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Sección: Poesía

El gato negro del amor

[20 Enero 2012]
Kepa Murua.
El gato negro del amor.
Calambur Poesía. Madrid, 2011.

Escritos entre 2005 y 2006, entre Londres, Toronto y Nueva York, los poemas de El gato negro del amor que publica Calambur componen un libro autobiográfico sobre el amor y la separación, un autorretrato sucesivo que se alimenta de la memoria y de la espera.

Confesionales e intensos, intimistas y distantes, los poemas de este libro lírico y narrativo proyectan su nostalgia y su esperanza en las figuras simbólicas de los gatos que, como los ángeles de Alberti, representan estados de ánimo, situaciones emocionales. Domésticos o callejeros, dóciles o rebeldes, son la imagen del pasado o del futuro, de la oscuridad solitaria o el color de la amistad.

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Lu Ji.
Wen fu.
Prosopoema del arte de la escritura.

Edición y traducción de
Pilar González España.
Cátedra. Madrid, 2010.

Así es el comienzo: se interioriza la visión, se adentran los sonidos. Se demora el pensamiento y todo se interroga.

Poesía y filosofía, literatura y tao, metáfora y psicología se funden en este Prosopoema del arte de la escritura que escribió Lu Ji en China a finales del siglo III.

Son poemas que hablan del poema, doscientos sesenta y dos versos, agrupados en quince capítulos y una coda, que constituyen una meditación metapoética sobre el proceso creativo en poesía, sobre la originalidad, la inseguridad del poeta, el misterio de la escritura, sobre la inspiración o la fusión de lenguaje y emoción transformada en luz en la caza nocturna del poema:

Desdeña las flores marchitas, ya abiertas, del amanecer, y quédate con los brotes tiernos, aún cerrados, de la noche.

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Alma, corazón y vida (como decía la vieja canción) sirven para identificar a esta heroína del sufrimiento poético que combinó como nadie la fusión entre vida y arte como claras reminiscencias del romanticismo más puro y exacerbado, que como muy bien dice Ana María Foix en Un espíritu prisionero (Círculo de Lectores-Galaxia Gutemberg, 1999) “Tsvietáieva constituyó una auténtica manera de ser, de sentir, de pensar y de morir, absolutamente incontaminada por ningún tipo de impostura”.

Su poesía es una poesía sin límites, como su forma de entender la vida, que se desplazaba más allá de las convulsiones políticas que le tocó vivir, para situarse en el territorio de los grandes sentimientos humanos: lealtad, pureza, dignidad, que como muy bien nos apunta José Luis Reina Palazón en el magistral prólogo que antecede a esta antología: “su posición a lo largo de su vida no se basa en ideas políticas sino en un sentimiento moral que le lleva siempre a estar de parte de los derrotados o de los leales a una fe imposible, que en palabras de la propia poeta queda como sigue: la política es una abominación evidente, de la que no se puede esperar otra cosa. ¿Tener una ética y entrar en política?” Lo que nos indica cómo fue toda su vida, una búsqueda de la mayor de las purezas, de aquello que era más sublime, porque Marina no se conformaba con todo aquello que se conformaban los demás. Insatisfacción vital sumergida en la necesidad de la escritura en forma de poesía donde poder construir un mundo a su medida, un mundo que se pareciera algo más a sus sueños. De ahí, nace lo que podíamos denominar como La poesía como sueño. Un viaje cargado de grandes ideales exentos de unas referencias que no fueran las suyas, alejada de modas y autores. En este sentido, J. L Reina muy acertadamente nos apunta que: “para Tsvietáieva la palabra no sólo sustituye al mundo exterior, sino que es el mundo en sí y que el mundo externo es sólo el motivo, real pero débil, de la creación de lo verdadero. Ella nos diría que la palabra es más objeto que el objeto mismo: es ella misma objeto, que sólo es un signo. Nombrar quiere decir objetivas, no representar”.
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La provocación es una de las armas que el artista puede utilizar a la hora de crear e intentar llegar lo más lejos posible en su faceta creadora, donde el mostrar más formal y académico se vuelve más libre y corrosivo. Todo esto llevado a los límites del espacio tiempo de nuestros días se torna en novedoso, diferente, original e incluso atrayente.

 

Luna Miguel, se sitúa más allá de los límites establecidos, y ya en el título de su poemario nos propone Poetry is not dead (La Poesía no ha muerto) como axioma de un lugar en el que existe un ínfimo espacio entre la vida y la muerte o entre lo correcto y lo incorrecto que va más allá de lo feo sobre lo hermoso, o de la rima más asonante sobre la disonante, porque ella, parece tener claro que sus universos poéticos o plásticos, se encuentran lejos de las fronteras existentes, porque las suyas son las “no” fronteras propias. A lo que hay que unir que este poemario ha recibido el Premio Hermanos Argensola 2010, en cuyo jurado, se encontraba entre otros Carlos Marzal, lo que nos vuelve a dar una nueva dimensión de los límites del mismo.

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Luis Alberto de Cuenca.
El cuervo y otros poemas góticos.
Ilustraciones de Miguel Ángel Martín.
Reino de Cordelia. Madrid, 2010.

Desde que a mediados del XVIII Horace Walpole fundó con El castillo de Otranto la literatura gótica, que tuvo su continuidad en el Romanticismo y en Poe y su renacimiento en el cine y en el cómic, el terror, la oscuridad, los vampiros y el mundo sobrecogedor que rebasa las fronteras de lo visible y de lo vivible han alimentado las fantasías y las pesadillas del hombre contemporáneo.

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