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La ciudad de la cultura

ISSN 1989 - 5658
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Sección: Reseñas

Matemática tiniebla

[24 Mayo 2011]
Poe, Baudelaire, Mallarmé, Valéry, Eliot.
Matemática tiniebla.
Genealogía de la poesía moderna.
Idea, selección y prólogo de Antoni Marí.
Traducción de Miguel Casado y Jordi Doce.
Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores. Barcelona, 2011.

En una matemática tiniebla dejó retratado a Poe el Canto general de Pablo Neruda. Ese aparente oxímoron resalta la paradoja del escritor alucinado y visionario que proyectó su lucidez y su premeditación en el análisis de los mecanismos del cuento y la poesía.

De esa cita nerudiana toma título esta Matemática tiniebla, el volumen preparado por Antoni Marí que acaba de publicar Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores. En él se reúnen cuatro textos de Poe sobre la poesía, la composición y el poder de las palabras y otros veinticinco ensayos de Baudelaire, Mallarmé, Valéry y Eliot que se reúnen por primera vez en un solo libro.

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G. K. Chesterton.
William Blake.
Prólogo de Antonio Rivero Taravillo.
Epílogo de André Maurois.
Traducción de Victoria León.
Espuela de plata. Sevilla, 2010.

William Blake (1757-1827) es uno de los poetas más enigmáticos y asombrosos de la tradición occidental. Su intensa poesía fue una isla deslumbrante en el racionalismo del siglo XVIII, una profecía del irracionalismo romántico y de la actitud visionaria del superrealismo.

Con su habitual perspicacia crítica y su aguda inteligencia, Chesterton abordó en esta espléndida obra un recorrido por la biografía y por la obra literaria y plástica de Blake.

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Los enamoramientos

[13 Mayo 2011]

Javier Marías.
Los enamoramientos.
Alfaguara. Madrid, 2011.

La última vez que vi a Miguel Desvern o Deverne fue también la última que lo vio su mujer, Luisa, lo cual no dejó de ser extraño y quizá injusto, ya que ella era eso, su mujer, y yo era en cambio una desconocida y jamás había cruzado con él una palabra. Ni siquiera sabía su nombre, lo supe sólo cuando ya era tarde, cuando apareció su foto en el periódico, apuñalado y medio descamisado y a punto de convertirse en un muerto, si es que no lo era ya para su propia conciencia ausente que nunca volvió a presentarse: lo último de lo que se debió de dar cuenta fue de que lo acuchillaban por confusión y sin causa, es decir, imbécilmente, y además una y otra vez, sin salvación, no una sola, con voluntad de suprimirlo del mundo y echarlo sin dilación de la tierra, allí y entonces. Tarde para qué, me pregunto. La verdad es que lo ignoro. Es sólo que cuando alguien muere, pensamos que ya se ha hecho tarde para cualquier cosa, para todo —más aún para esperarlo—, y nos limitamos a darlo de baja.

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La insatisfacción existencial, esa cualidad humana tan en desuso en la actualidad, impregnó la vida de este argentino que desde muy pequeño sintió como la vida no era una batalla fácil. Undécimo de doce hermanos, debe su nombre a que el hermano que le antecedía murió, lo que le convirtió en el reflejo de lo que debería de haber sido el otro. Un hecho que lejos de beneficiarle, le dejó marcado para siempre, hasta el punto de ser junto a su hermano pequeño el protegido de su madre.

Esa forma de situarse en la vida, le llevó por la senda del existencialismo, donde intentó una y otra vez arrancar un por qué a su existencia y al mundo en el que le tocó vivir. Su biografía no estuvo marcada por el beneplácito o la benevolencia, muy al contrario, en muchas ocasiones le mostró la cara amarga de la desdicha, como cuando murió su hijo. O de la desesperación, cuando cansado de buscar respuestas a sus preguntas a través de la ciencia como medio más determinante para saciar sus ansias de saber, se dio cuenta que allí tampoco estaba aquello que le carcomía por dentro. Desengañado también de los grandes dogmas políticos y éticos del devenir universal que le tocó en suerte, buscó refugio en la literatura, no sólo a través de la novela, sino también del ensayo. Pero su insatisfacción era tan grande, que sus palabras muchas veces no llegaron a salvarse de su profunda búsqueda de algún consuelo que dejara de lastimarle. Gracias a su mujer, se salvaron Sobre Héroes y Tumbas y Abbadón el Exterminador, como designios de un destino que quiso colocarle entre los elegidos de un universo tan ingrato como el de la literatura.

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Tao

[27 Abril 2011]

Lao Tse.
Tao Te Ching.
Versión de Stephen Mitchell.
Traducción de Jorge Viñes Roig.
Alianza. Madrid, 2011.

Me he sentado en el centro del bosque a respirar.
Me he sentado en el centro del mundo a respirar.
Dormía sin soñar, mas soñaba profundo
y, al despertar, mis labios musitaban despacio
en la luz del aroma: “Aquel que lo conoce
se ha callado y quien habla ya no lo ha conocido”.

Con esos versos cerraba Antonio Colinas el Canto XXXV de Noche más allá de la noche. Hay en ellos un recuerdo explícito de una de las reflexiones de Lao Tse en el capítulo 56 de su Tao Te Ching, el Libro del Sendero, que desde el siglo V a.C. ha ido perdurando en el tiempo y traspasando fronteras hasta convertirse en uno de esos escasos referentes culturales que no sólo inciden en su ámbito oriental de origen, sino que han marcado la literatura y el pensamiento occidental.

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