La necesidad de libertad a veces se transforma en un delirio que nos deja ciegos ante el amor y sordos ante la desdicha. Huir es la primera opción, pero la huida en sí misma no es la solución, porque algo dentro de nuestras entrañas hace que nuestra cabeza estalle una y otra vez en un grito mudo que nadie más que uno mismo puede oír. Si además ese grito que nos lanza el corazón viene expresado por la inquebrantable pureza del alma, no cabe mayor fuerza en la tierra que sea capaz de doblegar la voluntad del ser humano. Jane Eyre abandona Thornfield House abatida por la mentira y derrotada por el poder oculto de una de las figuras más míticas de la literatura de todos los tiempos, “la loca del ático”, que como un vendaval arrasa su dicha. Esta simbología empleada por primera vez por Charlotte Brontë, se va a desplazar a partir de entonces por innumerables autores, novelas y relatos de la historia de la literatura, lo que poco a poco irá acrecentando su fama de mito. Y así, la cadencia pura y romántica que envuelve a este maravilloso cuento de hadas deviene en realidad oscura, a la que su protagonista sólo es capaz de vencer a través de la virtud. Es en ese instante, cuando la mirada de Mia Wasikowska (Jane Eyre) se funde en una miel pura bajo el color avellana de sus ojos, que su tez blanca y su pelo recogido, sólo aumentan más y más hasta el infinito. Ese juego de colores limpios, se funden magistralmente con la inmensidad del paisaje. Todo es natural en Jane Eyre, sus sentimientos y el entorno que la acogen bajo la tenue luz inglesa.Sección: Cine
Jane Eyre: la inquebrantable pureza del alma.
La necesidad de libertad a veces se transforma en un delirio que nos deja ciegos ante el amor y sordos ante la desdicha. Huir es la primera opción, pero la huida en sí misma no es la solución, porque algo dentro de nuestras entrañas hace que nuestra cabeza estalle una y otra vez en un grito mudo que nadie más que uno mismo puede oír. Si además ese grito que nos lanza el corazón viene expresado por la inquebrantable pureza del alma, no cabe mayor fuerza en la tierra que sea capaz de doblegar la voluntad del ser humano. Jane Eyre abandona Thornfield House abatida por la mentira y derrotada por el poder oculto de una de las figuras más míticas de la literatura de todos los tiempos, “la loca del ático”, que como un vendaval arrasa su dicha. Esta simbología empleada por primera vez por Charlotte Brontë, se va a desplazar a partir de entonces por innumerables autores, novelas y relatos de la historia de la literatura, lo que poco a poco irá acrecentando su fama de mito. Y así, la cadencia pura y romántica que envuelve a este maravilloso cuento de hadas deviene en realidad oscura, a la que su protagonista sólo es capaz de vencer a través de la virtud. Es en ese instante, cuando la mirada de Mia Wasikowska (Jane Eyre) se funde en una miel pura bajo el color avellana de sus ojos, que su tez blanca y su pelo recogido, sólo aumentan más y más hasta el infinito. Ese juego de colores limpios, se funden magistralmente con la inmensidad del paisaje. Todo es natural en Jane Eyre, sus sentimientos y el entorno que la acogen bajo la tenue luz inglesa.Incendies: una biografía de la sinrazón
La firmeza de los sentimientos rotos se sobrepone a casi todo, excepto al destino. Denise Villenueve, el director y productor de Incendies, la define como un “campo de minas”, porque en esa aparente frialdad visual en la que está rodada bajo un pálido espectro cromático, los cortes en la yugular se suceden unos tras otro sin darle tiempo al espectador de filtrar tanto odio y destrucción. El por qué de esta biografía de la sinrazón, comienza con un enigma que enseguida adivinamos que se ha propiciado por la ruptura del amor por causas religiosas a las que la protagonista Nawal (Lubna Azabal) tendrá que hacer frente por ese avatar endémico que enfrenta al ser humano desde el principio de los tiempos. La muerte del ser amado y la desdicha que ello conlleva, en este caso se convierte en el motor que mueve la voluntad de la protagonista, que tras dar a luz al hijo del padre muerto y ser desposeída de él, le promete ir a buscarle algún día.Roman Polanski, Un dios salvaje: la mala educación de los padres
Roman Polanski en esta ocasión nos lleva de la mano de Yasmina Reza, para mostrarnos de cerca y con toda su crudeza, uno de los grandes problemas de las sociedades occidentales más avanzadas, porque en su ansia de conquistar nuevos territorios, el ser humano se muestra incansable a la hora de defender aquello que cree suyo, aunque para ello, pierda los papeles y tenga que quedar en evidencia delante de los demás, ya sean éstos extraños o conocidos. La razón, o mejor dicho su razón, se transforma en ese territorio inexpugnable al que nadie puede acceder, ya que todos creemos que nuestras razones son incontestables y las mejores razones del mundo. En esa lucha por conquistar nuevos territorios tanto públicos como privados a la que antes aludíamos, los padres modernos se llevan la palma de la sinrazón, porque cada vez más y en un mayor número, se comportan como auténticos guardianes y defensores de los desmanes de sus descendientes, sin tener en cuenta las últimas razones del comportamiento de sus hijos, ni pararse a pensar tan siquiera en los porqués de sus comportamientos, porque si lo hicieran, a buen seguro se darían de bruces con sus frustraciones.Happy thank you more please: en busca de la felicidad o la necesidad de amar y ser querido.
Una y otra vez nos recuerdan que el amor es el sentimiento más importante de todos los posibles, y el que mueve el mundo sin necesidad de dar pedales o ser rico. Josh Radnor (Sam), y a la postre, escritor, director y protagonista de esta cinta, nos da su particular punto de vista acerca de eso que llamamos amor, si bien, él intenta desfragmentarlo en las diferentes etapas por las que pasan las parejas en su búsqueda y hallazgo, e incluso, en el amor universal que un hombre puede sentir por un niño y viceversa, como una muestra de eso que llamamos amor puro. Aparte de este matiz sentimental, la puesta en escena de esta Happy… se basa en la importancia que hoy en día tienen las relaciones de amistad entre los componentes de la generación que supera la treintena sin llegar a la cuarentena, encontrando en ese tipo de intercambios, el verdadero equilibrio que no son capaces de encontrar por sí mismos ni con sus respectivas parejas, a lo que Radnor, impregna de una buena pátina indie en la música, en la luz con la que rueda sus escenas, y en el prototipo de personajes desubicados en una casi anónima Nueva York, paradigma del mundo moderno a todos los niveles, y que en esta ocasión, es simplemente eso, una referencia verbal más que visual.
La piel que habito: la comedia bufa de Almodóvar.
La primera pregunta que se me vino a la cabeza después de visionar los primeros diez minutos de esta película fue: ¿alguien que no se llamase Pedro Almodóvar podría haber estrenado esta película? La respuesta inmediata a tal interrogante fue no, porque mis sentidos ya eran conscientes entonces, que habían asistido a uno de los peores inicios de un film en la historia del cine, pues entre otras cosas, no sabía si me había perdido en los confines de un documental pseudocientífico de los años setenta, de esos que los ingleses si hacen con verdadera maestría, o estaba viendo una teleserie que se había colado en el dvd de mi casa. Pero perdido como estaba entre imágenes que no acaba de unir y comprender, me encontraba a la espera de que por fin diese comienzo la nueva película de Almodóvar, que en vez de thriller psicológico, se comporta como una ópera o comedia bufa, de un género que no sé si volverá a tocar de nuevo, pues su primera aproximación al mismo, no ha podido ser más negativa, y que a un servidor le lleva a preguntarse ¿dónde se ha quedado el Pedro Almodóvar fresco y provocador de sus inicios?
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