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La ciudad de la cultura

ISSN 1989 - 5658
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Sección: Música

BERLINA_cover_ALTADisfrazar el mundo de sinergias que nos conducen fuera de lo anodino y lo cotidiano hasta depositarnos en las llanuras de lo excéntrico, de lo raramente bello, de lo en verdad necesario, es una muestra de las múltiples cualidades que posee la música sobre nuestros sentidos y, que en el caso de Berlina y su disco Desértico, son una muestra de ello y de la amplitud de fronteras que en ocasiones somos capaces de atravesar a la hora de perseguir nuestro sueño, o esa ansiada libertad que en demasiadas ocasiones no somos capaces de ver aunque la tengamos al alcance de la mano. Sin embargo, Berlina sí sabe dónde está ese botón mágico y lo descubre con distorsiones musicales bajo oscuras pulsiones pop-rock que mezclan el shoegaze más oscuro hasta el post-punk y ese rock psicodélico de los setenta que tan bien ejecutan sus admirados Nudozurdo. The Verve también podría ser otro tronco al que agarrarse en este río de bravas notas y melodías abruptas que reproducen los ecos de aquello que vemos en un tamiz, donde las sombras que se proyectan tras él nos incitan a poseer aquello que soñamos. De la mano de Manuel Cabezalí en la producción, Berlina son capaces de amoldar las distopías a un lenguaje sensorial que recapacita sobre la densidad del aire que respiramos, y, que ellos, conscientes de esa extraña capacidad, nos proporcionan el antídoto necesario para que lo sólido se transforme en líquido y éste a su vez en gaseoso, para que podamos asimilarlo como si el mundo fuese una gran nebulosa. Esa propiedad de romper con lo cotidiano es lo que convierte a las canciones de Berlina en puro éxtasis sonoro que desemboca en propuestas reverberantes como las cuerdas de sus guitarras, y en otras muy densas, tanto, como son capaces de consumar esas mismas cuerdas.

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Comienzos atmosféricos que tratan de atrapar espacios vacíos, y que poco a poco, rompen las guitarras con su sonoridad destructiva. Ritmos de canciones que aumentan los territorios alegóricos preñados de tics que buscan la profundidad de lo imposible. Despertares evanescentes de sueños placenteros. Verbalidad sonora que nos atrapa en círculos concéntricos. Intuiciones perversas contra un sol imaginario que humedece el último sentido de nuestra excitación para más tarde devolvernos a la desdicha diaria: muda y solitaria. Notas que vibran bajo las cuerdas de unas guitarras y sus resonancias y ritmos pop-rock. Palabras incandescentes y distorsiones que mueren como sólo lo pueden hacer los héroes que caen en el campo de batalla… Así vimos a Noise Box en su segunda puesta de largo de su último e impronunciable trabajo llamado Every picture of you is when you were younger. Aspavientos de una juventud arrolladora que transita por las peripecias del tiempo, y que han mutado en imágenes donde el amor y sus consecuencias posan libres y arropados por la incandescencia de los sueños. Noise Box, arrasa y arropa a la vez, las melodías que componen, pues sus canciones se abaten sobre nosotros zigzagueando entre toboganes sonoros que nos transportan a la arena de una playa imaginaria, cálida y acogedora, como sólo lo es la primera luz del día. Sonidos esclarecedores como pocos, limpios y arrebatadores, que se conjugan en una secuencia premeditada de curvas y contra curvas que nos desplazan sin miedo por el terreno de lo imposible, pues imposible es soñar con aquello que en verdad deseamos, y que no somos capaces de explorar por el miedo que tenemos a equivocarnos. Exploradores de esas texturas sonoras que van del pop al rock, pasando por el shoegaze, el brit-pop más fresco o el pop más oscuro y evanescente, el grupo murciano  repasó, sin miedo, y con muchas ganas, su último trabajo hasta la fecha; un trabajo que de una forma singular, limpia, cercana y directa tuvimos la ocasión de disfrutar en el programa de Radio3, Hoy empieza todo, con un par de temas en acústicos que nos pusieron sobre la pista de Jesús, Bienve, Helios Luis y Alejandro (sustituido en este concierto por el primer batería de la banda debido a una lesión en la pierna de Alejandro). Y hasta aquí el antes.

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Portada23Editorial
Lola Buendía Directora de TERRAL www.revistaterral.com
LA LECTURA EN CRISIS

Empieza el año 2017 y volvemos a escuchar cuestiones parecidas a las de otros años:

Hay más escritores que lectores. Los españoles leen poco o nada. Las editoriales se quejan; las librerías se ven obligadas a cerrar; a las bibliotecas les han recortado los fondos…Es urgente un plan para el fomento de la lectura…

Según el CIS el 39,4% de los españoles no leyó ningún libro en 2015. Y el 35% no lee nunca o casi nunca. De nuevo las estadísticas no me aclaran mucho. ¿A qué tipo de lectura se refieren? ¿Cuál es el perfil del lector que lee? ¿Dónde se lee más? ¿En qué tramo de edad se realizó la encuesta? ¿Se evalúa en ellas la lectura digital, y cómo?

Que España no es país de lectores, es un hecho recurrente. Sin embargo, hay un exceso de publicaciones tanto en papel como en digital. Pequeños editores se han lanzado a publicar reduciendo el coste de los libros. Con la aparición del ebook, los soportes digitales, las tabletas…, se ha resentido el papel, y las grandes empresas se adueñaron del mercado. Algunas librerías se vieron arrastradas al cierre y muchos artesanos del libro tienen que empaquetar sus herramientas.

El perfil del lector joven ha cambiado y ya no se interesa tanto por la narrativa tradicional en soporte papel y se inclina por el digital. Otro factor es el auge de la narrativa transmedia que se mueve en varios formatos a la vez: comic, series, novela gráfica, libros, tabletas digitales, internet, móvil…, donde los lectores pueden interactuar, amenazando al sector de las librerías y editores al uso, si no se adaptan a las nuevas tecnologías.

Si observamos, veremos que hoy la secuencia del márquetin comercial para captar interés y audiencia suele ser: serie televisiva – gancho publicitario  libro – cómic – formato digital – descargas en internet… De nuevo la imagen echando un pulso a la lectura, o quizás sirviendo de acicate a potenciales lectores. Varios ejemplos recientes los ilustran: Harry Potter, Juego de tronos, El señor de los anillos…han propiciado que las librerías y los editores vendieran libros como nunca.

Otro año más vuelve a elaborarse El plan de fomento de la lectura del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Al parecer, los anteriores no han dado el resultado esperado. Los cinco objetivos generales que contempla El Plan, vuelven a ser tan inconcretos, que me recuerdan a más de lo mismo.

En los medios informativos vuelve a repetirse el mismo mantra de todos los  años: hay que emplear más recursos, dar más horas de lectura en las aulas, ofrecer más visibilidad al libro, que Rajoy y los líderes políticos aparezcan con un libro en la mano, dotar mejor a las bibliotecas…

En las bibliotecas de mi entorno lo que sobran son libros y se difunde la lectura en diversos clubes de lectura. Me consta que también se fomenta en las aulas. Sin embargo, me inclino a pensar que no es solo cuestión de más recursos, sino de cambiar la estrategia y adaptarse a los nuevos intereses y perfiles de los lectores. También es lectura la que se hace a través de los numerosos blogs literarios y culturales, en los que se puede participar, así como en las variadas páginas webs que abarcan un abanico temático amplísimo: arte, literatura, historia, ciencia, informativos…, que han desplazado al libro en papel, siempre amenazado, pero que no desaparecerá para los nostálgicos y amantes de este formato.    Estoy segura que encontrarán el medio de compaginar ambos para que la lectura no desaparezca.
Lola Buendía López– Directora de la Revista Terral – ISSN 2253-9018

 

20161202_233655 (1)Érase una vez…, es la frase con la que empiezan muchos de los cuentos —en particular los cuentos de hadas— que de pequeños nos han contado a todos. Si la hacemos extensiva al mundo de la música, podríamos decir: «Érase una vez… un grupo», y si la concretamos en una banda, podríamos añadir un nombre: Second, después de lo visto y oído el pasado viernes en la Sala Ocho y Medio de Madrid, donde Los Cinco de Murcia despedían su gira Viaje Iniciático (si exceptuamos el concierto que al día siguiente daban en su ciudad natal: Murcia). Sin embargo, para completar esta conjunción de caras y sensaciones opuestas que conforman su música y su biografía a lo largo de estos casi veinte años de la banda en la carretera, tendríamos que acudir a uno de los mayores éxitos de la banda escocesa Simple Minds —con Jim Kerr a la cabeza—, y a una canción en concreto que lleva por título Once upon a time —Una vez en la vida— igual que aquel álbum del año 1985, y que es sumamente premonitoria cuando la letra de la misma expresa: «sólo Dios sabe, sólo Dios sabe/ Eso es el tiempo…/ Una vez en la vida», porque ese parece haber sido el último destino del grupo murciano Second, aprovechar su última oportunidad de cara a agarrarse a lo más alto del escalafón musical español —donde por otra parte ya estaban por méritos propios— quizá, porque estaban hartos de hacer honor a su propio nombre y necesitaban salir de esa forma de confort donde las melodías de sus guitarras, a pesar de todo, a algunos nos hacían sentir que aquello que nos transmitían era lo más parecido a poder volar lejos, muy lejos, pues eran lo suficientemente líricas para que por sí mismas consiguiéramos despegar los pies del suelos sin dejar de tenerlos pegados a esa tierra que tanto nos da y nos quita. Ahora, en esta nueva versión más exitosa del grupo, seguimos despegando los pies de ese suelo que tanto nos atormenta a veces, pero sólo lo hacemos cuando saltamos siguiendo el ritmo frenético de la mayoría de sus dos últimos discos (Montaña rusa y Viaje iniciático). Sin duda, ese abandonar la zona de confort les ha dado sus frutos, pues gracias a sus nuevas melodías han conseguido que su número de seguidores haya crecido exponencialmente en no demasiado tiempo, igual que lo han hecho las altas pulsaciones de sus canciones, y por ende, sus masivas presencias en todos los festivales del mundo indie español en los dos últimos años, lo que se para su fortuna, se ha traducido en la posibilidad de contar —después de tantos años— con un buen equipo que respalda al completo toda su faceta artística, y con ello, conseguir plasmar sobre el escenario un buen espectáculo de luz, imágenes y sonido —sin duda a la altura que se merece el grupo—, tal y como comprobamos en su cierre de gira en Madrid. Ese salir de la zona de confort también ha traído otras notables diferencias en la banda, quizá, la más notable aparte de la sonora, sea la actividad y complicidad de un Sean Frutos que ha abandonado su errática presencia pegado al micrófono, para configurar en mucho momentos del show figuras y perfiles sobre el fondo luminoso que les acompaña, que no hacen sino dejar más imágenes en la retina y en la memoria de todos sus numerosos seguidores. Ese era el único y último elemento que le faltaba al frontman del grupo murciano que, de por sí, es junto a Pucho —el vocalista de Vetusta Morla— el mejor vocalista del actual panorama pop español —con permiso del resucitado Raphael para la música moderna, claro—. Y no sólo eso, porque a la hora de componer, en ocasiones, es capaz de hacer letras tan memorables como la de El eterno aspirante (una canción que no sonó en el setlist de su fin de gira), y que algunos echamos en falta, pues por méritos propios es una de las mejores letras del pop español del siglo XXI.

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20160924_221549Refugiado en su música, parapetado en su sempiterna indumentaria negra rematada con unos castellanos del mismo color que aún le permiten bailar como si tuviera treinta años menos, y, sobre todo, varado en esa especie de isla desde la que defiende sus ideas y compone grandes canciones, así se presentó —más allá de la música y el tiempo— Loquillo en Las Ventas de Madrid. Al inicio nos advirtió que, con su madurez, llegó también la poesía de altos vuelos a sus letras; de poesía y de esas palabras irreconciliables con la mediocridad, podríamos añadir. Altura de miras y de música, pues el más puro rock’n’roll ha dado paso al rock a secas: oscuro, duro, impactante e inteligente; una música y un estilo de un hombre hecho a sí mismo y curtido en la disidencia de los que no se conforman con el éxito sin más. Así sedujo Loquillo, o mejor dicho El Loco, a las quince mil almas que abarrotaban el espacio habilitado en el coso taurino de Las Ventas de Madrid el pasado sábado 24 de septiembre; una fecha a recordar en la trayectoria del músico catalán, que también quiso congratularse con el entorno, cuando a modo de intro sonó un pasodoble de los de siempre, de esos que todavía te ponen los pelos de punta de lo profundos que suenan. Un magnífico preámbulo de Viento del este: «Las palabras de poetas./ Enterraron los fusiles./ En valles y mesetas./ Con hambre frío y sed./ Volverá otra vez a soplar/ Viento del este» que suena ya a clásico en esa última vertiente musical de El Loco y su banda, que continuaron con Línea clara y un emergente y rompedor sonido del órgano Hammond que también compitió como nadie con las guitarras al aire del resto de la banda cuando sonó Territorios libres: «No retroceder/ Ni un paso atrás», demoledora declaración de intenciones para el mundo en el que vivimos, pues la presencia de Loquillo en este país, todavía llamado España, va más allá de la música y del paso del tiempo: «Desconfiado como un animal/ que defiende su espacio vital», nos vuelve a recordar en la misma canción, pues quizá, por eso, se mantiene firme como un junco al que no logra doblar el viento de los insulsos y mediáticos perdedores, por muy fuerte que sea éste. Esa nueva fuerza vital de Loquillo está acompañada de un nuevo sonido con el que ha impregnado a sus canciones; unas melodías que las hace más apabullantes y certeras, sin por ello olvidar sus grandes temas de siempre, que empezaron a sonar con Planeta rock, para de nuevo sumergirse en las guitarras oscuras que se aliaron con El mundo que conocimos: «El espacio que habitamos, los instantes que compartimos./ Las personas que tratamos, todo el tiempo que perdimos./ Mis adicciones privadas, tus amores furtivos./ Los besos cautivos burlando el destino./… ¿Dónde está? ¿Dónde fue la Europa que ganamos?/ ¿Dónde está? ¿Dónde fue la España que perdimos?»; una gran letra para una gran canción —de lo mejor de la larga noche—, no en vano el público no dejó de gritar: Loco, Loco, Loco…, mientras la escuchaba. Gritos a los que él respondió con un: «Madrid, aquí me tienes». Con Viaje al norte sube al escenario Robert Grima de Los Negativos, la única colaboración de esta fiesta que no conoció ni himnos ni fronteras ni banderas, más allá de la que esgrimieron sus seguidores con el famoso logotipo del grupo. «Vayas a dónde vayas/ encontrarás espejismos», nos recuerda a continuación en Cruzando el paraíso, donde los teclados de Raúl Bernal suenan a tope igual que si emularan un himno al amor, sin duda, preludio del primer delirio de la noche cuando suena El Rompeolas —el público se levanta de las gradas y andanadas y comienza a bailar— bajo sonidos country, a los que siguen Memoria de jóvenes airados: «Nosotros que somos los de entonces», y la polémica La mataré, que el público, sin embargo, corea con un largo oh. oh, oh…., hasta llegar a El ritmo del garaje: «Tu madre no lo dice no/ pero me mira mal. Quien es ese chico tan raro con el que vas…», para cerrar la primera parte del concierto.

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