Señor Chinarro y Antonio Luque, el misterio del santísimo binomio, obran como un surtidor imparable de genio; como una aparición barbada de un Jesucristo del indie musical que transita con vehemencia y convicción -quizá lo haya hecho siempre y él lo sabe- por los senderos encabronados de la literatura.
Señor Chinarro calza una estética más rockera. Algo de cuero liviano y mucho pelo, cano y rizado; Antonio Luque viste muy distinto a sus primeros conciertos, cuando figuraba en los escenarios arropado, únicamente, por el minimalismo de un polo verde y la carga desbordante de lírica onírica, surrealista, que ha ido puliendo desde sus desbordantes inicios -algunos lo llaman época de mayor oscuridad-, hasta el disco Presidente. Entendamos esta claridad como una mayor concesión a los gustos de la mayoría. Pero a Chinarro, que recorre la piel de toro en plena gira promocional, le mueve la literatura: podríamos decir que Antonio Luque encarna el caso prototípico de escritor que encauza su torrente creativo en una primera etapa a través de la música: después, aun obteniendo éxito, sabe que es en la literatura impresa donde se halla el verdadero, y canónico, medio de expresión. Leer más…








