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La ciudad de la cultura

ISSN 1989 - 5658
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Sección: Destacados

tour1Aprovechando el Tour de Francia, en civiNova, grandes aficionados al deporte más exigente y épico, hemos decidido organizar un certamen de microrrelatos dedicados al ciclismo. Podéis colgar vuestros relatos en la ciudad de la cultura www.civinova.org. El relato ganador será publicado en la revista, y su autor recibirá un recuerdo, cortesía de civiNova.

grecoEl visitante del Museo del Prado podrá admirar en sus salas esta singular obra de El Greco, Vista y plano de Toledo, en la que el pintor –a diferencia de los fragmentos representados en otras obras- muestra una imagen múltiple de la ciudad: además de la vista en perspectiva de la misma, la pintura incluye un plano detallado del entramado urbano, ofrecido al espectador por un joven pintado con la factura deshecha característica de la época final de El Greco. La complejidad de la visión incluyó además una alegoría del río Tajo –la escultura dorada que vierte el agua y la prosperidad- y la imagen religiosa más significativa del lugar: la Virgen imponiendo la casulla a San Ildefonso. Por otra parte, destaca la situación del Hospital de Tavera, apareciendo sobre una nube, en referencia explícita al administrador del edificio, Pedro Salazar de Mendoza, amigo del pintor y probablemente autor del encargo de la obra.

Con el fin de ilustrar la presencia de Toledo en muchas de las obras más emblemáticas de El Greco, la Vista y Plano se exhibirá en la sala 8A, que se suma provisionalmente a las dos salas permanentes dedicadas al artista en el Prado, acompañada por otras tres pinturas del pintor: San Sebastián, San Andrés y San Francisco y San Bernardino; ésta última propiedad del Museo del Prado pero depositada en el Museo del Greco (Toledo) desde la apertura del mismo y recuperada temporalmente con motivo de la restauración arquitectónica del edificio, al que regresará cuando se reabra. Durante su instalación especial en esta sala, las tres obras cuentan con sendas cartelas adicionales en las que se indica qué edificios emblemáticos de la ciudad aparecen representados en cada una, como el castillo de San Servando, el puente de Alcántara, el Alcázar, el monasterio de San Bartolomé o la capilla de Montero, hitos urbanos que el público podrá buscar e identificar también en la Vista y plano de Toledo.

 

Fuente:  Museo del Prado

tour1924Coincidiendo con el Tour de Francia, Melusina pone hoy en las librerías Los forzados de la carretera, una estupenda colección de crónicas que Albert Londres realizó durante el Tour de Francia de 1924 para Le Petit Parisien, el periódico de más tirada en la Francia de los años veinte.

Era la edición número dieciocho de una carrera que entonces era literalmente una vuelta a Francia, con un trazado que calcaba el contorno del país. Ya había acreditado su dureza extrema y por eso el cronista tituló estos reportajes Tour de France, tour de souffrance!, que más allá del juego de palabras destacaba la exigencia de unas etapas que llegaban a durar veinte horas.

Las quince del Tour de 1924 completaban un trazado de más de 5400 kilómetros entre París y París, en etapas brutales de 360 kilómetros de promedio. Los ciclistas salían de noche y llegaban a la meta bien avanzada la tarde. Los que llegaban, porque de los 325 corredores inscritos terminaron la carrera sólo 60, tras pasar entre pinchazo y pinchazo por el Aubisque, el Tourmalet y el Aspin en una sola etapa interminable o cruzar los Alpes por el Isoard y el Galibier.

De manera que cuando a uno de los ciclistas, el que llevaba el maillot rojo, le preguntaban si eran más duras las etapas largas o los grandes puertos, contestaba con lógica implacable:

- Las etapas largas y los grandes puertos.

Quien lo ganó ese año y el siguiente, el italiano Ottavio Bottecchia, un antiguo albañil del Friuli, murió en 1927 apedreado por un campesino que pensó que estaba robando en sus viñedos.

Para contarlo estaba Albert Londres, un antiguo corresponsal de guerra, uno de los periodistas míticos del siglo XX, que se desplaza con el pelotón y narra la carrera desde dentro con pericia de cronista y un constante sentido del humor:
Existen fantasistas que se tragan ladrillos y otros a ranas vivas. He visto a faquires que ”escupen” plomo fundido. Son personas normales. Los verdaderos chiflados son algunos iluminados que el 22 de junio abandonaron París para comer polvo. Los conozco bien; formo parte de ellos.

Con crónicas magistrales como las que recoge este volumen, traducido por Joan Pere Escrig y acompañado de abundante material fotográfico, se construyó la mitología de una carrera que pese a todo se mantiene hoy, tan pujante como siempre.

juliogonzalez

En la muestra se puede ver la única obra hecha en común por Picasso y Julio González, un grabado de 1929-1930

La exposición, “Julio González. Los límites del metal”. Una muestra que recoge una selección de obras de Julio González, que forman parte de los fondos de la colección del IVAM y que permanecerá en Málaga durante todo el verano. Se podrá visitar en la Sala de Exposiciones que la Fundación Picasso tiene en la de la Plaza de la Merced 13, hasta el 4 de octubre de 2009.

Se trata de la muestra más importante que sobre el artista catalán amigo de Picasso se ha desarrollado en la ciudad. Ya en la década de los 90 Málaga albergó una exposición del autor en el Colegio de Arquitectos. El horario de visitas es de 9.30 a 20 horas, de lunes a domingo (cerrado los festivos).

“Los límites del metal”, compuesta por 14 esculturas, 17 dibujos, 6 relieves, 2 pinturas, 12 piezas de orfebrería y un grabado, es fruto del convenio de colaboración suscrito entre la Fundación Picasso y el IVAM. La colaboración entre ambos museos se inició el pasado 20 de enero cuando se inauguró en el museo valenciano “Julio González versus Pablo Picasso”, en la que se mostraba el Cuaderno número 7 de “Las señoritas de Avignon”, propiedad del Ayuntamiento de Málaga.

La exposición configura una visión representativa de la trayectoria de Julio González y reúne la diversidad de técnicas y lenguajes utilizados en su expresión artística. Todos los periodos creativos de su cronología artística están representados en la muestra, desde su pintura y orfebrería de principios del siglo XX, a sus experimentos figurativos iniciados en la década de los años 20, e incluye tanto sus grandes esculturas de los años treinta como algunas obras realizadas en los últimos meses de su vida. En la exposición se puede ver, también, la única obra hecha en común por Picasso y Julio González, un grabado de 1929-1930 y una significativa selección de piezas de joyería realizadas entre 1908 y 1940.

JULIO GONZÁLEZ

Julio González (Barcelona, 1876-Arcueil, Francia, 1942) es uno de los mayores artistas españoles de su tiempo, un pionero de la experimentación cuya obra recorrió el camino entre el Modernismo y las vanguardias. Amigo de Picasso desde 1899 hasta la muerte del escultor, González dejó una profunda huella en el artista malagueño. Su obra se encuentra en los más importantes museos de arte moderno entre los que destacan el Musée National d’Art Moderne-Centre George Pompidou (París), el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (Madrid), y el Museum of Modern Art de Nueva York. La colección del IVAM está considerada como la más completa de las existentes sobre la obra del escultor. Consta de aproximadamente 394 obras (esculturas, dibujos, orfebrería, pinturas y relieves) y se inició en 1985 a partir de adquisiciones y donaciones.

Julio González comenzó sus trabajos artísticos mientras seguía el proceso de aprendizaje del oficio paterno en el taller de forja artística que su familia regentaba en Barcelona. Fue durante sus años de formación en la Escuela de Bellas Artes de la Lonja de Barcelona cuando se produjeron los primeros encuentros de los hermanos José y Julio González con Pablo Picasso.

En 1900 Julio González se trasladó a París con su familia e instaló un taller de orfebrería, que sería prácticamente la única fuente de ingresos del artista a lo largo de su vida y también su ocupación principal hasta comienzos de la década de los años 20. Antes de este periodo, además de su dedicación a la orfebrería, Julio González había cultivado también la pintura y la escultura, bajo las influencias del Modernismo y del Novecentismo. En su escultura aparecen también referencias a Rodin, a Maillol y a Gauguin, (de cuyo arte pudo tener conocimiento a través de su amigo Paco Durrio). Algunos de los temas de estas obras de juventud, como la maternidad o la mujer peinándose, se mantuvieron en su obra posterior, así como ciertos rasgos de su personalidad artística, como la sensibilidad por los materiales pobres, la austeridad de recursos expresivos o la emotividad contenida.

Hacia 1928 el interés de Picasso por la escultura en metal, le condujo al taller de Julio González para aprender la técnica de la soldadura, hasta 1931 ambos amigos compartieron horas de trabajo, aportaron soluciones técnicas en la creación de obras de gran audacia formal, fue de esta experiencia de donde surgió el Picasso escultor y Julio González definió su vocación por la escultura empleando el hierro y la soldadura.

La obra de Julio González, aunque inicialmente acusó la influencia del Modernismo, alcanzó a consolidar una transacción entre realidad y abstracción, constituyendo una vía intermedia entre el clasicismo de la masa con forma humana y la construcción del volumen abstracto. Incluso en sus esculturas más próximas al Cubismo plasma variaciones sobre el cuerpo humano que conviven con una arquitectura abstracta. Julio González inventó un estilo directo, ascético, que transforma la realidad en signos, que pueden ser vistos como abstractos. En algunas de sus obras la materia se reduce a líneas que acotan un vacío y constituyen “un dibujo en el espacio”. Julio González recuperó un material para la escultura, el hierro y enseñó una nueva manera de trabajarlo para los fines del arte.

4-francisco-de-zurbar__n_-bodeg__n_03La exposición El bodegón español en el Prado constituye un acontecimiento cultural de destacado interés, considerando la extraordinaria calidad de las obras que se han reunido, la importancia de los maestros que las realizaron y la amplitud cronológica que abarca, desde comienzos del siglo XVII hasta mediados del XIX. A través de las creaciones de Van der Hamen, Zurbarán, Pereda, Arellano, Meléndez, Paret, Goya y Lucas, entre otros muchos autores, la muestra recorre la evolución de uno de los géneros pictóricos más sugestivos, el del bodegón, al que se suma el de los asuntos en los que predominan las flores, desde la fase inicial del Barroco hasta el Romanticismo.

Tan singular proyecto, compuesto exclusivamente por cuadros del Museo del Prado, ofrece a los visitantes la oportunidad de observar y valorar la rica evolución de la escuela española consagrada a la naturaleza muerta y admirar el genio de sus creadores, puesto que fueron muchos los pintores de primer orden que se dedicaron con sus pinceles a reflejar aspectos del mundo en derredor, con una maestría que hoy permite apreciar numerosos pormenores de la vida cotidiana de diferentes épocas.

La pintura de bodegones contribuye a establecer una de las múltiples facetas de la imagen histórica que se tiene de España, merced al punto de vista que ofrecen sus temas del día a día, en este caso los alimentos, los objetos de cocina y los utensilios caseros habituales, así como ciertas formas de las relaciones sociales, la gastronomía, las cocinas e incluso el ámbito de la decoración; además goza de una especial significación en razón de la carga simbólica que gran parte de sus obras poseen, debido a las alegorías que encarnan y a los mensajes que difunden, que van desde el espíritu religioso hasta la expresión material de la prosperidad.

Tïtulo
El bodegón español en el Prado

Fechas
24 de junio – 20 de septiembre de 2009

Lugar
Sede Fundación Caixa Galicia. A Coruña

Comisario
Juan J. Luna, Jefe del Departamento de Pintura del Siglo XVIII del Museo Nacional del Prado

 

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