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La ciudad de la cultura

ISSN 1989 - 5658
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Sección: Cine

Los tonos grises del blanco y negro le sientan a esta película como las canas a un galán pasados los cincuenta, acertados e interesantes, porque más allá del contraste cromático de sus reflejos, éstos se comportan como una gran epopeya de la existencia humana, que sin necesidad de guerras, poseen ese poso trágico que posee toda vida que merezca la pena de ser vivida. La historia del boxeador que llega al estrellato desde la pobreza no es nueva ni lo será, pero Cuerpo y Alma, de Robert Rossen, presume de ser una de las cuatro o cinco mejores películas de la historia del cine que abordan el mundo del boxeo, y eso, a pesar de las poco afortunadas escenas dentro del cuadrilátero que la misma tiene. Pero por mucho que no nos queramos dar cuenta, las cuerdas del cuadrilátero son sólo los límites del decorado que acompañan a esta historia de éxitos y fracasos, de felicidad y tristezas, porque la fecha de 1947 no se nos debe olvidar que es el punto de partida del renacimiento de un nuevo mundo tras la Segunda Gran Guerra, donde millones de personas perdieron la vida para dar paso a lo que actualmente conocemos como el estado del bienestar, y al inicio de ese trayecto de historia, aparece este film, que tampoco es ajeno a la polémica política, pues tanto el guionista Abraham Polonsky como el director Robert Rossen y parte del equipo, fueron víctimas de su militancia en el Partido Comunista, y por ende, de la caza de brujas, y tuvieron que huir de un país de acogida como EE.UU. hasta Italia o España. Leer más…

Hay cineastas como Malick, que nos proponen la búsqueda de la felicidad a través del dolor, y otros como Paul Feig, que nos la enseñan a través del reverso de la moneda de una boda, que en este caso, aparece disfrazada bajo el leitmotiv de comedia gamberra protagonizada por mujeres. Pero si nos detenemos ahí, creo que no llegaremos a ningún lugar, porque lo que se nos muestra, no nos permite adivinar nada nuevo bajo el sol, salvo si queremos ver en la trama la presencia masiva de mujeres en la pantalla, pero poco más. Sin embargo, el reto al que se enfrenta este film, es la de intentar hacernos ver, que tras la gran noticia que supone el anuncio de la boda de la mejor amiga de la protagonista, hay una historia que marcha en paralelo a esa inicial propuesta, y que en esta ocasión, se comporta como la verdadera acción de un guión, en el que ha participado su protagonista Kristen Wiig junto a Annie Mumolo, y que intenta mostrarnos ese otro lado de la felicidad. Leer más…

Al principio de la película, la voz en off de Jessica Chastain recuerda que las monjas en el colegio le dijeron que en la vida hay dos opciones: una, tirar por la senda de lo espiritual, y otra, ir caminado de la mano de la naturaleza. La primera a veces te quitará aquello que es tuyo y nunca te agradecerá lo suficiente todo lo bueno que hagas; la segunda sin embargo, siempre se mostrará con una fuerza arrolladora que te hará disfrutar de lo más bello de la vida, pero su egoísmo también lo arrollará todo. Sobre este axioma entre lo divino y lo humano, Terrence Malick divaga durante más de dos horas sobre el valor de la existencia, y lo hace con imágenes que tienen valor en sí mismas (¿qué dirían de este tipo de cine Eric Rohmer o Kiarostami), y con las que se lanza a la búsqueda de la felicidad en un juego introspectivo donde la plasticidad de su imágenes y el simbolismo que engendran, tienen tanto valor o más que la propia acción o los diálogos (que apenas existen), convirtiendo en protagonista al lenguaje gestual, y que en el caso de Jessica Chastain, se vuelve en bello y cristalino. Leer más…

El perfil del asesino en serie que interpreta Christian Bale, es una macabra y extraordinaria muestra de la transformación que experimenta el final de una época. El entusiasmo, la versatilidad y el desenfreno económico y cultural de la década de los ochenta, que se mostró muy prolífica en nuevas formas de ver la vida humana, experimenta aquí, una trágica dimensión respecto de lo que puede deparar a la mente humana si sólo se preocupa de sí misma. Patrick Bateman (magníficamente interpretado por Christian Bale) es un hombre que lo tiene todo, menos sentimientos. Esa falta de moral ética y de la otra, se manifiesta en dosis de locura tenebrosa, que le llevan al protagonista a sufrir una metamorfosis que le encadena en la sucesiva matanza del prójimo. La exasperación que le producen las personas que le rodena, la resuelve de la peor manera posible, en una interminable, y a cual más macabra sucesión de asesinatos, a los que el autor de la novela homónima Bret Easton Ellis no da solución, al dejar al autor de tanta barbarie impune ante la sociedad, aunque no ante sí mismo, pues esa maldición le acompañará hasta el último día de su existencia. Leer más…

Hay cierta tendencia entre los denominados como directores de culto, a presentarnos un tipo de películas donde lo realmente importante no son las imágenes que nos muestran, sino las palabras que las recubren. Hasta ahí nada que objetar, pero ese ejercicio liberticida de su profesión cinematográfica, los lleva a trasladarse sin quererlo, o sí, a los márgenes del teatro o incluso de la novela, ambas, nobles manifestaciones de la creación del ser humano, pero cuyo tratamiento y estética admiten cuando menos peculiaridades que el cine no tiene. Por si esto fuera poco, al igual que hay escritores que para conseguir que su protagonista abra la puerta de la nevera necesitan más de diez folios para contárnoslo, Kiarostami se envuelve en la tela de la disquisición intelectual entre original y copia para atrincherarse en sus posiciones de esteta de las palabras y paradigma de la búsqueda de la verdad por encima de planteamientos artísticos y conceptuales. Lo malo de sus consignas es que ya las hemos visto demasiadas veces, y esas ínfulas de trascendencia intelectualoide, te hacen soltar las amarras de la película y dejarla ir a su propia deriva, que se convierte en un total hundimiento, cuando sin venir a cuento, el enfrentamiento entre original y copia en el mundo del arte se traslada a la conjugación entre original y copia en el mundo del amor y de los sentimientos encontrados de una pareja. La escena del café que emplea para ello, lejos de meterte de nuevo en la película, se antoja demasiado caprichosa y sin sentido, casi como el resto de la película. Si bien, una vez que aceptas que estás viendo otra historia dentro de la primera, no acabas de ver por dónde nos quiere llevar Kiarostami, pues a pesar de su esfuerzo al rodar todo el film casi como un largo e infinito plano secuencia con continuos cambios de plano y contraplano entre sus protagonistas, hace que su lentitud y tendencia abrumadora a los largos y concienzudos diálogos, te dejen más que hastiado si cabe ante un esfuerzo que ya sabes que no te va a ofrecer ninguna recompensa. Leer más…

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