Mario Vargas Llosa.
Cartas a un joven novelista.
Alfaguara. Madrid, 2011.
Éste no es un manual para aprender a escribir, algo que los verdaderos escritores aprenden por sí mismos. Es un ensayo sobre la manera como nacen y se escriben las novelas, según mi experiencia personal, que no tiene por qué ser idéntica ni siquiera parecida a la de otros novelistas, avisa Mario Vargas Llosa en la nota que introduce la nueva edición en Alfaguara de sus Cartas a un joven novelista.
Una discreta autobiografía ha titulado Vargas Llosa esa introducción fechada en Lima el 26 de enero de 2011. Y en esa clave pueden leerse estas doce cartas que son el resultado de la reflexión y el oficio de un novelista que recuerda también cómo su escritura surgió de una decidida vocación literaria, esa vocación que sentía como un mandato perentorio: escribir historias que deslumbraran a sus lectores como me habían deslumbrado a mí las de esos escritores que empezaba a instalar en mi panteón privado: Faulkner, Hemingway, Malraux, Dos Passos, Camus, Sartre.









