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La ciudad de la cultura

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Sección: Relato

Mi chica favorita

[13 Mayo 2010]

mi-chica-favoritaAbro los ojos. Desorientado echo un vistazo rápido a mi alrededor, pero todo está difuso. Me llevo las manos a la cara para confirmar, aún aturdido, que he perdido las gafas al caer, y tembloroso, comienzo a palpar en torno a mis piernas en busca de las que hasta hace unos segundos hacían de mi vista algo decente. Por fin las encuentro; me las pongo y vuelvo a mirar a mi alrededor.

De repente veo el rostro de quien, por su mueca, atino a pensar que es la causa de que yo esté en el suelo. Incorporándose, con gesto amable, me tiende mi teléfono móvil todavía milagrosamente encendido; debió escurrirse de mi mano al tropezarme con aquel hombre, recuerdo que estaba hablando. Su gesto me hace suponer que esto se resolverá de forma rápida y amistosa.

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benet1Un irónico Benet escribía en 1977 el prólogo a sus cuentos completos en dos volúmenes de bolsillo que publicaba Alianza. El criterio de organización de los relatos obedecía en aquella primera edición a motivos geográficos: el primer tomo recogía las narraciones cortas ambientadas en Región y el segundo agrupaba las restantes, muy variadas en temas y en tonalidades y unidas sólo por esa común independencia del territorio mítico fundado por Benet.

Ese mismo criterio es el que se ha utilizado en esta nueva edición coordinada por Ignacio Echevarría en la Biblioteca Juan Benet que publica Debolsillo.

Aquel irónico Benet se dirigía en el prólogo a un lector ajeno a las teorías textuales modernas, que “espero que podrá encontrar algo de lo que buenamente se espera de toda lectura; esto es, emociones. Porque el otro no. (…) Por el contrario, el lector ajeno a la teoría podrá encontrar un variado conjunto de relatos muy diversos, salpicados de imágenes de emociones que de manera refleja pueden resucitar diferentes estados del espíritu, con un poco de aplicación.”

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LA MOSCA. Sławomir Mrożek

[29 Marzo 2010]

la-mosca Uno de los mejores y más inesperados regalos que he recibido en los últimos tiempo es La Mosca, una recopilación de relatos breves, no más de dos o tres páginas cada uno, del polaco Sławomir Mrożek, de temática ciertamente surrealista e inesperada, que destilan frescura, humor negro y una buena dosis de ironía. El libro, publicado por Narrativa del Acantilado y presentado en una cuidada edición, consta de apenas ciento treinta páginas y en su interior encontramos auténticas maravillas. Su lectura es tan amena como sencilla y rápida, algo a lo que contribuye la excelente traducción de Joanna Albin.
Nacido en la Polonia comunista, Mrozek refleja en sus obras la vida cotidiana dentro del extinto bloque soviético, al que fustiga sin piedad aunque sin excesivo revanchismo, al menos no en La mosca. A través de unas historias absolutamente delirantes y maquiavélicas, el autor desnuda las miserias e incongruencias de los sistemas totalitarios, sean del signo que sean, ofreciéndonos al mismo tiempo un visión alternativa con la que retrata una realidad que no por triste y cruel es menos real y es precisamente por eso, por ser real, que el autor es capaz de ironizar hasta lo frívolo sobre la Polonia que le tocó vivir.

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Harold Bloom. Cuentos y cuentistas. El canon del cuento.

Harold Bloom. Cuentos y cuentistas. El canon del cuento.

Harold Bloom.
Cuentos y cuentistas.
El canon del cuento.

Traducción de Tomás Cuadrado
Páginas de Espuma. Madrid, 2009.

Entre Pushkin y Carver, Cuentos y cuentistas. El canon del cuento, de Harold Bloom que publica Páginas de Espuma, es un recorrido por la evolución del cuento contemporáneo a través de 39 autores.

Un siglo y medio transcurre entre la muerte del ruso y la desaparición del norteamericano. Un siglo y medio en el que la técnica del relato breve se va perfilando en torno a dos ejes: el cuento clásico, con sorpresa emergente y final cerrado que integra lo fantástico y lo cotidiano (Poe, Kafka, Borges, Cortázar) y el que arranca de Turgueniev y Chejov con sus finales abiertos y elusivos que llegan a la posmodernidad de Carver pasando por Sherwood Anderson y Joyce.

Un recorrido que empieza en el universo dantesco y purgatorial de La dama de picas, pasa por el tenebrismo irónico de Nathaniel Hawthorne, por la obsesiva frustración sexual de Andersen, por la parábola vampírica de Ligeia de Poe y la parábola prekafkiana de El campanario de Melville, por El capote de Gogol y los cuentos evasivos de Mark Twain, por las fantasías emersonianas de Henry James y un Maupassant que enseñó a Chejov a representar la banalidad en sus cuentos.

En el canon de Bloom están también O. Henry y sus sorpresas previsibles, Kipling y su dominio del tono, el humanismo desesperado de Jack London, Sherwood Anderson entre la limitación y la pureza, o Los muertos de Joyce, una obra maestra definitiva.

Un largo y profundo capítulo sobre Kafka, que escapó a su propia audacia, no creyó en nada y sólo confió en el imperativo de ser un escritor, deja paso a la lectura de Judas en flor, de Katherine Anne Porter, de El fin del asilo de Isaac Babel y de la Vuelta a Babilonia de Scott Fitzgerald como una elegía por la generación perdida a la que pertenecía también Hemingway, que es para Bloom el mejor escritor de relatos en lengua inglesa junto con Joyce.

En los últimos capítulos, un espléndido análisis de Lo que arde, de Eudora Welty; el esplendor inquietante de El marido rural, de John Cheever; el Bestiario de Cortázar; Las ciudades invisibles de Italo Calvino; Flannery O’Connor y Una vista del bosque, sólido y desagradable, y finalmente Catedral, de Raymond Carver, a quien -sospecha Bloom a partir de abundantes indicios- puede que hayamos sobrevalorado.

Cierra el volumen un utilísimo índice onomástico que permite localizar rápidamente las referencias a un autor o el análisis de un cuento concreto.

NO SÉ QUÉ DECIRTE HIJO

[5 Febrero 2010]

No sé qué decirte hijo. El Hombre posee grandes virtudes, como el amor, el poder de crear o la esperanza, pero también atesora el innato poder de la autodestrucción. Todo en algún sentido es finito. Nada perdura, ni tan siquiera los dinosaurios que durante miles de años poblaron la Tierra. Incluso ellos sucumbieron, al igual que las truchas que un día habitaron en el río en el que hoy no podemos beber agua.

No sé cómo explicártelo hijo. Todo es un ciclo. A veces, cuando llega la primavera, contemplamos cómo florece el árbol del jardín o cómo unos pájaros hacen su nido en el tejado de nuestra casa. Pero llega un año, en el que ese árbol deja de florecer, o esos pájaros dejan de anidar. Entonces algo cambia, pero nuestros compulsivos movimientos diarios, apenas nos dejan ver más allá de los sucesos que tanto nos acechan y nos agobian, y que tan importantes son para nosotros, pero tan insignificantes son para los demás.

Eso creo que es lo que ha pasado, que no hemos sido capaces de mirar más allá de nuestro resquebrajado caparazón, y un día de repente todo se ha venido abajo, y lo que antes era tan importante, ahora simplemente ha dejado de existir.

 

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