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La ciudad de la cultura

ISSN 1989 - 5658
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Sección: Reseñas

El año de la rubia de Jesús Nieto Jurado es una novela corta de 85 páginas, pero en la que se narra la experiencia de una vida entera. Bajo la clave metonímica de la parte por el todo encontramos la representación amplia de su significado: el año por la vida, y la rubia por todos los ideales frustrados e inalcanzables.

El año del título se condensa en un verano: un instante desmayado, una angustia en el bochorno de la siesta, sobre el que buscamos a deshoras un cosquilleo desvanecido en la arena. El verano es siempre una promesa, la de licores frescos, la de besos en las orillas del cuerpo, la de suicidios estivales. La rubia es toda la promesa del verano. La rubia es la única promesa de una vida tediosa cuyo paso está marcado por la caída rítmica del cabello y por los botellones a pie de plaza.
No obstante, hay veces que el verano no cumple lo que promete, como también hay veces que la vida atropella pasiones, destruyendo así el arrojo que bulle en los amaneceres de junio. La imagen de la rubia se había configurado como la única salvación posible para sesgar la tragedia cotidiana, y su conquista habría sido la consagración victoriosa de alguien acostumbrado a perder, habría sido la dilatación del estío más allá de sus límites. Pero el ideal de la rubia se desvanece con la primera brisa del otoño.
Como bien sabemos, la posesión del objeto mata el deseo. En El año de la rubia los objetos anhelados nunca se llegan a conseguir, son fracasos sucesivos que atrofian la realización ideal de uno mismo. Por ello, hay un rugido polvoriento en cada fragmento de la memoria. Además, el deseo está plasmado en la novela porque sigue vivo, porque no se ha poseído ningún objeto; es necesario este fracaso para que exista la obra. El año de la rubia es fruto estéril del deseo. El año de la rubia es toda una promesa.

Condado de las Letras

Imagen: Cortesía de José María Plaza

Las guerras ¿se ganan o se pierden?, casi al final del libro, Malaparte lo describe así: “en el mundo no había más que hombres vivos y hombres muertos. Todo lo demás no contaba… es una vergüenza ganar la guerra”. En La piel, la miseria compartida de vencedores y vencidos es sólo uno de los puntos de partida de este magnífico libro, que traspasa con creces, las barreras del tiempo y de quién la escribió y su biografía, porque el Sr. Malaparte, pone al servicio de la gran literatura, toda la maestría y experiencia como corresponsal de guerra, y nos ofrece un relato en primera persona sobre la devastación no sólo material, sino moral, de una ciudad, de un pueblo y de una raza, la humana, cuando por fin es liberada del yugo de sus opresores. La originalidad de este relato está en el punto de mira del que parte el narrador, que no es otro, que el de proporcionar heroicidad y grandeza a aquellos que han perdido la guerra, pues en nada se diferencian de aquellos otros que la han ganado. El derrumbe de la moral al que asistió el mundo con la llegada de los totalitarismos, consiguió que vencedores y vencidos, marchasen de la mano en pos de la única razón existente en el ser humano en ese momento: la salvación de su propia alma. Una huida que llevó a toda una civilización a asistir impertérrita a su debacle, propiciada por la falta de una moral y una ética que rigiese los designios comunes de toda la Humanidad, que inmiscuida en su propia salvación, renuncia a la altivez de unos principios sólidos de convivencia con tal de salvaguardar su alma. Y lo hace sin reparar para ello en la senda escogida, que no es otra que la de la miseria más abyecta del ser humano, y que Malaparte simboliza en la piel que traspira, siente y nos derrota como seres humanos hasta convertirnos en héroes de la mezquindad.
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Cuando nacemos, nuestra memoria está vacía de recuerdos que no de instintos; y si ambos tienen algo en común, es que se comportan como timones que nos llevan a lo largo de nuestras vidas, a veces, hacia lugares que no conocemos, y en ocasiones, a destinos a los que no hemos pedido ir. En ese instante en el que en nuestro particular trayecto, la realidad se superpone a los sueños, la vida del día a día deja de tener sentido y nos dejamos llevar hacia el otro lado de la montaña donde nos encontramos más a gusto. Si no nos rendimos, recuperamos la ilusión de las vidas soñadas y transitamos por ella con huellas que no dejan rastro, salvo en nuestra memoria, que caprichosa, nos concede aquello que le pedimos, y así, poco a poco el espejismo de las ilusiones perdidas se refleja en nuestro yo más profundo como si fuera una placa solar que nos nutre de energía para salir adelante cuando las fuerzas nos flaquean. Esa es la energía intrínseca que gobierna los designios de los relatos que Guillermo Busutil de una forma sutil, inteligente y repleta de humanidad nos presenta en su libro de relatos Vidas Prometidas, que a modo de paraíso terrenal, les proporciona a sus personajes la posibilidad que la moneda caiga por el lado adecuado; y a los lectores que los leen, esa opción de reconfortarse con la narración de unas historias que transitando por la cotidianeidad más absoluta, tienen ese punto mágico de las posibilidades imposibles. Leer más…

En esta nueva novela, Velasco recurre a excéntricos personajes, que tan bien se mueven en la picaresca, como suele ocurrir en el resto de sus obras. Centrada en México, por las páginas de esta historia se pasea un autor de libros de autoayuda con aires de grandeza y sin ningún tipo de escrúpulos, una mujer que se ve obligada a huir constantemente de la vida que ella misma va tejiendo, un estafador y mujeriego que se ha hecho rico gracias a hacer que los demás sean quienes paguen por sus delitos, una niña con la misión de salvar a un conejo y un perro y un hombre derrotado víctima de decisiones equivocadas, entre otros. Una novela sobre personajes que buscan su propio sentido en una aventura mexicana llena de farsantes, estafadores, gurús, asesinos, víctimas, inocentes y seres que sueñan con amores imposibles. Leer más…

Ahora que Sabato forma parte de la nómina de los héroes de su novela, que es lo mismo que decir de los héroes de su nación Argentina, acercarse a esta novela total que abarca todo su pesimista y complicado universo (tanto artístico como intelectual), es también, aparte de rendirle un homenaje a uno de los grandes escritores del siglo XX, afrontar una aventura nada fácil, pues su lectura en unas ocasiones se vuelve dura y complicada, y hasta árida, pero ese primer plano tan complicado de batir, a veces se vuelve sublime y nos toca lo más profundo del alma humana, y lo hace con una aparente sencillez que nos deja mudos: “Martín se sentó en el borde de la cama y la contempló: a la luz de la luna podía escrutar su rostro agitado por la otra tempestad, la de ella, la que él nunca (pero nunca) conocería. Como si en medio de excrementos y barro, entre tinieblas, hubiese una rosa blanca y delicada .” Esa luz entre las tinieblas, es la que Sabato intenta encontrar una y otra vez en las diferentes historias que componen Sobre Héroes y Tumbas, sin que podamos decir que la mayoría de las veces logre encontrarla como dice Bruno (uno de los personajes de la obra): “la vida la hacemos en borrador. Un escritor puede hacer algo imperfecto o tirarlo a la basura. La vida no: es lo que se ha vivido y no hay forma de arreglarlo, ni de limpiarlo, ni de tirarlo”, por no mencionar al personaje femenino central de la novela, Alejandra, que en su atormentado y confuso mundo nos deja sentencias tan duras como la siguiente: “me gusta la gente fracasada… el triunfo tiene algo de vulgar y de horrible” en una antítesis de la sociedad postindustrial donde lo que importa es el triunfo y la belleza sin que aparentemente importe cómo hacerlo. Leer más…

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