El viento helado de nuestra vida, nos voltea hasta hacernos llegar a ese destino que nunca habíamos soñado. Cuando estamos en ese lugar (al que nunca pedimos ir), nos sentimos raros y descolocados, como si todo se redujera a un sueño del que a veces no queremos despertar. Los protagonistas de Los perros y los lobos, deambulan por sus vidas a merced de esa fuerza superior que los deposita en enclaves desconocidos, pero que subyugados por una fuerza suprema, caen vencidos ante la pasión, que se comporta como una maldición febril que les impide renunciar a sus orígenes. En este sentido, la maestría a la hora de narrar y describir la psicología de sus personajes que tiene Némirovsky, resplandece como el dios sol en esta novela (la última que publicó en vida), y las raíces de los judíos, su necesidad de sobresalir, su exilio errante (tanto interior como exterior), y esa volcánica erupción de un sinfín de ambiciones ocultas en lo más profundo de sus corazones, están retratadas con gran precisión; porque ante todo, la estirpe de los Sinner, y por ende de la raza judía, no son sino la epopeya de cualquier ser humano que cae en el precipicio de sus debilidades.Irène Némirovsky, Los perros y los lobos: las encrucijadas del destino.
El viento helado de nuestra vida, nos voltea hasta hacernos llegar a ese destino que nunca habíamos soñado. Cuando estamos en ese lugar (al que nunca pedimos ir), nos sentimos raros y descolocados, como si todo se redujera a un sueño del que a veces no queremos despertar. Los protagonistas de Los perros y los lobos, deambulan por sus vidas a merced de esa fuerza superior que los deposita en enclaves desconocidos, pero que subyugados por una fuerza suprema, caen vencidos ante la pasión, que se comporta como una maldición febril que les impide renunciar a sus orígenes. En este sentido, la maestría a la hora de narrar y describir la psicología de sus personajes que tiene Némirovsky, resplandece como el dios sol en esta novela (la última que publicó en vida), y las raíces de los judíos, su necesidad de sobresalir, su exilio errante (tanto interior como exterior), y esa volcánica erupción de un sinfín de ambiciones ocultas en lo más profundo de sus corazones, están retratadas con gran precisión; porque ante todo, la estirpe de los Sinner, y por ende de la raza judía, no son sino la epopeya de cualquier ser humano que cae en el precipicio de sus debilidades.Dardem, Inerte: sintetizando emociones épicas
Una de las cualidades de la música, es su capacidad para reivindicar su presencia en el mundo mediante sonidos que se transforman en imágenes, que como un desafío se nos presentan delante de nuestros ojos una y otra vez. Entonces, somos víctimas de alucinaciones, porque no sabemos si esas imágenes también invaden el territorio de los sueños o somos nosotros los que las trasladamos a nuestro universo onírico porque necesitamos de ellas, de su compañía y de su repetición, para conseguir que nos atrape el duende de la felicidad, porque como dice este grupo sevillano llamado Dardem “… Y las canciones… sueños son”. No en vano este nuevo álbum y segundo trabajo del grupo, comienza con el tema titulado Sueña, donde ya nos invitan a recorrer ese espacio donde cada uno puede refugiarse bajo las notas de las emociones épicas; y que en La Bendición se transforma en un canto de profundas raíces andaluzas, donde los ecos de Triana son más que evidentes, y en el que la fuerza sonora se da la mano con la certeza de los ritmos rock andalusí que nos dicen que ellos ya estuvieron allí, en el territorio de los atardeceres de color anaranjado.Exposición de la pintora impresionista Berthe Morisot en el Museo Thyssen de Madrid: la pincelada larga de la mujer de negro.
La pincelada larga que marcha rabiosamente adherida a una intensa paleta de colores (que contrasta con su costumbre de vestir de negro), describe como infinitos mensajes la vitalidad trepidante de sus obras, que a veces también se transforman en una sensualidad pálida e íntima que capta el recogimiento de un instante único por su capacidad para transmitirnos las sensaciones más puras de aquello que vemos. Esa necesidad de hacernos llegar a todos los recovecos de su mundo interior, consigue que sus obras sean una espléndida forma de transitar al unísono por su vida privada y su carrera artística. Y es esta circunstancia, la que de una forma inteligente ha aprovechado la comisaria de la exposición, Paloma Alarcó, para presentarnos las 40 obras que se exhiben en el Thyssen hasta el próximo 12 de febrero, lo que unido al acierto de su división en diferentes etapas que se caracterizan cada una de ellas por el valor intrínseco de mostrarlas como oposición a cuadros significativos de otros artistas de esa misma época (p. ej.: Corot y la pintura al aire libre o Manet y el retrato íntimo), hacen de esta muestra una magnífica ocasión de repasar, aunque no sea de una forma profusa, la biografía de un movimiento pictórico como el impresionismo, que a finales del siglo XIX se opuso a la pintura hasta entonces establecida.Concierto de Vetusta Morla en la Sala La Riviera: los coleccionistas de sueños se hacen grandes.
Envueltos en un manto sonoro que los funde desde la primera nota con sus fans, Vetusta Morla volvió a demostrar ayer el por qué de sus infinitos seguidores. La sala estaba llena, y nada más sonar los primeros acordes de Los días raros, todo se convirtió súbitamente en un delirium tremens, en el que todos aquellos que habían venido de Murcia, Jaén, Cáceres, Ávila, Córdoba e incluso Madrid, cayeron rendidos ante lo que estaban viendo como fantasmas en la noche, y enseguida borraron de su mentes el esfuerzo que habían tenido que hacer para disfrutar de dos horas de la mejor música que se pueda disfrutar en el panorama nacional. Después de lo visto y lo vivido ayer, es fácil concluir que Vetusta Morla es el más claro ejemplo de cómo la normalidad se puede transformar en una pócima mágica que tiene como destino el éxito. Y si la Coca-Cola disfruta de la fórmula magistral de las bebidas burbujeantes, los madrileños atesoran esa otra ecuación que ahora mismo los convierte en la formación del momento y los nomina como los próximos reventadores de estadios de fútbol y palacios de los deportes del territorio patrio.
Jane Eyre: la inquebrantable pureza del alma.
La necesidad de libertad a veces se transforma en un delirio que nos deja ciegos ante el amor y sordos ante la desdicha. Huir es la primera opción, pero la huida en sí misma no es la solución, porque algo dentro de nuestras entrañas hace que nuestra cabeza estalle una y otra vez en un grito mudo que nadie más que uno mismo puede oír. Si además ese grito que nos lanza el corazón viene expresado por la inquebrantable pureza del alma, no cabe mayor fuerza en la tierra que sea capaz de doblegar la voluntad del ser humano. Jane Eyre abandona Thornfield House abatida por la mentira y derrotada por el poder oculto de una de las figuras más míticas de la literatura de todos los tiempos, “la loca del ático”, que como un vendaval arrasa su dicha. Esta simbología empleada por primera vez por Charlotte Brontë, se va a desplazar a partir de entonces por innumerables autores, novelas y relatos de la historia de la literatura, lo que poco a poco irá acrecentando su fama de mito. Y así, la cadencia pura y romántica que envuelve a este maravilloso cuento de hadas deviene en realidad oscura, a la que su protagonista sólo es capaz de vencer a través de la virtud. Es en ese instante, cuando la mirada de Mia Wasikowska (Jane Eyre) se funde en una miel pura bajo el color avellana de sus ojos, que su tez blanca y su pelo recogido, sólo aumentan más y más hasta el infinito. Ese juego de colores limpios, se funden magistralmente con la inmensidad del paisaje. Todo es natural en Jane Eyre, sus sentimientos y el entorno que la acogen bajo la tenue luz inglesa.




