Hace más de 300.000 años Europa estaba habitada por unos hombres de complexión fuerte, dotados de una musculatura extraordinariamente desarrollada y una capacidad cerebral que alcanzaba 1.500 cm3, muy por encima de cualquier otro “homo” incluyéndonos a nosotros, Homo Sapiens Sapiens.
Evolucionaron en Europa durante cientos de miles de años en condiciones de aislamiento geográfico y genético como ejemplo de su extraordinaria adaptación al clima frío del Pleistoceno. Reciben el nombre de Homo Neanderthalensis por encontrarse en 1856 un cráneo en el valle Neander (Alemania), aunque cabe subrayar que en 1848 ya se encontró un cráneo “Neandertal” en Gibraltar al cual no se le dio en ese momento ningún valor arqueológico. Hoy Gibraltar es el último lugar donde Neandertal dejó huella de su existencia hace 30.000 años.
Neandertal vivía en cuevas de forma temporal y su comunidad solía configurarse en grupos de veinticinco a treinta miembros. Cazadores, carroñeros y hábiles recolectores debían ingerir diariamente el doble de consumo calórico para mantener su actividad física y mental. Poseían conocimiento de la tecnología del fuego y además disponían de una complejidad social marcada por el conocimiento del simbolismo a través de rituales y ceremonias. Aunque se constata presencia de un lenguaje, este sería limitado fonéticamente. Sus herramientas de piedra alcanzaron el perfeccionamiento a través de la técnica de Levallois consiguiendo lascas cada vez más alargadas y cortantes, sin duda una ventaja para la eficiencia en la caza mayor.









