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La ciudad de la cultura

ISSN 1989 - 5658
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978841683031-e1482941090971«La cura para todo es siempre agua salada: el sudor, las lágrimas, el mar». En esta frase atribuida a la protagonista de El bolso de Blixen, y que a modo de corolario está impresa en la contraportada del nuevo librito de Nórdica Libros, ya se nos revela la esencia de la escritora danesa y la última intención que, tanto de Jesús Marchamalo como de Antonio Santos, han tenido a la hora de retratar el espíritu de este alma indómita que representa Karen Blixen Isak Dinesen para el mundo de la literatura—. El agua salada del sudor como recompensa al esfuerzo, el agua salada de las lágrimas como expresión sanadora del dolor, y el agua salada del mar como metáfora de la libertad, reúnen en sí mismas, y cada una de ellas de una forma determinante y sintetizadora, la entidad de una mujer que nunca renunció a su estigma de mujer entre hombres, de mujer luchadora o de mujer con un fuerte temperamento tanto para la vida como para el amor. Y que, como no podía ser de otra manera, ha sido identificada por Jesús Marchamalo junto a ese gigantesco bolso —en comparación con su enjuta figura alimentada sólo a base de ostras y champán—, que lució al lado de Marilyn Monroe en su gira norteamericana.

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Portada23Editorial
Lola Buendía Directora de TERRAL www.revistaterral.com
LA LECTURA EN CRISIS

Empieza el año 2017 y volvemos a escuchar cuestiones parecidas a las de otros años:

Hay más escritores que lectores. Los españoles leen poco o nada. Las editoriales se quejan; las librerías se ven obligadas a cerrar; a las bibliotecas les han recortado los fondos…Es urgente un plan para el fomento de la lectura…

Según el CIS el 39,4% de los españoles no leyó ningún libro en 2015. Y el 35% no lee nunca o casi nunca. De nuevo las estadísticas no me aclaran mucho. ¿A qué tipo de lectura se refieren? ¿Cuál es el perfil del lector que lee? ¿Dónde se lee más? ¿En qué tramo de edad se realizó la encuesta? ¿Se evalúa en ellas la lectura digital, y cómo?

Que España no es país de lectores, es un hecho recurrente. Sin embargo, hay un exceso de publicaciones tanto en papel como en digital. Pequeños editores se han lanzado a publicar reduciendo el coste de los libros. Con la aparición del ebook, los soportes digitales, las tabletas…, se ha resentido el papel, y las grandes empresas se adueñaron del mercado. Algunas librerías se vieron arrastradas al cierre y muchos artesanos del libro tienen que empaquetar sus herramientas.

El perfil del lector joven ha cambiado y ya no se interesa tanto por la narrativa tradicional en soporte papel y se inclina por el digital. Otro factor es el auge de la narrativa transmedia que se mueve en varios formatos a la vez: comic, series, novela gráfica, libros, tabletas digitales, internet, móvil…, donde los lectores pueden interactuar, amenazando al sector de las librerías y editores al uso, si no se adaptan a las nuevas tecnologías.

Si observamos, veremos que hoy la secuencia del márquetin comercial para captar interés y audiencia suele ser: serie televisiva – gancho publicitario  libro – cómic – formato digital – descargas en internet… De nuevo la imagen echando un pulso a la lectura, o quizás sirviendo de acicate a potenciales lectores. Varios ejemplos recientes los ilustran: Harry Potter, Juego de tronos, El señor de los anillos…han propiciado que las librerías y los editores vendieran libros como nunca.

Otro año más vuelve a elaborarse El plan de fomento de la lectura del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Al parecer, los anteriores no han dado el resultado esperado. Los cinco objetivos generales que contempla El Plan, vuelven a ser tan inconcretos, que me recuerdan a más de lo mismo.

En los medios informativos vuelve a repetirse el mismo mantra de todos los  años: hay que emplear más recursos, dar más horas de lectura en las aulas, ofrecer más visibilidad al libro, que Rajoy y los líderes políticos aparezcan con un libro en la mano, dotar mejor a las bibliotecas…

En las bibliotecas de mi entorno lo que sobran son libros y se difunde la lectura en diversos clubes de lectura. Me consta que también se fomenta en las aulas. Sin embargo, me inclino a pensar que no es solo cuestión de más recursos, sino de cambiar la estrategia y adaptarse a los nuevos intereses y perfiles de los lectores. También es lectura la que se hace a través de los numerosos blogs literarios y culturales, en los que se puede participar, así como en las variadas páginas webs que abarcan un abanico temático amplísimo: arte, literatura, historia, ciencia, informativos…, que han desplazado al libro en papel, siempre amenazado, pero que no desaparecerá para los nostálgicos y amantes de este formato.    Estoy segura que encontrarán el medio de compaginar ambos para que la lectura no desaparezca.
Lola Buendía López– Directora de la Revista Terral – ISSN 2253-9018

xthumb_14831_portadas_big_jpeg_pagespeed_ic_0XjohxxkJHLeer los cuentos de Relatos tempranos es sentir el desprecio nauseabundo que sólo los tuyos te pueden proporcionar y, desde ese averno cruel y sentimental, encaramarnos a una atalaya desde la que poder divisar otro mundo. Un mundo imaginado por un niño que quiso ser escritor a los ochos años (Truman Capote); una determinación que él llevó a cabo enfrentando, a ese abandono materno y paterno, con la necesidad del reconocimiento ajeno; un reconocimiento que el escritor forjó con su inexcusable brillantez, y con la que consiguió burlar (en parte) a la crueldad del destino. Capote lo hizo, refugiándose en lo poético y lo marginal que existe en los paisajes del alma. Esa soledad impuesta por sus progenitores, sobre todo por su madre, le llevó a cimentar un universo de niños y soledades, mujeres negras que asisten a blancos, o tías que no entienden nada de la vida salvo de cocinar, sin olvidarnos de la aridez de una homosexualidad que Capote nunca se preocupó en ocultar. Todos estos ingredientes son la argamasa de la que están construidos los cuentos recopilados en Relatos tempranos; relatos, muchos de ellos, escritos a los catorce, quince o dieciséis años, de ahí, que la primera sorpresa al leerlos, venga por la madurez de la puesta en escena de cada uno de las historias que las albergan y de su resolución, algunos de ellos, puros ejercicios de estilo literario como el titulado Tráfico oeste, una suerte de vuelta atrás en el tiempo que plasma la realidad de una forma trágica e hiriente. En este sentido, Relatos tempranos es la demostración del precoz talento de un escritor que se caracteriza por su limpieza de estilo y por su desmesurada capacidad de colocar cada palabra en el lugar adecuado, y todo ello, como demostración de un genio tan portentoso como temprano, pues esta recopilación da buena muestra de su particular mirada hacia todo aquello que le rodeó: adjetivando la marginalidad y haciendo de ella una cuerda infinita de la que tirar, para traer hacia sí, las vidas de unos personajes que, en su sencillez, Capote transforma en entrañables, igual de entrañable que puede ser la vida de uno mismo, para cada uno de nosotros. Truman Capote excava en la nimiedad más insignificante y le saca un brillo que resplandece hasta hacernos caer embobados con su reflejo, de ahí la brillantez que rodea a los escenarios por los que transitan sus personajes, pues los convierte en los mejores protagonistas posibles de las mejores historias imaginables.

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las-inglesas_-483x720Hay espacios en nuestras vidas que son como cámaras oscuras y vacías, donde no hay más vida que la de unos iconos imaginarios que se difuminan de una forma silenciosa en nuestro interior, sin que por ello, seamos capaces de quitarnos de encima la inadaptación y la desmesura que llevamos pegada al cuerpo desde el triste momento que nos cambia la voz. Tan irreconocible nos resulta a cada unos de nosotros nuestra adolescencia, como irreconocible fue nuestro primer amor o la pérdida de la infancia, porque todo se parece demasiado a tener que salir de esa cámara oscura y vacía en la que nuestros miedos y demonios no son visibles por el resto. Retar al mundo y retarse a uno mismo es una de las mayores tragedias a la que debemos enfrentamos, pues en demasiadas ocasiones ninguno de nosotros se interesa por ese anodino y gigantesco espacio exterior que nos rodea. En este sentido, la adolescencia es la reclamación de ese territorio propio en el que nadie más que uno mismo emite el pasaporte necesario para poder entrar en él. El mundo de un adolescente es una burbuja que, en demasiadas ocasiones, es transparente y frágil como la más fina de las pieles, y es ahí donde el carácter se moldea, y lo que llamamos vida, se nos muestra despiadada, pues no nos tiene en cuenta. Una trágica inadaptación a la que contraponemos una inabarcable desmesura y una hostil rebeldía, con las que huimos de un entorno que no aceptamos, ya que nadie acepta esa conquista de la libertad propia que nos sirve de llanto incomprendido. Muchas de estas circunstancias, a las que un adolescente se enfrenta en su vida, son bajo las que se construyen los relatos de Las inglesas, donde Gonzalo Calcedo, de nuevo, nos da muestra de su maestría como relatista. En lo que podríamos denominar como arquetipos, cada relato nos relata y retrata, el trágico poder al que se enfrenta la frágil adolescencia, y lo hace a través de la evocación de esa etapa vital, rebelde y arisca, frente, por ejemplo, al primer amor de Tesoros (sin duda, el mejor relato de este libro); o a la narración en un ambiente hostil del primer desamor en Saab 900, pasando por el extraordinario retrato de la amistad de Té verde, o la soledad de 3.000 metros obstáculos. Calcedo, en estos relatos, aborda muchas de las aristas de unos jóvenes inadaptados al mundo que les han construido sus padres, pues lo han hecho sin contar con ellos, y que en determinadas ocasiones, comprueban sus peores efectos demasiado pronto, véase si no, el egoísmo adolescente frente a la crisis de Lo que tuvimos (otro de los momentos álgidos de esta recopilación), o la soledad y la pérdida presentes en El castillo de formica, o el sentido de la amistad y la traición de Domando ranas.

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Ultima noche, La_137X220_6EDLos relatos de Salter son como retratos de atardeceres, donde la interposición de los reflejos del sol sobre la proximidad de la noche no hacen otra cosa si no anunciarnos la cercanía de la penumbra, una penumbra que nos lleva a visualizar el fracaso, pero también la desnudez de aquello que nunca llegamos a ser. La fragilidad del éxito, la felicidad o la eterna juventud son el abono con el que los protagonistas de estos relatos siembran sus recuerdos. Recuerdos de otra vida, de otra meta e incluso de otra forma de ser que se quedaron en el camino. Esa cara oculta de la felicidad, en el caso del universo literario de James Salter, nos lleva hasta la traición, la expiación de la culpa y el miedo a cambiar de vida. Como quedó dicho en alguna de las entrevistas que le hicieron, su forma de escribir se asemeja a la de un avión que sobrevuela nuestras vidas. Con frases cortas, cambios de orientación en la historia —que lo acercan al mundo del cine—, y sobre todo, con su magistral manejo de la elipsis, Salter es capaz de crear en pocas páginas toda una vida, o extraer de ella lo que en verdad es importante. Esa presencia de atajos a la hora de afrontar un relato corto, le convierten en un narrador incisivo, cortante y cruel que, sin embargo, el lector agradece pues le sitúa en esa cara menos amable de la existencia humana, ésa que le obliga a replantearse una y otra vez sus puntos de vista y las circunstancias que los rodean. A Salter, al contrario que a Carver, no le hace falta la mano de su editor para dotar a sus relatos de ese fino y cortante filo de una navaja convertida en letras para diseccionar vidas y deseos, sobre todo, deseos, pues en las manos del escritor norteamericano, los deseos son punzones que se te clavan entre las costillas en busca del corazón.

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