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ISSN 1989 - 5658
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Sección: Historia

Decimatio: la crueldad de Roma

[18 February 2016]
SPQR

El senado y el pueblo de Roma

Cuando el bueno de Obélix, el inseparable y fiel compañero de Astérix el galo, dice aquello de “están locos estos romanos” no le falta razón y es que para algunas cosas los romanos eran un poquito animales y si por algo se caracterizaron a la hora de aplicar castigos fue por su crueldad inmisericorde. Durante siglos las legiones de Roma fueron prácticamente invencibles gracias a la férrea disciplina que demostraban en batalla, disciplina que provenía tanto de la buena preparación de sus legionarios fruto de una vida dedicada al servicio militar, como de los durísimos castigos que estos debían afrontar en caso de incumplimiento del deber.

Marco Licinio Craso

Marco Licinio Craso ordenó la diezma de dos legiones

En la vida del legionario el castigo físico era muy habitual y hasta las faltas más leves eran sancionadas con azotes propinados por el centurión con su vitis, una vara corta hecha de sarmiento de parra. En lo que se refiere a las faltas leves los centuriones gozaban de bastante libertad a la hora de decidir si éstas merecían ser castigadas o no, en cambio para penas mayores, especialmente de muerte, se precisaba la aprobación de oficiales superiores. Si un soldado abandonaba su guardia, sin importar el motivo, o se quedaba dormido en su turno era condenado a muerte por apaleamiento o lapidación. Los ejecutores eran, además, sus propios compañeros cuyas vidas había puesto en peligro el infractor. Se repartían unas varas de madera entre los legionarios, el sentenciado era despojado de sus ropas y, desnudo, era rodeado por los demás. En cuestión de minutos era molido a palos hasta morir. Las deserciones se castigaban con igual dureza pero con una muerte considerada indigna, la crucifixión. Con semejantes castigos es fácil suponer que las deserciones o incumplimientos del servicio se redujeron a la mínima expresión en el ejército romano.
Una de las acepciones que el DRAE da para la palabra diezmar es “castigar a uno de cada diez cuando son muchos los delincuentes o cuando son desconocidos entre muchos” Para encontrar el origen de este definición hay que remontarse de nuevo al Imperio Romano, en concreto al peor castigo que podían sufrir las legiones no sólo por su dureza sino por la humillación que implicaba para la misma.
Si una legión era considerada culpable de cobardía, de abandono ignominioso del campo de batalla o de amotinamiento, se podía imponer la pena de la decimatio. Diezmar una legión consistía en ajusticiar a uno de cada diez legionarios. La elección de los desafortunados se dejaba en manos del azar, los soldados eran divididos en grupos de diez y echaban a suertes, sin distinción de rango ni condición, quien era el desafortunado que iba a morir y el elegido era ejecutado por los otros 9 a golpes o lapidado. Si alguien se negaban podían ser condenados todos por lo que era mucho mejor mantener la boca cerrada y cumplir con la pena. Una vez pronunciada la sentencia los legionarios no podían apelar a nadie ya que el general al mando de una Legión era la máxima autoridad y gozaba de plenos poderes sobre sus hombres.

Los soldados debían ajusticiar a sus propios compañeros

Los soldados debían ajusticiar a sus propios compañeros

Es cierto que este castigo nunca fue habitual ya que resultaba contraproducente por desmoralizante y es que lo de moler a palos a un compañeros no contribuía precisamente a levantar el ánimo de nadie y predisponía a la tropa contra el general que ordenaba la matanza. Aún así hay testimonios de ello. Durante la revuelta de esclavos liderada por el tracio Espartaco, entre 73 y 71 a.C., Marco Licinio Craso recibió el mando de seis legiones de nueva formación que se sumaron a las dos supervivientes de los anteriores cónsules Léntulo y Gelio, vencidas por las tropas Espartaco. Craso consideró que la derrota frente a una turba de esclavos era una vergüenza para las armas de Roma y ordenó la diezma de dichas legiones. Una legión de aquella época venía a constar de unos 5.000 hombres así que podéis haceros una idea de lo dramático que resultaba el castigo. Cada legión se dividía en diez cohortes y podía darse el caso de que el castigo se aplicase, exclusivamente, sobre una de ellas también por sorteo. Los soldados supervivientes debían dormir fuera del recinto del campamento, con el peligro que ello entrañaba, y se les cambiaba su ración de trigo por cebada. La mancha de una decimatio tardaba en ser borrada de la memoria colectiva tanto de la Legión implicada como del pueblo de Roma y los soldados supervivientes se afanaban en limpiar su honor y el de laLegión en el campo de batalla, asumiendo habitualmente operaciones de riesgo que demostrasen su valor.

felipe IV

 Se dice de Felipe IV que era un tipo lacónico, conciso y callado, tímido incluso. Durante su reinado, el conocido como Rey Planeta, vivió los momentos más duros que la Monarquía Hispánica hubo de soportar durante el gobierno de la Casa de Austria.

A mediados de la década de los 30 del siglo XVII la Monarquía Hispánica agoniza batallando en múltiples frentes contra casi toda Europa, escasos y débiles los aliados, muchos y poderosos los enemigos. Aun así los Tercios siguen siendo temidos y odiados a partes iguales, el Imperio ultramarino, pese a los esfuerzos de ingleses y holandeses, sigue intacto y así se mantuvo hasta la independencia de las colonias. Es tal el prestigio de la Monarquía que la todopoderosa Francia de Luis XIII y el cardenal Richelieu se mantiene al margen de la guerra que desangra Europa, esperando el momento definitivo para apuntillar el poder los Austrias hispanos. Ese momento llegó, irónicamente, tras una gran victoria española.

Corre el año de 1634, las armas católicas al mando del Cardenal Infante Fernando de Austria, hermano del Rey de España, y un ejército imperial alemán, barren del campo de batalla de Nördlingen al ejército sueco, aliado de Francia. El bando protestante pierde el control del sur de Alemania y Richelieu decide que ha llegado el momento de intervenir antes de que sea demasiado tarde.

Don Gaspar de Guzmán, conde de Olivares y duque de  Sanlúcar la Mayor, valido de Felipe IV, recibió la noticia con resignación, pues como gran estadista sabía con certeza que Richelieu no iba a quedarse de brazos cruzados ante el gran conflicto que asolaba Europa. Cuentan que dijo: “O lo perdemos todo, o Castilla se convierte en dueña del mundo” Pero Castilla no puede sustentar semejante esfuerzo bélico y económico. Castilla está exhausta y necesita ayuda y el Conde Duque es consciente de que están más cerca de perderlo todo que de dominar el mundo. Contra Francia tal vez, pero a Francia se unía a una larga lista de enemigos: Inglaterra, Holanda, Suecia, Dinamarca, los príncipes protestantes alemanes…
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miguel gil

“Para un reportero en una guerra, territorio comanche es el lugar donde el instinto dice que pares el coche y des media vuelta; donde siempre parece a punto de anochecer y caminas pegado a las paredes, hacia los tiros que suenan a lo lejos, mientras escuchas el ruido de tus pasos sobre los cristales rotos. El suelo de las guerras está siempre cubierto de cristales rotos. Territorio comanche es allí donde los oyes crujir bajo tus botas, y aunque no ves a nadie sabes que te están mirando.” La misma atmósfera en la que Marta Gellhorn tiraba piedras a un estanque, sin importarle que efecto hicieran las piedras en el estanque, pero al menos, ella tiraba piedras. Pérez Reverte y Gellhorn compartieron oficina y oficio, miradas camufladas hacia una misma realidad tantas veces repetida. Ambos son dos protagonistas más de Los ojos de la guerra.

La muerte preside desde su pedestal intocable la reconstrucción de un puzle que se fracciona a diario, a pesar de que la sociedad no lo perciba. Cada pieza se adhiere a la anterior a través de 460 páginas, se construye la verdad, más próxima, a la vida y profesión de Miguel Gil Moreno (Corresponsal de guerra, 1967-2000) muerto por una emboscada cuando trabajaba en Sierra Leona. El conflicto visto desde 70 miradas hundidas en las miserias del periodismo más amargo, cruel y doloroso. Pero, también, del más humano, del más odiado, temido y subyugado. Una compilación que evoca el recuerdo y homenaje a uno de los corresponsales más intrépidos del periodismo contemporáneo. Sin embargo, destacar solo el factor emotivo sería quedarse en la piel del oficio. Los ojos de la guerra es un canal abierto al debate. Un cuestionamiento áspero de la profesión en terreno de fuego y del juego interesado de los medios de comunicación inmersos en sus preocupaciones económicas.

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Sexo milenario

Sexo milenario

Este abrazo de dos amantes, tallado en un canto rodado en Judea hace once mil años, es la representación más antigua que se conoce de una pareja practicando sexo.

Está expuesto en una caja en la Sala de Manuscritos del British Museum y forma parte de la selección que resume La historia del mundo en 100 objetos, un espectacular libro escrito por Neil MacGregor, que lleva una década como director del museo, como guión de A history of the world in 100 objects, una serie de programas radiofónicos que emitió la BBC en 2010.
El objetivo de la serie era hacer un viaje por la evolución de la humanidad a través del tiempo, de distintos lugares del mundo y de diversas civilizaciones. Se trataba, y a eso respondieron sus programas y los capítulos de este volumen, de seleccionar cien objetos que debían abarcar el mundo entero y reflejar la enorme variedad de la experiencia humana, de las civilizaciones y de las diferentes capas sociales.

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Acaba de trascender la noticia de que la Asamblea de Madrid ha decidido solicitar al órgano ejecutivo de la Comunidad de Madrid que declare al Café de Gijón Bien de Interés Cultural (BIC).

Esta buena noticia sigue a otra anterior según la cual existía el riesgo de cierre del emblemático café en virtud de que su terraza podía resultar adjudicada a otra empresa distinta a la que explota el Café de Gijón en la actualidad.
Esta situación me genera las siguientes reflexiones.
En primer lugar me parece un desacierto convocar a concurso la explotación de la terraza del Café de Gijón en tanto ésta integra un conjunto inescindible con el histórico salón. Es verdad, sin embargo, que la terraza se asienta en un espacio del dominio público que está sujeto a una reglamentación especial para su explotación por los particulares.
Esto quiere decir que el espacio donde está instalada la terraza no pertenece al Café de Gijón sino que éste accede a él a través de un régimen de concesión administrativa en cuya virtud nunca se otorga, como es natural, derechos definitivos al concesionario.
Ahora bien, dada la singularidad del incuestionable “hecho cultural” que supone la historia del Café de Gijón y su terraza –como muy bien lo reconoce la Asamblea de Madrid-, no debió convocarse un concurso como el que se convocó.
¿Por qué?
Porque podría ocurrir que lo ganara una empresa distinta con el consiguiente perjuicio económico al conjunto cultural y comercial que integra el salón del café y su terraza.
En mi opinión, debió buscarse una solución singular para una situación singular. Leer más…

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