El viaje al universo onírico de los recuerdos que nos propone Federico Fellini en su magistral película Amarcord es arrollador. A veces cercano al surrealismo de Buñuel y siempre próximo al reparto coral de Berlanga, este cineasta universal se deja llevar por la voluptuosidad de los sentidos y deja un marcado acento mediterráneo en toda su obra.Amarcord carece tanto de una estructura lineal en el guión como de una concepción formal en la trama, pero contiene todos los extraños ingredientes de una obra maestra con mayúsculas en la infinita sucesión de imágenes que atesora, donde muchas de ellas, se encuentran cargadas de un lirismo ensoñador, ya sea éste empleado para mostrarnos las alegrías o las penas de unos personajes que se limitan a ejercer el difícil oficio de vivir en la Italia fascista de la década de los treinta.









