La película comienza como acaba, con un impactante disparo en forma de cartel, con las letras de Hanna en blanco sobre un fondo rojo, y tan distorsionadas en su altura, que parece que la sangre se escurre por ellas. Detrás de esa primera imagen, se esconden los ojos fríos y profundos de Saoirse Ronan, una caperucita entrenada para matar, que protagoniza un film de acción que quiere ser algo más, pero que sólo se queda en el intento, a pesar de la potente música de The Chemical Brothers, o esa forma de rodar de Joe Wright, que intenta meternos en el interior de los personajes con unos primerísimos y abusivos a veces primeros planos, a los que fusiona con una reproducción de la respiración (sobre todo de la protagonista) con la que intenta meternos dentro de su piel, algo difícil de conseguir, porque en el caso de Hanna (Saoirse Ronan), su personaje se muestra fría, calculadora y siempre en tensión durante toda la película, en la que se pasa la mayor parte del tiempo inmersa en acciones de pura acción (a veces distorsionadas con giros de cámara imposibles) o corriendo, en un perfecto símil de huida al estilo caperucita roja, pero esta vez, disparando a matar. Leer más…