vez que Gil entra en ese coche, un cosquilleo me hace sonreír. Será la ilusión, la alocada y justa ilusión, pero uno se mete en el papel del guionista frustrado que decide lanzarse a por su sueño, el de ser novelista, aunque para ello haya que mandar a paseo un proyecto de matrimonio, con sus correspondientes suegros, y lo peor: dejarse llevar por una aventura nocturna y quimérica, de incierto final, como todas las aventuras. Como la vida misma. ¿Quién no ha esperado nunca a que suenen las campanas?Que siga lloviendo en París
Cada vez que Gil entra en ese coche, un cosquilleo me hace sonreír. Será la ilusión, la alocada y justa ilusión, pero uno se mete en el papel del guionista frustrado que decide lanzarse a por su sueño, el de ser novelista, aunque para ello haya que mandar a paseo un proyecto de matrimonio, con sus correspondientes suegros, y lo peor: dejarse llevar por una aventura nocturna y quimérica, de incierto final, como todas las aventuras. Como la vida misma. ¿Quién no ha esperado nunca a que suenen las campanas?Sobre la lucidez y la cerveza
Suele ocurrir cuando me tomo una cerveza al mediodía, con el estómago vacío, o por la noche, muy de noche. Me adentro en un raro estado de lucidez. No es que me emborrache, entiéndanme, sino que veo las cosas más claras, o como son. Vamos, que me entra una mala leche muy esclarecedora. En otras ocasiones, no crean, me da por reírme, incluso por emocionarme.Educación: creamos en ella
“Educar es siempre ir a la contra, contra la corriente dominante. Si no fuese así, no sería necesario educar, lo haría el entorno o la sociedad en general, sin la intervención de ninguno de los agentes sociales. Hay que proponerse educar y que nos lo propongamos todos, cada uno desde sus posibilidades y desde el lugar en el que está. Ahora bien, este actuar contracorriente no puede ser una tarea heroica e imposible: todos tenemos que colaborar. Hacerlo significa tomarse en serio la educación, una idea que todos repiten pero que es evidente que nadie practica. Tenemos que respetar el esfuerzo por aprender y hacer aprender.”
La primera palabra que me viene a la cabeza tras leer este ensayo de la filósofa Victoria Camps, es esperanza. En que esa labor de educar, hoy aguijoneada por el pesimismo, a pesar de todo, no es una quimera. “Creer en la educación. La asignatura pendiente” es un libro que hace reflexionar sobre el camino que ha tomado, y el que ha de tomar, el instrumento cuya función es, conviene no olvidarlo, formar ciudadanos.
Valores como el respeto, la tolerancia, la libertad o el esfuerzo, aparecen en esta obra con su esencial y profundo significado. Camps replantea la teoría y la práctica de unas palabras que, de tanto mal usarse, se han desvirtuado, no solo en las aulas. Las preguntas y las respuestas atañen a toda la sociedad, a esa tribu a la que, recogiendo un proverbio africano, siempre hace referencia José Antonio Marina.
Para los nuevos lectores de Eco
Hay que adaptarse a los nuevos tiempos, aunque a veces esa adaptación suene a pura resignación. Eso ha debido de pensar Umberto Eco, quien ofrecerá una versión más “ágil” de la novela que le llevó a la fama. Aún no se sabe en qué quedará El nombre de la rosa.El abrazo de tu guitarra
Dos, tres, cuatro veces pensé en escribirte. Creo que llegó el día, a sabiendas de que lo mejor es seguir escuchándote. Callar y dejar que hablen tus manos; palabras que hacen más dulce el silencio. Pero permíteme que importune esta deliciosa melodía con un paseo, de mil gracias, por la memoria.
La Mezquita se insinuaba, brillante, guapísima, al fondo. Tú en el centro del escenario, la Axerquía expectante, luz tenue, la noche de verano ya cerrada. Y las cuerdas que comienzan a vibrar. Es el principio del embrujo. Otra vez.
¿Quién dice tanto? Torrente de sentimientos cruzados. Pasado y presente confundidos, tardes de caramelo a la orilla del río, noche y alba. Nadie me hizo caminar con tal asombro por las umbrosas galerías del recuerdo, que no sé qué otra cosa es la música.





