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La ciudad de la cultura

ISSN 1989 - 5658
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Sección: Reseñas

THOMAS MANN: MARIO Y EL MAGO

[25 Noviembre 2009]

La relación entre este gran escritor alemán y las narraciones cortas, ya viene puesta de manifiesto en una de sus obras maestras, Muerte en Venecia, pero en este caso, voy a comentar la edición que para NH Hoteles se hizo de su Mario y el mago, y Sangre de Welsas.

El primero de los relatos, Mario y el mago, bien podría ser calificado como de novela corta más que de relato corto en cuanto a su extensión. Pero no sólo este matiz, hace de ella una magnífica narración, y en la que una vez más, Thomas Mann intenta diseccionar a la sociedad centroeuropea de principios del siglo XX en ese difícil y tormentoso período que divide a las dos Guerras Mundiales. En este caso, el escritor alemán, basa su historia en las vacaciones que una familia extranjera pasa en la villa italiana de Torre di Venere. Una vez allí, el narrador nos presentará bajo la excusa de acontecimientos cotidianos, como la expulsión de dicha familia del hotel donde se hospedan por culpa de una pasada tos ferina ya repuesta, la radiografía del ambiente que en aquella época se va respirando en una sociedad italiana inundada por el fascismo y un nacionalismo exacervado.

La historia de Mario y el mago, fue escrita por Thomas Mann poco después de recibir el Premio Nobel, y la misma, se divide claramente en dos partes. Una primera, en la que se nos muestra el ambiente encorsetado de la sociedad de la villa italiana; y una segunda, que se apoya exclusivamente en la actuación que el mago Cipolla realiza en el pueblo. El mago, es un personaje caprichoso, enigmático y cruel, que cabe asociar con la figura de Mussolini.

La actuación del mago Cipolla, se va desarrollando en un clima de misterio y manipulación, en el que los distintos espectadores, y sus participaciones en el espactáculo, van conformando el retrato de un pueblo sumido ante el poder inmanente del jorobado mago, que desembocará en un trágico final.

El relato está escrito con un sentido lento del ritmo, pero para nada carente de interés, en donde el genio del autor alcanza dotes de maestría, al dirigir al lector al punto donde él quiere que éste llegue.

Por otra parte, Sangre de Welsas, si tiene la estructura de un relato corto. En él, se nos presenta un tema recurrente en la obra de Mann, que no es otro, que la decadencia de la burguesía. Aquí, en una sola jornada, la familia del señor Aarenhold queda magistralmente retratada en unos pequeños retazos, entre los que destacamos el desprecio de los hijos por los padres y los privilegios que éstos han consentido darles, sin que sus hijos sepan ver en ellos más que unas personas faltas de cultura y modales; y que en la segunda parte del relato, se centrarán en la relación entre los hermanos mellizos Sieglinde y Sigmundo, éste último, claro reflejo del artista caprichoso y para nada comprometido, que busca a través de la belleza aquello que no es capaz de encontrar en su anodina y cómoda existencia.

Antología poética de Neruda

[19 Noviembre 2009]

nerudaPablo Neruda.
Antología poética.
Selección y prólogo de Rafael Alberti.
Austral. Espasa. Madrid, 2009.

Espasa acaba de lanzar una edición especial de la Antología poética de Pablo Neruda que preparó Rafael Alberti en 1981. Dos de los nombres imprescindibles de la poesía contemporánea en español se unen en esta edición conmemorativa que constituye una nueva invitación a acercarse a la obra del chileno.

Incorporado al grupo español del 27, que lo acogió como a uno de los suyos y tuvo en la Casa de las Flores uno de sus lugares de encuentro, García Lorca lo presentó en la Universidad de Madrid con unas palabras memorables que definían lo que había sido y lo que iba a ser la obra de un poeta “más cerca de la muerte que de la filosofía, más cerca del dolor que de la inteligencia, más cerca de la sangre que de la tinta.”

Eran los tiempos del Caballo verde para la poesía y de Residencia en la tierra, una revista y un libro que cambiaron el rumbo de la poesía a ambos lados del Atlántico.

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cartelcoplaquebrada3MADRID, novena capital de Andalucía, celebra en estos días una exposición completa que recorre la vida, la obra y el querer del insigne e irrepetible Miguel de Molina, aquel malagueño ya olvidado en el polvoriento rincón de la memoria, aquel Federico García Lorca apócrifo de colmaos o exiliado de segunda: aquel genio, apaleado por los correajes del puño y las pistolas, que se atrevió a plantar cara a doña Concha Piquer y a su baúl cuartelero del Movimiento.

Y es que sucede que en este bendito país, el armazón de la nación, el pegamento básico de nuestro pasado que es el recuerdo, comenzó a deshilacharse a medida que el progresismo miope, errante, tomaba la moda como ideología y la transición como ajuste de cuentas, estético o meramente visual. Así, por las cunetas de nuestra historia, comenzó a desfilar un desarmado ejército de olvidados que tomaron un barco, un barco extranjero, a altamar o malvivieron en un armario como nuestro paisano Miguel de Molina. Los vencedores, los ungidos por el broncíneo signo de la victoria, cantaban en El Pardo con gran animación de faralaes y delaciones; los otros, los que no recibieron el tiro de gracia que los mitificase en un paredón de cualquier pueblo, se conformaron con un resquemor inabarcable y la enfermedad crónica de España, que es el exilio.

Hablamos, entonces, del género de la copla, de la importancia de Miguel de Molina como caballo republicano y homosexual frente al mando azulón de la Piquer, y este acontecimiento nos sirve para divagar sobre un pasado, el nuestro, musical mayormente, que ha sido trastornado por la cultura periférica o posmoderna, y que pervirtió nuestra identidad como país hasta que Carlos Cano o Serrat vieron, desde su acertada trinchera, que este país era algo más que un secarral en el confín de Europa. Porque principiar a hablar de la copla, desde Marifé de Triana a la malagueña Pasión Vega supone una zambullida poética en esa “caja negra de la emoción de España” según la analogía acertadísima de Vázquez Montalbán, quien, entre el Barça, Juanito Valderrama y los teóricos marxistas, introdujo la canción española en un crisol apabullante y genial. La copla, pues, se nos presenta como la radiografía acertadísima de la posguerra, como la banda sonora y moral de las cartillas de racionamiento y el escaso tabaco de picadura.

Hubo una copla dominante, una temperatura de hembra cantante que se extendía como el brazo en alto por todo el país, y que era encarnada por Concha Piquer, valor de la raza, mito castizo o hollywoodiense para un país de torería y señoritismo. Hubo un trío irrepetible, Quintero, León y Quiroga, que democratizaron en sus letras un vértice desconocido del 27. Hubo, en suma, un producto cultural y testimonial de la posguerra que pudiera empezar a disiparse ante la inoperancia de historiadores o antropólogos.

Precisamente, para evitar ese maniqueísmo que el pensamiento único de cierta izquierda ha desplegado ante la perfección de Ojos verdes, Tatuaje, El emigrante u otros éxitos de pizarra, han aparecido diversas iniciativas, mediáticas o no, con mayor o menor fortuna, en apoyo de la canción española. Canal sur fracasó con un exaltamiento del tópico del lunar y la morena de verde luna, pero he aquí que esta exposición sobre Miguel de Molina, en Madrid, viene a rescatar del ostracismo a uno de los primeros embajadores de Málaga, y el ejemplo diáfano de que parte de la copla pudo ser, y de hecho fue, una apertura íntima al gris dominante: clara apología de sensualidad frente a la mantilla y la sumisión femenina por decreto.

Recuerdo que una vez mi admirado Eduardo Haro Tecglen, niño republicano, me confesó que llegaría el día en que la copla dejase de ser vista como un producto rancio; el momento en que, desatada de un apriorismo imperdonable para la cultura, España asumiera sin complejos un legado donde el alma de un tiempo y un país quedaría fijada para siempre, como me recuerda también Jesús López Santos. Luego llegó Carlos Cano, entre sus currelantes parados y su blanca y verde, y convirtió a la copla en un cañón desde donde disparar al monstruo político, el franquismo expirado o expirante, que la había moldeado para su mayor gloria.

Por ello, por esa significación fundamental que la copla tiene en el ADN de nuestro pasado, conviene recomendar la exposición Arte y provocación que, instalada en Madrid hasta el 17 de mayo, se sumerge en las peripecias vitales de Miguel de Molina, hijo predilecto de nuestra provincia: un heterodoxo republicano de la copla que yace hoy en el cementerio de la Chacarita de Buenos Aires, en tierra extraña, mecido por el inclemente viento del sureste y compartiendo eternidad y cercanía con Carlos Gardel y Alfonsina Storni. Homenajeado ahora por su patria, aunque esto le vaya escociendo al barroco y variable Antonio Burgos.

 

JESÚS NIETO JURADO

(ARTÍCULO PUBLICADO EN MÁLAGA HOY)

howells1Posiblemente ninguna ciudad haya generado tanta literatura, tanta pintura o tanto cine como Venecia. Y posiblemente Vida veneciana, del estadounidense William Dean Howells, sea el punto de partida de los libros de viaje que tienen como centro y destino la ciudad de los canales.

Se publicó en 1866 y es la autobiografía veneciana de William Dean Howells, que vivió en la ciudad cuatro años como diplomático, y al que Henry James calificó en el artículo que figura como prólogo del libro como uno de los escritores americanos de mayor encanto y sin duda como uno de sus viajeros más eficientes.

Esa eficiencia nace, antes que de la buena prosa de Howells, de su capacidad observadora, de su mirada aguda y minuciosa, dedicada -como él mismo explica- a observar esta VENECIA, que muestra, con respecto a otras ciudades, la misma grata inverosimilitud que el teatro muestra hacia la vida diaria.

Con la suma de esa mirada atenta a los detalles menores y a los hechos triviales, que son los que de verdad definen el espíritu de la ciudad y el tono de la vida veneciana, y con el indiscutible mérito literario que James elogia en el diplomático, Howells escribe un magnífico texto que va más allá de las convenciones y limitaciones de un libro de viajes. Recuerda su llegada a la ciudad, evoca el invierno veneciano y el comienzo del calor, nos invita a un paseo al amanecer, a la ópera y al teatro, nos introduce en las cenas venecianas y en sus peculiares comensales, habla de un balcón sobre el Gran Canal o de las islas de las lagunas o narra sus visitas a las iglesias y describe sus pinturas.

Y a medida que pasa el tiempo y avanzamos en la fluidez del texto, el viajero va ahondando en el conocimiento de la realidad social veneciana, en el análisis del carácter de sus habitantes, con las peculiaridades de los armenios y los judíos de Venecia, muestra los ciclos festivos de la ciudad, las celebraciones navideñas, los rituales de las bodas o los entierros, antes de cerrar los más de veinte capítulos del libro con el recuerdo de su último año en Venecia, recordado siete años después.

Explicaba Henry James que con las dotes de su autor este libro no tenía muchas probabilidades de estar mal escrito. Ahora lo pone al alcance del lector español Páginas de Espuma en una cuidada edición, traducida por Nuria Gómez Wilmes y anotada oportunamente por Francisco Javier Jiménez.

William Dean Howells.
Vida veneciana.
Prólogo de Henry James.
Traducción de Nuria Gómez Wilmes.
Edición de Francisco Javier Jiménez.
Páginas de Espuma. Madrid, 2009.

 

lib-lo-que-el-mundo-le-debe-a-espana-978843448808Europa es el resultado de las interrelaciones entre cinco ámbitos culturales que se expresan por medio de los grandes idiomas -español, francés, inglés, alemán e italiano- y que son independientes de las estructuras políticas, cambiantes en el tiempo. Debe haber, por ello, una muestra de aprecio y gratitud para todas ellas ya que en definitiva con sus aportaciones logran el beneficio del conjunto. La ciencia humana alemana, o su música, el teatro británico, la ópera italiana o el academicismo francés tienen, para nosotros los españoles, valor absoluto. Pero, ¿para cual de las aportaciones españolas puede reivindicarse la misa fama y reconocimiento a los ojos de nuestros vecinos europeos?

En este ensayo, deliberadamente breve, Luis Suárez destaca, una a una y en conjunto, las aportaciones hispanas, desde los inicios mismos del cristianismo, hasta la preconización de una forma alternativa a la Ilustración, aquella que no renunciaba en modo alguno a la herencia del pasado, el libre albedrío y la trascendencia y que se ve reflejada en los avances científicos en España y América en el XVIII.

A través de sus más destacadas figuras y del legado de las instituciones nacidas en el mundo hispano, Luis Suárez nos ofrece un singular fresco de la grandeza de España, situándola en el lugar que le corresponde: el de portadora de unos valores profundos y un quehacer único que contribuyen, a su vez, a la grandeza de Europa y del mundo occidental.

Lo que el mundo le debe a España. Luis Suárez. 2009. Ed. Ariel. 260 págs.

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