Rodrigo Sánchez es el culpable, de que una buena parte de las personas que no son lectoras del diario El Mundo, al menos se hayan acercado a este grupo editorial, a través de su publicación de fin de semana La Luna de Metropoli. Y la razón de ello, no es otra que el poder inmanente de sus portadas. Todas ellas, son pequeños iconos de las múltiples realidades artísticas que han ido tomando vida en la ciudad de Madrid a lo largo de los últimos veinte años, y que le han valido a este Licenciado en Periodismo por la UCM de Madrid, para ser galardonado dos veces consecutivas con el premio, “Best of Show de la SND Society of News Design”, considerado el Pulitzer del diseño.Colección Metropoli: cuando el diseño se convierte en arte
Rodrigo Sánchez es el culpable, de que una buena parte de las personas que no son lectoras del diario El Mundo, al menos se hayan acercado a este grupo editorial, a través de su publicación de fin de semana La Luna de Metropoli. Y la razón de ello, no es otra que el poder inmanente de sus portadas. Todas ellas, son pequeños iconos de las múltiples realidades artísticas que han ido tomando vida en la ciudad de Madrid a lo largo de los últimos veinte años, y que le han valido a este Licenciado en Periodismo por la UCM de Madrid, para ser galardonado dos veces consecutivas con el premio, “Best of Show de la SND Society of News Design”, considerado el Pulitzer del diseño.Abogado de Oficio
Soy abogado del turno de oficio, pero la mayoría de las veces me parezco más a un penitente que lleva un cirio entre las manos. Mi situación es tan caótica que últimamente paso más tiempo haciéndole recados a mi novia, que atendiendo a pobres desamparados que no tienen para pagarse un leguleyo en condiciones. Ellos siempre me dicen que son gajes del oficio, pero yo pienso que lo mío sí es una faena, porque si supieran que ando todo el día de aquí para allá como castigo por no aprobar las oposiciones a Abogado del Estado que ella tan brillantemente ha sacado, dejarían de confiar en mí al instante. Pero nunca pierdo la esperanza, y siempre estoy atento a cualquier señal que el destino me envía para que mi mala fortuna actual cambie de repente. Por ejemplo, ahora que me dirijo a la administración de loterías más cercana con el boleto de la primitiva que hace unos días ella me mandó sellar, pienso en qué haría si nuestro boleto tuviese los seis aciertos. Aunque ésta es una costumbre que adoptamos mientras éramos unos pobres opositores, y en ella sólo cabían acciones cargadas de buenos proyectos para nuestro próximo futuro en común, últimamente desde que mi status ha ido perdiendo peso ante su meloso protagonismo, cada vez que voy a hacer el humillante recado de comprobar cómo la fortuna a mí todavía me resulta esquiva, no puedo reprimir hacer un pacto con mi imaginación y otro con el diablo. Con la primera, me alío para escuchar que el boleto tiene seis aciertos; y con el segundo, imagino la cara de una joven y prometedora Abogada del Estado, cuando al sentirse estafada tiene que dictar una orden de busca y captura contra su novio, consciente de que ni sus armas jurídicas ni sus armas de mujer, han sido suficientes para que yo siga permaneciendo a su lado.
Angelology (Danielle Trussoni)
La campaña de publicida
d que lo precedió ha vendido Angelology y el fenómeno de los ángeles como el nuevo (y sospechoso) boom editorial, algo así como los herederos de los pseudovampiros adolescentes, que harían revolverse en su tumba al mismo conde Drácula o a su creador Bram Stoker, que en los últimos años han invadido librerías y salas de cine por igual. Como buen aficionado al género, los vampiros de nuevo cuño de la saga Crepúsculo me parecen cuanto menos innobles y los considero cercanos al sacrilegio, pero esa es mi opinión claro está; en cuanto a los angeles de Angelology… pues ni fu ni fa, ni chicha ni limoná que diría mi abuela.
Danielle Trussoni ha escrito un libro para y por el marketing y las ventas, leí en alguna parte que los derechos de la película ya estaban vendidos y el proyecto en marcha, y eso se nota… para mal. Al libro le falta sustancia, cuerpo, alma. Es un thriller precocinado, con fórmulas ya conocidas que no funcionan y que, básicamente no aporta nada de nada. En literatura dos y dos no son cuatro y este Angelology: el Libro de las generaciones, primero de una supuesta trilogía (dios nos libre) no acaba de funcionar. Cuando lo compré no esperaba nada especial, simplemente (que no es poco) entretenerme, algo de acción, intriga… en definitiva un libro que me enganchara con una trama audaz, viva, intensa y adictiva, de esos que no pasan a los anales de la literatura pero que te hacen pasar un buen rato. No he llegado a aburrirme con él, pero desde luego que no he disfrutado tampoco. Las páginas pasan y no pasa nada, los momentos que debieran ser emocionantes y/o espectaculares se desvanecen como azucarillos en una taza y ni ángeles ni nefilim ni nada… el libro es blando e insulso.
La trama parte de la base de la existencia de los Nefilim, los supuestos descendientes de la relación entre algunos ángeles y las primeras mujeres humanas, que secretamente han venido dominando a la humanidad provocando guerras, crisis y manejando los hilos a su antojo (como no, las atrocidades nazis… culpa de los Nefilim… ya huele esto de meter a los nazis hasta en la sopa). Frente a ellos, los angelólogos, una sociedad secreta, un grupo de expertos en las criaturas angelicales y en todo lo celestial. Vamos, el bien contra el mal. Lo dicho, nada nuevo.
Conclusión: Angelology (no sé por que no lo traducen como Angelología, supongo que por que en inglés todo queda más chic) es un libro del montón, de esos que encontramos doscientos en la estantería de turno de cualquier librería comercial. Personalmente no se lo puedo recomendar a nadie por soso, por que no dice nada y por que no llega ni a aburrir y te lo tienes que tragar entero. Suspenso para los angeles.
África, en la otra orilla
La fotografía ha venido a consolidarse como el arte del nuevo milenio. Eliminada la complejidad de la técnica, la poética de la mirada, la lírica del objetivo y el instante, se revelan como las bases de un medio de expresión complejo y multiforme. Del paisaje al intimismo, o de la gran angular al zoom detallista, un abanico de imágenes dan corporeidad a un arte que, no ha de olvidarse, tiene también un fuerte componente de testimonio como atestigua el fotoperiodismo, del que España es un gran exportador de talentos, como JL García García.
El libro “Africa, en la otra orilla“, promovido y editado por la asociación Bushara, ya está en la calle. Se trata de un libro de fotografía del autor Jose Luis García García (Granada, 1964) con las aportaciones literarias de Salvador Lopez Becerra, Gema Martínez García y Victor Vázquez Aybar, entre otros, y la participación estelar de la cantante Luz Casal y el jugador de baloncesto de la NBA, Nate Robinson que se han sumado a la ilusión puesta en el proyecto de construir una escuela en Maradi (Níger) al que irán destinados íntegros los beneficios derivados de la venta del libro, cuya compra recomendamos encarecidamente por tantos motivos.
Julian Opie en el IVAM
Julian Opie es de los que piensan que el arte no se limita a los márgenes de un cuadro, para este artista inglés el arte no tiene límites como muy bien plasma en su exposición de Valencia, y no sólo eso, sino que parte del axioma que el arte forma parte de nuestras vidas, sobre todo, Opie nos intenta llamar la atención sobre lo cotidiano del ser humano y su traslación al mundo de la creación.
En la exposición que ha permanecido en el IVAM hasta el pasado 18 de julio (ante la gran afluencia de público se ha prorrogado hasta el 22 de agosto) y que él ha dividido en tres partes: caminar, relatos y baile (o capítulos como él los llama) es un estudio sobre el movimiento. Un recorrido al que cada uno puede darle un significado, pero al que Julian Opie ha dedicado mucho tiempo, porque piensa que nuestras vidas se componen en gran parte de movimientos de los seres anónimos que cada uno representamos, y esta fijación es la que le ha servido a Opie para llamar nuestra atención sobre su arte y composición.





