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La ciudad de la cultura

ISSN 1989 - 5658
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Sección: Cine

Bajo el nombre Historia de un Crimen (Infamous, infame en castellano) se esconde el último biopic de Truman Capote. Si bien, este film sólo recoge unos años de la vida de este excéntrico y genial escritor norteamericano, coincidiendo en el tiempo (aunque se estrenó poco después) con la película que lleva por título Truman Capote y que al igual que ésta, aborda el proceso de creación de su famosa novela A Sangre Fría, por la que el actor Philiph Seymor Hoffman se llevó el Oscar al Mejor Actor Principal. No obstante, una vez vistas las dos alternativas elegidas para abordar la figura del escritor, su mundo y el proceso creativo que llevó hasta esa inigualable novela de no ficción que es A Sangre Fría, Historia de un crimen sale ganando con mucha ventaja, lo que no deja de sorprender, o simplemente deja entrever una mala labor de distribución y publicidad.
Historia de un crimen, está basada en la biografía que George Plimpton realizó sobre Capote, y que Douglas McGrath de una forma muy inteligente supo adaptar al cine, dotando a la película, en algunos casos, del matiz documental a través de las entrevistas a los diferentes amigos de Capote, lo que nos va dando pistas del perfil del genial escritor, aunque como es natural, este retrato esté cargado de luces y sombras.

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PRECIOUS

[6 Marzo 2010]
Entre otras cosas, Precious es la historia de superación personal de su protagonista “Gabby”, algo no ajeno a la historia universal del ser humano y la cultura. Durante el visionado de la película, recordé sin esfuerzo a Camus y a su madre. Él llegó a ser Nobel de Literautra, cuando procedía de una familia muy pobre y analfabeta, y en este caso, Precious también encuentra la llave del conocimiento que le proporcionan el aprender a leer y escribir para empezar a comprenderse mejor a sí misma, y a la vez, descubrir las inmensas posibilidades del mundo exterior que la rodea, y que pueden llevarle a conseguir aquellas imágenes en su vida, que hasta ese momento sólo aparecen en su imaginación.
Pero esta película, claramente filmada en clave privada afroamericana, ha tenido la virtud de emocionar al universo de los blancos, traspasando la barrera de lo particular a lo universal. Porque universales son los sentimientos de odio, amor, superación e injusticia que se ven en el film, y que afortunadamente, no entienden de barreras raciales. Como por ejemplo, la soterrada historia de amor entre madre e hija, que apenas deja traslucir la violencia con la que su madre Mo’Nique trata a su hija (Precious).

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LA DOLCE VITA

[18 Febrero 2010]

La primera escena de la película nos muestra a dos helicópteros sobrevolando el extrarradio de Roma. A medida que el objetivo de la cámara nos los acerca, podemos ver que sobre uno de ellos cuelga una imagen de Jesús, que dado el carácter simbolista de esta película, podemos intuir que en el ánimo de Fellini está el mostrarnos la distancia existente entre lo trascendete (la imagen) y lo terrenal (los edificios sobre los que vuela). Además, al incluir en uno de esos helicópteros a Marcello y Paparazzo (periodista de la crónica social interpertado por Marcello Mastroianni, y el fotógrafo interpretado por Walter Santesso) deja perfectamente marcada la distancia entre la vida de los que salen en las revistas, y la de aquellos que todavía soportan los últimos coletazos de la postguerra. Matiz que Fellini deja traslucir también, en la desnudez de los pisos que salen en el film, en contraposición con los palacios de la aristocracia romana.

No obstante, la multiplicidad de personajes y escenas que se desarrollan a lo largo de la película (carente de una estructura formal en cuanto a la narración de los hechos) nos permite hablar también de la incomunicación entre los personajes, arquetipos en algunas ocasiones de personas herméticas que cuando se dirigen a los demás, lo que relamente hacen es hablarse a sí mismos (como por ejemplo el personaje de la rica aristócrata interpretada por Anouk Aimée, o el intelectual Steiner al que da vida Alain Curry).

Pero el hilo conductor de todos los personajes es Marcello (Marcello Mastroianni) que gracias a su particular forma de vida, nos muestra la doble cara de la moneda que representa la ciudadanía de Roma en el año de 1960. Por un parte, existe una realidad descarnada, social, creyente y beata, que se va abriendo camino ante el inminente boom económico de los años sesenta; y por otra, existe la noche romana, con sus peculiares y a veces curiosos personajes, lo que le permite a Fellini rodar en dos planos distintos en cuanto a la gama cromática de blancos y negros, que sin duda alcanzan grandes dosis de belleza fotográfica en la celebérrima escena de la Fontana de Trevi y en ese no beso entre Marcello y Silvia (Anita Ekberg).

La Dolce Vita fue distinguida con la Palnma de Oro del Festival de Cannes en su edición de 1960 y con cuatro Oscar al año siguiente (1961), siendo también nominada como mejor película extranjera en esa edición.

Asimismo, desde el 17 de febrero y hasta el 13 de junio, se está exhibiendo en el CaixaForum de Barcelona la exposición que lleva por título “El circo de las ilusiones” y que recoge a través de las 400 piezas expuestas, las obsesiones y las fuentes de inspiración del universo felliniano. Viajando posteriormente al CaixaForum de Madrid.

La Dolce Vita, es una excelente película, que nos permite conocer el rico y magmático universo de ese gran creador que fue D. Federico Fellinni.

EL SECRETO DE SUS OJOS

[14 Febrero 2010]
El amor convertido en recuerdo, la pasión transformada en rencor y el anhelo desdibujado en destierro, sirven a este film, a medio camino entre el thriller, el cine negro y el drama romántico, para convertirse en una de las mejores películas de habla hispana del año 2009, que seguramente se vaya de vacío tanto en los Goya como en los Oscar, por tener la mala fortuna de enfrentarse con filmes como Celda 211 y La Cinta Blanca.
¿El secreto de sus ojos? podría ser el de la obsesión apasionada del Oficial Espósito (Ricardo Darín) por la Secretaria de su Juzgado (Soledad Villaamil), o el del propio Darín por la fotografía de la joven asesinada, y que sirve tanto de punto de partida como de nexo de unión a todas las historias que se vierten en el largometraje. La perfecta desfragmentación del argumento, nos va dosificando las claves de unas vidas que a medida que éste avanza, nos proporcionan datos, por un lado, desalentadores de lo que se intuye pero no se ve en la Argentina de los años setenta, y por otro, de los lazos apasionados de los protagonsitas, pero no sólo de ellos sino del elenco de magníficos secundarios (perfectamente definidos) y entre los que destaca (Guillermo Francella). En este caso, el productor Gerardo Herrero ha sabido encontrar en la novela de Eduardo Sacheri (La pregunta de sus ojos) una buena historia para ser llevada al cine.
Ricardo Darín, dispone de un personaje a la medida de sus dotes interpretativas, y en verdad lo consigue, a través de una interpretación contenida de pasión y de rabia, pero a su vez apasionada y firme en sus principios, en donde los primeros planos de sus rostro dejan muestras de su fuerte carácter actoral, en el que no se queda atrás Soledad Villaamil y sus ojos, que guardan un secreto a voces de pasión por su compañero de trabajo, y que desprenden una fuerte química entre ambos. A lo que sin duda contribuye la luz con la que está rodada la película, que alterna los planos con gran claridad con otros medio en penumbra, lo que nos deja rastros, sin duda, de un inigualable recuerdo de la luz austral. Luz a la que va unida la música de Federico Jusid, capaz de crear la atmósfera suficiente de ternura y desgarro a las escenas a las que acompaña.
El Secreto de sus ojos, sin duda, es una buena película, a la que su director Juan José Campanella ha sabido sacar un gran partido tanto al guión, como a la dirección de actores, así como al montaje, y que de no tener enfrente a tantas competidoras de gran altura, sería una de las grandes triunfadoras del año, lo que queda respaldado por el gran número de espectadores que ya la han visto, el mejor regalo que una película hoy en día puede recibir.

THE ROAD (LA CARRETERA)

[7 Febrero 2010]
Un objetivo: llegar al mar; un fin: sobrevivir. La película comienza con un flashback, siendo ésta la principal diferencia con respecto a la novela homónima de Cormac McCarthy (Premio Putlitzer 2007), pero que por otra parte parece esencial en el discurso narrativo del film, tanto para hacer avanzar el relato de la historia como para descansar a la vista de tanta catástrofe y desolación. Además, para seguir sobreviviendo ante la nada más absoluta, qué nos quedan sino los recuerdos.
La escenografía es sencillamente magnífica, y seguro que para todos aquellos que primero hayan leído la novela, habrán visto fielmente reflejadas las imágenes que su mente iba creando a medida que leían el libro, y que según los títulos de crédito, se han rodado en los Estados de Louisiana, Oregon y Pennsylvania.
Mención aparte, merece la magnífica fotografía del español Javier Aguirresarobe, con la inteligente idea de filmar en tonos apagados con unas gamas de ocres y grises absolutamente maravillosas, y que dan mayor verosimilitud a la historia, lo que contrasta con el color intenso de los flashback de los recuerdos anteriores a la hecatombe (por la que se encuentra nominado a los Premios BAFTA 2009). Del mismo modo, no quiero dejar escapar una mención a la música del genial Nick Cave.
¿Cómo será el fin del mundo? seguramente muy parecido a lo que Cormac McCarthy ha plasmado en su The Road, con una muerte lenta de aquellos que sobrevivan a la gran catástrofe, y muy distinta a lo filmado en la película 2012, y que muy sorprendentemente algunos de los espectadores iban buscando en este film de John Hillcoat.
La película nos presenta a un padre y un hijo empujando un carrito por caminos y carreteras desiertas. Lo de menos es la causa de tanta destrucción, una guerra nuclear o bactereológica, lo importante en este caso es la desnudez más absoluta, un mundo donde no existen los avances tecnológicos, las pertenencias y donde la natrualeza es un bien herido de muerte. ¿Qué queda cuando sólo existen los recuerdos? esa podría ser una de las múltiples propuestas que Cormac McCarthy deja; otra podría ser que está forrada con un film transparente y continuo, lleno de una poesía que se levanta por encima de la más absoluta destrucción y de la soledad humana.
Pero no todo es negativo, la desconfianza en el ser humano, se compensa con la cercanía en muchas ocasiones de la idea de Dios que tiene el pueblo norteamericano, muy imbuido en múltiples creencias religiosas; y también por el cariño que se profesan un padre y un hijo, interpretados por unos excelentes Viggo Mortensen y Kodi Smit-McPhee, a los que se une una bellísima en la desesperación Charlize Theron, empeñada en no salir guapa en sus últimas aparaciones (algo que no consigue) y que en este caso, resulta increíble el gran parecido físico en las líneas del rostro con su hijo en la ficción.
El discurso lineal de la película es bastante fiel a la novela, incluso al final, que bajo mi punto de vista podría haber añadido la parábola final del libro, que sin duda es magnífica, y engrandece al ser humano por dotarle de esperanza.
Excelente película.

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