civiNova

La ciudad de la cultura

ISSN 1989 - 5658

malagueta-barreanaBarrena Díaz. Málaga, 1984. Pertenece a la nueva oleada de fotógrafos. A medio camino entre la poética y la realidad, entre la abstracción y el reportaje, transmite una estética propia y poderosa.

windowsatnight

Eran ya casi las doce cuando Tim llegó asustado a Inglewood y fue recogido por un agente. Venía corriendo desde Compton, huyendo de aquella masacre. Lo último que recordaba era el cuerpo ensangrentado de su padre y el profundo y amargo llanto de su destrozada madre. Timothy aunque era pequeño, de unos diez años, sabía de los asuntos de su padre, que debía dinero a ese negro al que todos respetaban y temían. Tenía la certeza de que algo así ocurriría, muy a su pesar, todos sus temores se hicieron realidad ese funesto día de febrero.

 

 Pablo Jurado Huéscar

Ilustración del propio autor

Ilustración del propio autor

“La única forma de escapar de una tentación es dejarse arrastrar por ella”, así de rotundo (y de perverso) se mostraba Lord Henry con Dorian, en El retrato de Dorian Gray, una de las obras maestras de Oscar Wilde. Viene esto a colación (acaso traída por los pelos) del moderno y políticamente correcto cacareo generado en los “medios” en torno al denominado cambio climático y las políticas sostenibles.

 

Fabio Rivas  Univ.de Sevilla

Sin embargo, por lo que parece, el cambio climático no es un hecho nuevo, sino que hace tiempo que se estableció entre nosotros con la firme intención de continuar avanzando, sin que, por lo demás, no siempre pongamos mucho de nuestra parte para detenerlo. En este sentido, conceptos como “crecimiento sostenible” –acuñado con la pretensión de fomentar políticas que, de alguna manera, subsanen el castigo que le infligimos a la esfera terrestre, y también, puestos a ser honestos, para excusar y legitimar nuestras actuaciones (pasadas, presentes y futuras), no todas claramente favorecedoras de ese crecimiento sostenible-, han llegado a ser nuestra mejor coraza (a modo de espejo cóncavo-convexo que distorsiona la realidad), pues lo cierto es que, lejos de adoptar una actitud crítica, activa (y activadora) ante este panorama, nos alineamos con cierta facilidad en la consecución de unas supuestas vías de “crecimiento sostenible”, no exentas –todo lo contrario, claro está- de potencial de lucimiento.

 

 

 

 

En efecto, es bien sabido que en los momentos de crisis se agiliza la mente humana y que esa búsqueda de lucimiento y reconocimiento, efecto de una manida, aunque comprensible, actitud narcisista, sólo es el reflejo de la fragilidad de la condición humana.

 

Así que, no hay mal que por bien no venga. Recordemos cómo tras el crack de 1929 llegó la Gran Depresión y con ella una filmografía de una calidad sin parangón, o cómo la pérdida de las últimas colonias españolas en 1898 propició ríos de tinta de manos de algunos de nuestros más ilustres escritores. Pero todo beneficio –conviene recordarlo- viene acompañado de un cierto número de sacrificios, ya sean forzados o, en ocasiones, consensuados –tal y como le aconteció a nuestro protagonista, Dorian Gray, que vendió su alma a cambio de la belleza eterna-. Lo cierto es que, aunque el cambio climático no sea el fruto de un acuerdo y, posiblemente (eso deseamos), sea un fenómeno reversible (quizá sólo un eslabón más de la cadena que conforma el ciclo histórico de la climatología), habrá “algo” que pagar por todo ese lucimiento arquitectónico, con el que los arquitectos pretendemos apuntalar el crecimiento sostenible.

 

En la novela reseñada al principio, pasaban los años y Dorian se mantenía joven y bello, aunque el joven londinense sufría con sus ojos lo que su cuerpo no experimentaba. Su condena fue observar, con el paso del tiempo, como su imagen en el retrato envejecía y como sus pecados manchaban de sangre el cuadro, mientras la primavera de su vida se hacía perenne. Si Dorian, al pactar con el diablo, fue el Fausto del s. XIX, nosotros lo hemos sido del s. XX. Hemos visto día a día las consecuencias de nuestras acciones en el entorno y nos hemos escudado; con sonrisas, puños arriba y un fajo de billetes en el bolsillo; tras nuestra nueva arquitectura “sostenible”, estilo que vende y agrada pero que se contrapone de forma demasiado radical a la única arquitectura que no daña el medioambiente: la que no existe. Es de suponer que, en este s. XXI, entre una y otra vía: la arquitectura “sostenible” y la “no-arquitectura”, seamos capaces de encontrar una tercera vía, sin olvidar que, mientras tanto, habrá que pagar el peaje de tanto lucimiento.

 

De cualquier forma, y a modo de consuelo: tampoco la arquitectura y los arquitectos vamos a tener la culpa ni el remedio de todos los males. Así que, más humildad, menos lucimiento y manos al tajo, si no queremos llegar a la conclusión de que el mundo es una causa perdida y nosotros tenemos la fortuna de ser sus víctimas.

 

Fabio Rivas Zorrilla

 

 

 

 

 

 

esculturapicasso
La nueva exposición del Museo Picasso Málaga, La escultura tardía de Picasso. Mujer. La colección en contexto es parte de la serie que tiene como fin situar histórica y artísticamente obras seleccionadas de los fondos del MPM. La escultura de chapa recortada Mujer (1961), donada por Christine Ruiz-Picasso, es la protagonista de esta nueva muestra que reúne hasta el próximo 30 de agosto cerca de 40 obras realizas por Picasso en diferentes momentos de su vida, como siluetas de papel recortadas cuando era niño, construcciones cubistas o pinturas y esculturas de su última época.
La escultura tardía de Picasso. Mujer. La colección en contexto incluye, además de pinturas y dibujos de diversos períodos de Picasso, tres importantes esculturas de Julio González y un mágico decoupage de Henri Matisse a través de las cuales se estudia el dialogo existente entre la obra de estos dos grandes artistas y Picasso.
La exposición examina, a través de un escogido grupo de obras, el largo proceso creativo que culmina en un nuevo y singular tipo de escultura al final de la vida artística de Picasso. Los orígenes de Mujer y de las otras esculturas de la última época los podemos encontrar en las figuras de papel recortado de su niñez y en las construcciones cubistas de las cuales se deriva. Durante el cubismo formula un nuevo lenguaje que muestra su preocupación sobre conceptos de plano, transparencia y espacio, fundamentales para comprender el contexto creativo de Mujer. Estas preocupaciones están presentes asimismo en las obras realizadas entre los años veinte y cincuenta incluidas en la muestra, las cuales evidencian el largo y complejo proceso creativo que nos conduce a las esculturas de chapa recortada de principios de los años sesenta. Leer más…

Langostinos

[9 Mayo 2009]

Relato extraído del libro Mala Málaga

Noche en el Florida

Noche en el Florida

Caminaba despacio, beodo, las esquinas de la ciudad iban torciéndose hacia el infinito y la cabeza, a cada momento, me daba más vueltas. Así, con el regusto resacoso del vinillo, cada noche volvía a mi casa: un museo de la mugre con vocación de hogar solitario y solterón.
 
Abría la puerta crujiente, y el gato me miraba indiferente en su feliz felinidad. La humedad se descorría por las paredes, y los posters y las litografías de Picasso y Pollock colgaban suspendidas de una humilde chincheta. Por mi hogar del centro de Málaga tiempo hacía que no pasaba nadie; las visitas, escasas, tenían la corporeidad de una factura telefónica impagada o una citación judicial. Hacía más de dos meses que me habían despedido de la revista y la sombra del paro vigilaba mis pulsos.
 
Era un detritus humano que paseaba entre los orines de mi barrio. Aspiraba el fresco de la noche desde el balcón de mi estudio y sólo la fragancia almidonada del rancio llenaba mis pulmones. Marta ya no llamaba, se había llevado su divinidad rubia de nuestro piso y todo tenía ya pinta de fin prematuro. Una rala claridad alopécica se apoderaba de mi cráneo, antes hermoso, la tripa me crecía imparable y deforme, y la barba espesa me clareaba canas anticipando el sol decrépito del fin de los treinta.
 
Me había abandonado Marta. Se había ido con un fotógrafo argentino que la sedujo el día que presentamos mi poemario. Los vi, entre canapés, coqueteando en la amplitud blanca del Ateneo. Yo firmaba libritos de versos, y ellos, edulcorados, componían un cortejo que me espantaba. Allí estaban los dos, dialogando sobre poesía y destinos exóticos; ella con su traje de noche ceñido, bien escotado, y él, porteño y cabrón, sosteniendo la cámara como en una evocación netamente fálica que la sumía, ¡tan bella!, en un rumor de voces e hielos. Para torturarme, el destino alargó el cóctel posterior a la presentación de mi poemario -pudiera ser que póstumo-, y entre las cabezas de los amigos oteé que seguían riéndose, ajenos a mí, en la distancia de espacio y tiempo que precede al sexo prohibido y furtivo.
 
Se reía Marta. El champán regaba cada célula de su cuerpo y ya veía incluso al fotógrafo argentino como un galán de culebrón que la llevaba, en volandas y desnuda, hacia un lecho tropical. Los dos, iluminados por esa felicidad maldita que sólo ven los triunfadores, mantenían una divertida charla que poco a poco iba pasando a los toqueteos nerviosos.
 
Puede ser que la charla en el cóctel se alargara demasiado, y que uno, comprensiblemente enojado, bebiera más de la cuenta. No lo recuerdo. Sin embargo, cuando pienso en esa noche me veo en tercera persona, reventándole la Canon al maldito fotógrafo y con una botella en la mano contemplando, moderadamente feliz, cómo lloraba por su cámara mientras un hilillo de sangre recorría su rostro aniñado.
 
Marta, con la superioridad moral de las putas infieles, me llevó a casa en su coche mientras me juzgaba con los peores adjetivos que el castellano tiene. Dijo que me abandonaría, que el espectáculo que había formado era vergonzoso y que no la volvería a ver. Yo me reía y palpaba su escote mientras el coche se acercaba en el corto paseo al portal de mi casa.
 
Se despidió de mí y quise besarla; saborear por vez última el dulzón perfumado de sus labios. Como en un acto reflejo, abofeteó mi rostro y no pude hacer más que manosear, por última vez, eso sí, un trasero prieto que desaparecía en la nebulosa del deseo y la historia.
 
Quede constancia que aquella noche, despejado los efluvios del mal champán de la “party”, paseé sin tiempo por las calles del centro. Hacía frío en aquel jueves de diciembre. La humedad calaba hasta el tuétano de un cornudo, y la ciudad presentaba un aspecto londinense. El vaho diluía el horizonte en niebla y, de repente, como en una plaga bíblica, comenzó a nevar. Los copos, extraños, caían con una virulencia atroz, tan atroz que, en cuestión de minutos, blanquearon la extensión de calle Larios. La tormenta no cesaba, la nieve se acumulaba en los tejados y mi gato, seguramente, estaría asomado al cristal del ventanuco, riéndose, el muy condenado, por creer que esa noche me congelaría (…) MÁS EN TU LIBRERÍA. PIDE TU EJEMPLAR DE MALA MÁLAGA

Sobre civiNova

Revista, red social, editorial, creación y hosting de webs culturales.

Twitter

    Photos

    flickrRSS aún no tiene imágenes que enviar