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La ciudad de la cultura

ISSN 1989 - 5658
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La Fundación Francisco Umbral cerró el pasado 14 de diciembre un ciclo de tertulias celebradas en el Café Gijón de Madrid, bajo el título de “Umbral: Vida y Obra” y que se cerró con la tertulia “Magisterio sobre las nuevas Generaciones”.

Más allá de lo que allí se dijo sobre la vida y obra de D. Francisco Umbral y que desde un punto de vista academicista nos resaltó el periodista malagueño Jesús Nieto y al que el periodista del diario El Mundo Antonio Lucas vinculó a su faceta periodística y poética declarándose deudor de la obra y estilo umbraliano, cabe destacar aquí, la intervención de Gonzalo Santonja, no por las alabanzas y el cuidadoso estudio que atesora sobre la obra de Umbral, sino por las frases sueltas que a modo de preguntas al aire dejó caer en su intervención, lo que sin duda nos invitó a parte de los que allí estábamos congregados a anotar en nuestras libretas o folios en blanco el magisterio de su verbo. Entre las muchas cosas que dijo, habría que resaltar en primer lugar, sin duda, su acotación sobre la literatura a la que comparó con un espejo y no con una puerta, ya que la literatura tiene el don natural de reflejar aquello que se ve y no el de traspasarlo, y que como muy bien apuntó Santonja, Francisco Umbral cumplió con creces, pues se trata de un escritor que define a las cosas por su esencia y no como son.

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Alma, corazón y vida (como decía la vieja canción) sirven para identificar a esta heroína del sufrimiento poético que combinó como nadie la fusión entre vida y arte como claras reminiscencias del romanticismo más puro y exacerbado, que como muy bien dice Ana María Foix en Un espíritu prisionero (Círculo de Lectores-Galaxia Gutemberg, 1999) “Tsvietáieva constituyó una auténtica manera de ser, de sentir, de pensar y de morir, absolutamente incontaminada por ningún tipo de impostura”.

Su poesía es una poesía sin límites, como su forma de entender la vida, que se desplazaba más allá de las convulsiones políticas que le tocó vivir, para situarse en el territorio de los grandes sentimientos humanos: lealtad, pureza, dignidad, que como muy bien nos apunta José Luis Reina Palazón en el magistral prólogo que antecede a esta antología: “su posición a lo largo de su vida no se basa en ideas políticas sino en un sentimiento moral que le lleva siempre a estar de parte de los derrotados o de los leales a una fe imposible, que en palabras de la propia poeta queda como sigue: la política es una abominación evidente, de la que no se puede esperar otra cosa. ¿Tener una ética y entrar en política?” Lo que nos indica cómo fue toda su vida, una búsqueda de la mayor de las purezas, de aquello que era más sublime, porque Marina no se conformaba con todo aquello que se conformaban los demás. Insatisfacción vital sumergida en la necesidad de la escritura en forma de poesía donde poder construir un mundo a su medida, un mundo que se pareciera algo más a sus sueños. De ahí, nace lo que podíamos denominar como La poesía como sueño. Un viaje cargado de grandes ideales exentos de unas referencias que no fueran las suyas, alejada de modas y autores. En este sentido, J. L Reina muy acertadamente nos apunta que: “para Tsvietáieva la palabra no sólo sustituye al mundo exterior, sino que es el mundo en sí y que el mundo externo es sólo el motivo, real pero débil, de la creación de lo verdadero. Ella nos diría que la palabra es más objeto que el objeto mismo: es ella misma objeto, que sólo es un signo. Nombrar quiere decir objetivas, no representar”.
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Travesuras de la niña pija

[12 Enero 2011]

Pero qué decir de María, obsesionada de moda, condicionada de trapos, quien, en el fondo, lo apreciaba aun intentando asumir qué extraño azar los había unido en esa amistad no exenta de tensión física. María estudiaba algo de Veterinaria, o de Empresariales, o  de químicas o de Ciencias, no recordaba Bernardo, y procedía de un pueblo alto e interior del Sur. Antequera o Campillos.  Quizá proviniese de esas familias de ganaderos o de boticarios de cabeza de partido, venidos a menos pero que aún mantienen una altivez en la mirada, un gesto distinguido y vagamente arrogante que les diferencia del maremagno palurdo del casino, la plaza mayor y el mercado del pueblo. A María le atosigaban los torreones de su pueblo, grande y agrícola, y había encontrado en la villa universitaria algo así como un París en miniatura, un ansia de cosmopolitismo barato que, no obstante, le parecía una metrópoli en comparación a su pueblo, pleno de amaneceres neblinosos con el aroma menestral de la mierda. María apreciaba a Bernardo, la verdad. Ambos se querían en la difusa normalidad de una amistad heterosexual, y quizá en ellos los silencios, la nada verbalizada, tuviesen más sentido que sus conversaciones, que eran intrascendentes las más veces y tenían el aroma del bisbiseo de peluquería.

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¿Dónde nos habíamos metido en el año 2008? pues debía ser en un lugar muy recóndito o en la cueva más profunda de la Tierra, porque ese año Cyan editó su primer trabajo homónimo y parece que nadie se enteró. Si el 2009 fue el año de Second, el 2010 el año de Nadadora, el 2011 no nos cabe ninguna duda que será por fin el año definitivo de Cyan, un grupo con personalidad propia y grandes canciones a medo tempo llenas de intensidad como su primer single El Sabor del Segundos o la impagable Viajes Imposibles como exponentes de la buena música que este grupo barcelonés es capaz de realizar. Sónidos únicos que nos llevan a viaje imposibles a través de la personalísima forma de interpretar de Javi Fernández (todo un descubrimiento) que a la vez que canta, toca la guitarra y el piano, por lo que se le ha comparado ya en alguna ocasión con el líder de Coldplay, Chris Martin. Si Xavi hubiese nacido en una favela brasileña ahora mismo sería el Balón de Oro del año 2010, y si Javi Fernández lo hubiese hecho en Arkansas, Paul Banks (cantante de Interpol) se le quedaría corto a la hora de competir en los Premios Grammy.

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Las melodías de las canciones de La Familia vienen cargadas de acordes cuya resonancia es capaz de llevarnos hasta los años sesenta, y a las que las letras y la voz de Santi Araújo son capaces de rellenar de una sencillez y una melancólica ingenuidad que poco a poco te desplazan en el viaje sonoro que La Familia nos propone en su último trabajo Esto es normal.

Una y otra vez, los grupos españoles van creciendo en su capacidad de expresar con sus canciones enigmas que antes parecían sólo al alcance de los grupos extranjeros, y La Familia ya deja muestras de su capacidad de demostrarnos que son capaces de gobernar sus intenciones a la hora de crear sonidos y ambientes en la canción que abre su último cd Polo Norte, vigorosa y directa a partes iguales, y en la que Santi Araújo ya nos encadila con su tono personal de voz y en la forma de interpretar sus propias composiciones, y que junto a temas como Miénteme, Que puedo perder y Ya no estás forman un conjunto de canciones más rítmicas y descaradamente pop con tintes guitarreros muy de los grupos ingleses de los ochenta, y a los que La Familia, incluso se atreven a mezclar con sonidos étnicos africanos en el final de Polo Norte, un toque muy a lo Peter Gabriel y su épica sonora, como ejemplo de fusión y mezclas de sonidos de ayer y de hoy: “y en el Polo Norte puede ser la hora que tú quieras elegir, y en el Polo Norte pueden ser las noches días y los días noches y olvidar el orden que me dice que esto es normal ¿es normal?”.

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