civiNova

La ciudad de la cultura

ISSN 1989 - 5658

PRECIOUS

[6 Marzo 2010]
Entre otras cosas, Precious es la historia de superación personal de su protagonista “Gabby”, algo no ajeno a la historia universal del ser humano y la cultura. Durante el visionado de la película, recordé sin esfuerzo a Camus y a su madre. Él llegó a ser Nobel de Literautra, cuando procedía de una familia muy pobre y analfabeta, y en este caso, Precious también encuentra la llave del conocimiento que le proporcionan el aprender a leer y escribir para empezar a comprenderse mejor a sí misma, y a la vez, descubrir las inmensas posibilidades del mundo exterior que la rodea, y que pueden llevarle a conseguir aquellas imágenes en su vida, que hasta ese momento sólo aparecen en su imaginación.
Pero esta película, claramente filmada en clave privada afroamericana, ha tenido la virtud de emocionar al universo de los blancos, traspasando la barrera de lo particular a lo universal. Porque universales son los sentimientos de odio, amor, superación e injusticia que se ven en el film, y que afortunadamente, no entienden de barreras raciales. Como por ejemplo, la soterrada historia de amor entre madre e hija, que apenas deja traslucir la violencia con la que su madre Mo’Nique trata a su hija (Precious).
Pero la película de Lee Daniels, tiene otros puntos a su favor, como es el de presentarnos a una protagonista que se encuentra cómoda dentro de un gran cuerpo que representa el antimodelo femenino actual, y en donde sus sueños se traducen en deseos como el de tener un novio o cantar una canción, y no en el de poseer una esbelta figura.
Dentro del elenco de actores, hay que destacar por supuesto a Mo’Nique, que con su actuación en general a lo largo de toda la película, y en concreto en la última, es una clara candidata al Oscar. Escena, en la que por cierto, también sobresale una desconocida María Carey, a la que es muy difícil reconocer en su papel de asistente social.
Al igual que Slumdog Millionaire fue la gran tapada de la ceremonia de los Oscar la pasada edición, Precious cumple este año ese papel entre las dos grandes favoritas Avatar y En tierra hostil.
¡Suerte!

Bajo el paraguas protector del Festival Ellas Crean 2010, Najwa Nimri ha presentado en la Sala Galileo Galilei de Madrid su último trabajo: El Último Primate, lo que supone un cambio de rumbo en su ya dilata carrera musical. En esta ocasión, abandona la música electrónica, para adentrarse en los terranos del pop oscuro. Trabajo que su discográfica ha definido: “como un animal. Un disco valiente. Su mejor papel. Un desafío”; y en el que además se olvida de cantar en inglés para hacerlo en castellano, un camino que le ha costado recorrer dos años, lo que dice muy a las claras que estamos ante un trabajo meditado.

Un lento y ascendente sonido, fue llenando el escenario de la Sala Galileo Galilei cuando salieron a escena los músicos que acompañan a Nawja (que tardó diez minutos en salir) y que interpretaban un desconocido Siento el diablo en ti, hasta que la voz de tonos graves y susurros de Nimri les acompañó en la ejecución de la canción. Y esa fue la tónica del concierto, temas extensos llenos de matices musicales apenas interrumpidos por el leve susurro de Nimri y que convirtieron la actuación en un espectáculo a medio camino entre el pop oscuro y el rock experimental y progresivo. A los que se les unieron, letras llenas de referencias a su animalario particular de huesos y calaveras, lo que no es de extrañar cuando ella misma define el disco como: “un romance con Lucifer”. Letras extrañas y a la deriva (que Nawja dice que: “siempre buscan reflejar un sentimiento de desapego de lo natural, de la lucha contra el todo y de añoranza de lo simple”) y que van desde el “no sé quién soy” del Déjame pasar o el “pequeñas flores azules corren sobre mi piel” del tema Me tiene que doler.

Nawja inunda el escenario con su sola presencia, a la que apenas acompaña con leves movimientos arrítmicos de su cuerpo, y unos pasionales giros de su cabeza, manteniendo el tipo con su particular cigarrillo en una mano y el micrófono en la otra, lo que le permite encogerse dentro del minúsculo escenario cuando sus compañeros Alfonso, Javi, Borja e Iván interpretan sus sonidos delirantes en unos temas claramente extendidos en su parte musical, y en los que ellos ponen en práctica todas sus dotes interpretativas.

No obstante, los mejores momentos del concierto, se vivieron con temas como su single El Último Primate, Como un animal o Dirás la verdad, canciones más cercanas a ritmos pop más convencionales, y en donde Nawja acopla mejor su voz (ella misma se confiesa asustada ante la acogida que tendrá su interpretación en castellano) y que alguien me sugiere que tiene toques a la cantante islandesa Björk.

El final del concierto no podía ser otro que con su amigo Carlos Jean guitarra en mano en el escenario, interpretando uno de los temas que han compuesto juntos (¿Crime?), y que ya en inglés, nos mostraron a una cantante con una voz más potente y llena de energía, a la que se unieron sus grandes dosis interpretativas fusionadas con gestos de complicidad con el público, lo que despeja las dudas que su último álbum nos ha dejado.

 

Entre los meandros de un caudaloso y amplio río Támesis, se alza el O2, gigantesca carpa que parece suspendida en el aire y sustentada por unos pilares metálicos infinitos que a modo de grúas se funden con el cielo (lo que le convierten en una de las panorámicas más futuristas de la ciudad de Londres). El O2 se encuentra a medio camino entre el City Airpot y Greenwich, sin duda, un magnífico escenario en el que el pasado 21 de diciembre Los Chicos de la Tienda de Animales (Pet Shop Boys) ofrecieron un concierto ante 20.000 personas cerrando su gira Pandemonium y que ahora se edita como CD+DVD. En él, se incluyen 17 canciones producidas por David Barnard y mezcladas por Stuart Price, pero además, Neil Tennant y Chris Lowe nos regalan tres videoclips: Love, etc; Did you see me coming? y All over the world, más su actuación en los British Awards, en la que compartieron escenario con Lady Gaga y Brandon Flowers de The Killers.
Pet Shop Boys representan la cúpula dorada del hedonismo musical a nivel mundial. Son autores de grandes canciones y ritmos capaces de situarte más allá de donde te encuentres, para desplazarte a tu particular pista de baile. Sonidos electrónicos compactos y contundentes, que consiguen hacerte llegar a lo mejor de uno mismo. En este caso, el Pandemonium Tour estaba estructurado en una potente y sencilla carga visual de objetos geométricos como son los cubos y los colores primarios (a juego con las sencillas formas cúbicas). La escasez de movimientos tanto de Neil Tenant como de Chris Lowe, contrasta siempre con el espacio milimétricamente adaptado para los bailarines que les acompañan, y ese juego de luces que llenan el escenario de unas grandes dosis de magnetisnmo, lo que completan con las imágenes de las pantallas que les acompañan.
A resaltar ese bombazo de canción que es uno de los singles de su anterior CD Yes, y que lleva por título Did you see me coming?, o esa versión del éxito de Coldplay ¡Viva la Vida!
Seguiremos disfrutando de su música.
¡Gracias, Pet Shop Boys!

LA DOLCE VITA

[18 Febrero 2010]

La primera escena de la película nos muestra a dos helicópteros sobrevolando el extrarradio de Roma. A medida que el objetivo de la cámara nos los acerca, podemos ver que sobre uno de ellos cuelga una imagen de Jesús, que dado el carácter simbolista de esta película, podemos intuir que en el ánimo de Fellini está el mostrarnos la distancia existente entre lo trascendete (la imagen) y lo terrenal (los edificios sobre los que vuela). Además, al incluir en uno de esos helicópteros a Marcello y Paparazzo (periodista de la crónica social interpertado por Marcello Mastroianni, y el fotógrafo interpretado por Walter Santesso) deja perfectamente marcada la distancia entre la vida de los que salen en las revistas, y la de aquellos que todavía soportan los últimos coletazos de la postguerra. Matiz que Fellini deja traslucir también, en la desnudez de los pisos que salen en el film, en contraposición con los palacios de la aristocracia romana.

No obstante, la multiplicidad de personajes y escenas que se desarrollan a lo largo de la película (carente de una estructura formal en cuanto a la narración de los hechos) nos permite hablar también de la incomunicación entre los personajes, arquetipos en algunas ocasiones de personas herméticas que cuando se dirigen a los demás, lo que relamente hacen es hablarse a sí mismos (como por ejemplo el personaje de la rica aristócrata interpretada por Anouk Aimée, o el intelectual Steiner al que da vida Alain Curry).

Pero el hilo conductor de todos los personajes es Marcello (Marcello Mastroianni) que gracias a su particular forma de vida, nos muestra la doble cara de la moneda que representa la ciudadanía de Roma en el año de 1960. Por un parte, existe una realidad descarnada, social, creyente y beata, que se va abriendo camino ante el inminente boom económico de los años sesenta; y por otra, existe la noche romana, con sus peculiares y a veces curiosos personajes, lo que le permite a Fellini rodar en dos planos distintos en cuanto a la gama cromática de blancos y negros, que sin duda alcanzan grandes dosis de belleza fotográfica en la celebérrima escena de la Fontana de Trevi y en ese no beso entre Marcello y Silvia (Anita Ekberg).

La Dolce Vita fue distinguida con la Palnma de Oro del Festival de Cannes en su edición de 1960 y con cuatro Oscar al año siguiente (1961), siendo también nominada como mejor película extranjera en esa edición.

Asimismo, desde el 17 de febrero y hasta el 13 de junio, se está exhibiendo en el CaixaForum de Barcelona la exposición que lleva por título “El circo de las ilusiones” y que recoge a través de las 400 piezas expuestas, las obsesiones y las fuentes de inspiración del universo felliniano. Viajando posteriormente al CaixaForum de Madrid.

La Dolce Vita, es una excelente película, que nos permite conocer el rico y magmático universo de ese gran creador que fue D. Federico Fellinni.

Los latidos de las vidas de Marina, Julius y Danielle permanecen ajenos al transcurso de la Historia del Universo. Un lugar, cuyo epicentro se encuentra en la ciudad de Nueva York, totem o becerro de oro al que todos sus habitantes adoran. Pero un día, dos aviones se estrellan contra las Torres Gemelas, y ese latido se para y cambia su cadencia, al igual que sus vidas, que ya no volverán a ser las mismas.
Los Hijos del Emperador representa las alegrías y miserias, así como, los proyectos y deseos de una generación de jóvenes norteamericanos que han crecido bajo la coraza protectora del boom de la sociedad capitalista (un mundo sin responsabilidades al viejo estilo). Gente bien (WASP) que ha tenido que combatir únicamente a sus miserias interiores, y que en nada son parecidas a las miserias externas ajenas a sus vidas. Claire Messud nos muestra una radiografía de una generación que no estaba preparada para los atentados del 11-S, aunque cabe decir que ¿quién lo estaba?
La literatura norteamericana de finales del siglo XX tampoco fue ajena a los retratos generacionales que nos muestran el lado oscuro de una generación de jóvenes que al poco tiempo serán los responsables de llevar el mando del país y por ende del resto del Planeta. En este sentido, Jay McInerney ya lo hizo en 1984 con su primera novela Luces de Neón y las réplicas posteriores: La Historia de mi Vida (1986) y El Último de los Savage (1996). Del mismo modo, Breston Ellis plasmó la desfragmentación generacional en su famosa Menos que Cero (1985) al ritmo de fiestas y drogas adornadas bajo la banda sonora de la música electrónica de New Order, cuya secuela más aclamada fue su archiconocida American Psycho. Pero ellos no fueron los únicos, en aquella época, los jóvenes talentos literarios norteamericanos se mostraban implacables con la sociedad en la que estaban viviendo y Douglas Coupland aún nos deleitó con su Generación X (1991), novela plagada de letreros, dibujos y cómics, que dejó bien a las claras que ya nada volvería a ser lo que era, y de paso, sirvió a los medios de comunicación para reconocer a todo una generación con la famosa X postrera que la calificaba. De todas estas proclamas, España recibió sus ecos a través de la famosa Historias del Kronen (1994) por la José Ángel Mañas recibió el Premio Nadal de ese año, aunque cabe calificar su intento como muy descafeinado en comparación con el de sus colegas americanos, tanto en la forma como en el fondo.
Entonces cabe preguntarse, ¿qué hay de distinto en la novela de Messud? Sin duda un ritmo más calmado y un aparente tono más ligero, que le sirven a la escritora norteamericana de ascendencia canadiense y argelina, para retratar una época y una sociedad imbuida en sí misma y enclaustrada en una profunda metamorfosis interna. Dentro de este microuniverso Messud consigue retratar magistralmente el semblante de unos personajes perfectamente creíbles y cercanos a cualquiera de nosotros, dotandoa cada uno de ellos de unas características individuales que los sitúan perfectamente dentro del gran conjunto que es la sociedad neoyorkina.
La mayor virtud de Messud, está en mantener el hálito de los personajes y el interés de la historia a través de las más de cuatrocientas páginas que componen la novela. Una novela, que en el año 2006 fue nominada al Man Booker Prize y catalogada como uno de los diez mejores libros del 2006 por el New York Times, parabienes que no son ajenos a la carrera literaria de Messud, que ya con su primera novela (When the world steady) fue finalista del PEN/Faulkner.
Ambiciosa e interesante novela.

Sobre civiNova

Revista, red social, editorial, creación y hosting de webs culturales.

Twitter

    Photos

    flickrRSS aún no tiene imágenes que enviar