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La ciudad de la cultura

ISSN 1989 - 5658
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Sección: Literatura

La madurez como proceso evolutivo en la  vida de las personas tiene varias etapas, y la adolescencia es una de ellas, quizá la más agónica. A los catorce, quince o dieciséis años, todavía carecemos de las herramientas suficientes para construirnos nuestra propia existencia, y por ende, personalidad. Olive Tate lo hace como mejor sabe, o como mejor se siente, cabría decir. No huye, se refugia en su propia trinchera y se pone a observar. Como no le gusta lo que ve, se crea su propio universo. En ese espacio, los diccionarios y enciclopedias junto a las palabras, son una magnífica excusa para aprender a definir, y de paso, convertirse en la primera fase que le llevará a ponerle un nombre a aquello que siente, lo que quizá le sirve también, para conocerse un poco mejor a sí mismo y a los demás. De ahí salta a llevar un diario (no se me ocurre mejor momento para hacerlo que la tierna adolescencia), perdón, registro tal y como él lo bautiza, donde da su versión de los hechos. El diario se convierte en su hábitat natural y en la fortaleza de su sentido de la vida. Ahí disecciona su relación con Jordana, su novia, y expía la inmadura madurez de sus padres, que al borde de la separación, le sirven de conejillos de indias para la expresión de su incapacidad para adaptarse a un mundo que él no ve como suyo. Es en esta tarea, donde Joe Dunthorne y su personaje Oliver Tate, demuestran lo que podríamos denominar como lado más irónico, sarcástico y cómico de la historia, porque rodea de grandes dosis de humor los capítulos en los que aborda esta misión imposible.

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Marcel Proust.
Los salones y la vida de París.
Prólogo de Luis Antonio de Villena.
Traducción deEduardo Caballero Calderón.
Ediciones Espuela de Plata. Sevilla, 2011.

Con prólogo de Luis Antonio de Villena, Espuela de Plata recoge en un volumen los artículos juveniles de un Proust diletante que pasea su mirada y su palabra por los salones de la alta sociedad parisina en el Faubourg Saint-Germain. Muchos de los ambientes y de los personajes que reflejó en estas crónicas de sociedad pasarían a formar parte de la serie En busca del tiempo perdido. El tiempo crepuscular, la memoria de la infancia, el refinamiento decadente recorren estos textos delicados y evocadores que prefiguran el mundo de Guermantes y reflejan su alma, algo fantástico, melancólico y acariciante, como una frase de Schumann.

El gato negro del amor

[20 Enero 2012]
Kepa Murua.
El gato negro del amor.
Calambur Poesía. Madrid, 2011.

Escritos entre 2005 y 2006, entre Londres, Toronto y Nueva York, los poemas de El gato negro del amor que publica Calambur componen un libro autobiográfico sobre el amor y la separación, un autorretrato sucesivo que se alimenta de la memoria y de la espera.

Confesionales e intensos, intimistas y distantes, los poemas de este libro lírico y narrativo proyectan su nostalgia y su esperanza en las figuras simbólicas de los gatos que, como los ángeles de Alberti, representan estados de ánimo, situaciones emocionales. Domésticos o callejeros, dóciles o rebeldes, son la imagen del pasado o del futuro, de la oscuridad solitaria o el color de la amistad.

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Guy de Maupassant.
Cuentos completos.
Edición y traducción de Mauro Armiño.
Páginas de Espuma. Madrid, 2011.

En dos espectaculares volúmenes en tapa dura con estuche, Páginas de Espuma publica por primera vez en español la totalidad de la narrativa breve de Guy de Maupassant, en una edición preparada y traducida por Mauro Armiño.

Maestro de la narrativa breve y la palabra justa, Maupassant (1850-1893) es para muchos no sólo el más actual de los narradores naturalistas, sino uno de los mejores escritores de relatos cortos de la historia de la literatura.

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Partir de la última esperanza de los sueños hacia el fin. Erigirse en la heroína de la derrota. Recorrer los ecos de otras voces y las grietas de otros ámbitos. Así se defiende de sí misma la protagonista de esta novela. No hay certezas, si no hechos, que como una catapulta te trasladan al otro lado de la muralla donde ya no existe la sociedad y el mundo tal y como lo conocemos, sino sólo la intemperie y la desnudez de aquellos que se saben avocados a un final; un desenlace que se torna despiadado como la civilización que nos domina, silenciosa e impasible ante los débiles y los diferentes. Aquí no hay razas, ni ricos ni pobres, sólo la exposición de las entrañas hacia el exterior de una forma distinta, única, poética, nihilista…
Las claves de esta singladura, y sus imposturas hacia lo imposible, ya vienen implícitas en las primeras líneas de esta intensa, maravillosa, apocalíptica y poética novela. Estas primeras palabras hieren y hacen daño a los sentidos, y sobre todo, son una sinopsis perfecta que nos anuncia todo: “Día 1. Arrecia el frío y aquí, en el Puesto del Este, empiezan a escasear las vituallas. Nueves meses de sitio son mucho tiempo. Ellos siguen ahí afuera, ya casi nunca se les oye, pero podemos sentir su tensión y oímos también las patas de sus perros. Su silencio es casi peor que lo otro. El capitán partió a buscar algo, sólo eso, algo. Salió sin despedirse para no romper esto que llamamos equilibrio y que sólo es una representación a punto de romperse. Su ausencia resta ánimos a la tropa. Afortunadamente, están los niños y eso nos obliga a mantener el ánimo.”

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