The Artist supone volver a la conjura de las imágenes; a transitar por las historias sencillas que no por repetidas, te dejan de remover el corazón. También es acudir a la elegancia de una música que se adapta como un guante perfecto al relato de los hechos y a ese aura que poseían los estudios cinematográficos en los glamurosos años veinte. Un lugar donde todo era posible, desde el mayor de los triunfos al más sonado de los fracasos. En este film se unen, la sencillez y una capacidad de ensoñación que te envuelve en los límites del deseo y en la fuerza de los sueños para instalarte en una historia que no es la tuya, pero que no nos importa, porque lo que las imágenes nos muestran nos atrapa más allá de la ausencia de sonidos. The Artist es todo una sucesión de nuevas sensaciones, como si estuviéramos redescubriendo aquello que habíamos perdido, pero que nada más verlo sabemos que es nuestro y que siempre nos ha pertenecido, porque The Artist es la génesis de nuestro imaginario colectivo y el regreso a la esencia del cine, a los Lumière, a Chaplin… Leer más…The Artist: el regreso a la esencia del cine.
The Artist supone volver a la conjura de las imágenes; a transitar por las historias sencillas que no por repetidas, te dejan de remover el corazón. También es acudir a la elegancia de una música que se adapta como un guante perfecto al relato de los hechos y a ese aura que poseían los estudios cinematográficos en los glamurosos años veinte. Un lugar donde todo era posible, desde el mayor de los triunfos al más sonado de los fracasos. En este film se unen, la sencillez y una capacidad de ensoñación que te envuelve en los límites del deseo y en la fuerza de los sueños para instalarte en una historia que no es la tuya, pero que no nos importa, porque lo que las imágenes nos muestran nos atrapa más allá de la ausencia de sonidos. The Artist es todo una sucesión de nuevas sensaciones, como si estuviéramos redescubriendo aquello que habíamos perdido, pero que nada más verlo sabemos que es nuestro y que siempre nos ha pertenecido, porque The Artist es la génesis de nuestro imaginario colectivo y el regreso a la esencia del cine, a los Lumière, a Chaplin… Leer más…El tiempo y los Conway: la trilogía del tiempo (pasado, presente y futuro) a escena.
¿Qué es la vida?, o ¿qué es el tiempo? La vida como resultado final de la responsabilidad de nuestros actos y acciones. El paso del tiempo como un bucle asesino que nos descabeza las esperanzas. El tiempo y los Conway es todo esto y mucho más, porque su decadencia te conmueve, sus sueños rotos te rasgan por dentro, y la teoría de Dunne sobre el tiempo te fascina. En definitiva, “el tiempo como chivo expiatorio de nuestros fracasos, miserias…” En esta obra de teatro, el presente se da de bruces con el falso espejismo del futuro; un futuro que no es cualquier cosa, porque es el reflejo de todos nuestros sueños… de una vida soñada a la que cada uno de nosotros es incapaz de renunciar, porque sabemos que renunciar es morir. La vida atrapada en la jaula de la teoría temporal de Dunne. Una teoría del tiempo en la que no sólo Priestley cayó para no volver jamás a salir de ella, sino que escritores como Borges, también expiaron en alguna de sus obras. Como dice el maestro Javier Villán en el diario EL Mundo “el tiempo no pasa; es en todo caso, el eterno retorno”.
¿Paraíso?, el paraíso puede irse a la mierda. Esta es una de las contundentes frases con las que se inicia el film con la voz en off de este magistral actor y comediante llamado George Clooney. Desterrados de la idea de felicidad, tal y como nos la habían contado una y mil veces, en tiempos de crisis como los que vivimos se nos invitaba a mirar y valorar “todo” desde otro punto de vista. Este desnortado objetivo nos deja sin rumbo… a la deriva; y eso es lo que le ocurre a Matt King (George Clooney), que inmune a las caricias de lo que llamamos paraíso, se ve obligado a buscar un nuevo sentido a la vida cuando su mujer sufre un accidente y “todo” deja de ser como él lo tenía estructurado. Una vez más, el acierto de Alexander Payne se encuentra en ese equilibrio de tragicomedia con el que nos presenta sus películas. La vida es una tragedia con unas pocas dosis de humor ha declarado el guionista y director cuando ha presentado este film; y no parece faltarle razón, tal y como transcurre la acción de Los Descendientes, donde los desengaños a los grandes principios que rigen nuestras vidas, se salpican de pequeños rayos de luz donde la sonrisa se hace un hueco.Proust. Los salones y la vida de París
Prólogo de Luis Antonio de Villena.
Traducción deEduardo Caballero Calderón.
Ediciones Espuela de Plata. Sevilla, 2011.
Con prólogo de Luis Antonio de Villena, Espuela de Plata recoge en un volumen los artículos juveniles de un Proust diletante que pasea su mirada y su palabra por los salones de la alta sociedad parisina en el Faubourg Saint-Germain. Muchos de los ambientes y de los personajes que reflejó en estas crónicas de sociedad pasarían a formar parte de la serie En busca del tiempo perdido. El tiempo crepuscular, la memoria de la infancia, el refinamiento decadente recorren estos textos delicados y evocadores que prefiguran el mundo de Guermantes y reflejan su alma, algo fantástico, melancólico y acariciante, como una frase de Schumann.
The Gift en el Teatro Lara: la brillante consecución de un ambicioso proyecto musical
Refugiados bajo la íntima penumbra del Teatro Lara y de las melancólicas y oscuras notas de Black (una de las mejores canciones de su último disco), The Gift nos demostraron una vez más que no son un grupo al uso, pues su consistencia es la brillante consecución de un ambicioso proyecto musical que va más allá de las modas, y que está sustentado en la genialidad de ese gran músico llamado Nuno Gonçalves y la voz de la diva de la canción portuguesa más internacional llamada Sónia Tavares, que allende de los fados, transforma las canciones en una deliciosa secuencia de imágenes imborrables. Nada más escuchar este Primavera, y tal y como comenté en la página oficial del grupo en Facebook, la primera sensación que me recorrió el cuerpo fue la de estar escuchando una sinfonía que muy bien podría haber salido de la mezcla entre Claude Debussy y The Art of Noise, un experimento que el grupo conceptual inglés ya realizó en el año 1999 con trece magníficas canciones. Anotaciones al margen aparte, tras Black, caímos hipnotizados por el poder de la música de un ensimismado Nuno ante su piano, pero que tras La terraza, Open window y Sehnsucht, despertó con la primera anécdota de la noche en el transcurso de Meaning of life (¡qué gran canción!), y que tuvieron que volver a iniciar, porque al propio Nuno no le convencía su ejecución. Preparado o no, lo cierto es que el incidente consiguió romper el hielo de la penumbra que había en el Teatro Lara (extraordinario lugar para oír Primavera) y logró transmitir todas las buenas sensaciones del escenario al patio de butacas.





