Santi, Diego, Víctor y Nacho son amigos desde la infancia. Las apuestas han marcado sus vidas desde muy jóvenes, pero la última hizo que la amistad con Nacho se desvaneciera por completo.
Años después, la muerte del amigo los reunirá de nuevo para realizar la apuesta póstuma de amigo Nacho. El ganador conseguirá la herencia de éste valorada en 17 millones de euros. Los tres amigos lucharán, competirán, mentirán y vivirán situaciones límite. La apuesta afectara a sus vidas personales y hará que sus respectivos mundos se tambaleen y pongan en peligro lo que es más importante para cada uno, poniendo a prueba sus principios y su amistad. Leer más…
Sección: Cine
Solo una noche: el miedo en medio de un mar de dudas
El poder de las pequeñas cosas, a veces nos transforma y convierte a nuestras vidas, apacibles y ordenadas, en un mar de dudas, que capitaneado por el miedo a perderlo todo, nos impide empezar una nueva vida gobernada por los instintos. La tentación que desemboca en las grietas del deseo y que nos lleva a los territorios donde las reglas morales en las que nos desenvolvemos diariamente nos dicen que no debemos entrar, se contraponen y juegan al peligroso juego de la atracción y del deseo sexual que no siempre desemboca en una apasionada escena de cama, porque en ocasiones sólo transita por nuestra mente, lo que no significa que nos deje indiferentes.
Cuando algo funciona no lo toques, y ese axioma es el que han llevado a la práctica hasta sus últimas consecuencias el equipo al completo de la segunda entrega de aquella fresca y singular Resacón en Las Vegas, y que si tan sólo nos atenemos a los resultados de taquilla en los EE.UU. (a fin y a la postre es lo único que le interesa a la industria del cine) han vuelto a dar en el clavo, lo que nos lleva a plantearnos la escasa capacidad de exigencia de un público dominado y perdido por la falta de originalidad, que ya se traga todo lo que le echen, y que a su vez, da por bueno aquello que a pesar de repetirse hasta la extenuación no nos hace replantearnos las ideas preconcebidas que tenemos antes de entrar a una sala de cine. Porque no nos engañemos, ese es el resultado final de esta fallida Resacón 2, donde lo único que cambia es el lugar donde se desarrolla la acción, pero el resto del paquete es igual al anterior, por más que sus guionistas Scot Amstrong y Craig Mazin acompañados del director y productor Todd Philips hayan tratado de hilvanar una historia donde se denota el esfuerzo que han hecho a la hora de presentarnos un sinfín de pistas que nos van llevando al desenlace final de esta película, de la que podemos decir en su contra, que ya sabíamos cómo acabaría antes de empezar, pues hasta el spoiler (álbum de fotos en los créditos) es una copia de la anterior entrega, y que en este caso también, se muestra como lo mejor de la película.Leer más…
Hanna: una caperucita que dispara a matar
La película comienza como acaba, con un impactante disparo en forma de cartel, con las letras de Hanna en blanco sobre un fondo rojo, y tan distorsionadas en su altura, que parece que la sangre se escurre por ellas. Detrás de esa primera imagen, se esconden los ojos fríos y profundos de Saoirse Ronan, una caperucita entrenada para matar, que protagoniza un film de acción que quiere ser algo más, pero que sólo se queda en el intento, a pesar de la potente música de The Chemical Brothers, o esa forma de rodar de Joe Wright, que intenta meternos en el interior de los personajes con unos primerísimos y abusivos a veces primeros planos, a los que fusiona con una reproducción de la respiración (sobre todo de la protagonista) con la que intenta meternos dentro de su piel, algo difícil de conseguir, porque en el caso de Hanna (Saoirse Ronan), su personaje se muestra fría, calculadora y siempre en tensión durante toda la película, en la que se pasa la mayor parte del tiempo inmersa en acciones de pura acción (a veces distorsionadas con giros de cámara imposibles) o corriendo, en un perfecto símil de huida al estilo caperucita roja, pero esta vez, disparando a matar. Leer más…
Detrás de las magníficas estampas de París, a las que el Sr. Allen dota de una maravillosa y tenue luz por el día, y de una más que envolvente y romántica luminosidad de noche (ambas circunstancias puestas en solfa por los propios parisinos que dicen no conocer esa bella ciudad que en la película se les muestra) está el Woody Allen de siempre, porque hasta para que no le falte de nada a este inicio de postal fotográfica, el director nortemaericano nos lo adereza con música de jazz interpretada suponemos que por él mismo y su clariente. Lo que nos lleva a concluir que en Midnight in Paris podemos ver al Allen de siempre. Un creador atrapado por sus obsesiones, que en esta ocasión van desde la lucha dual entre realidad-ficción, hasta esa imperiosa necesidad de salir indemne a la hora de realizar aquello que desea, aunque ello le lleve a andar por aguas turbulentas, pasando por esa necesidad de huida constante en la búsqueda de su felicidad. Una salida de emergencia que le lleva a situaciones en principio grotescas, pero que inciden en el psicoanálisis íntimo del director nortemaericano.





