Sección: Cine
PRECIOUS
LA DOLCE VITA
No obstante, la multiplicidad de personajes y escenas que se desarrollan a lo largo de la película (carente de una estructura formal en cuanto a la narración de los hechos) nos permite hablar también de la incomunicación entre los personajes, arquetipos en algunas ocasiones de personas herméticas que cuando se dirigen a los demás, lo que relamente hacen es hablarse a sí mismos (como por ejemplo el personaje de la rica aristócrata interpretada por Anouk Aimée, o el intelectual Steiner al que da vida Alain Curry).
Pero el hilo conductor de todos los personajes es Marcello (Marcello Mastroianni) que gracias a su particular forma de vida, nos muestra la doble cara de la moneda que representa la ciudadanía de Roma en el año de 1960. Por un parte, existe una realidad descarnada, social, creyente y beata, que se va abriendo camino ante el inminente boom económico de los años sesenta; y por otra, existe la noche romana, con sus peculiares y a veces curiosos personajes, lo que le permite a Fellini rodar en dos planos distintos en cuanto a la gama cromática de blancos y negros, que sin duda alcanzan grandes dosis de belleza fotográfica en la celebérrima escena de la Fontana de Trevi y en ese no beso entre Marcello y Silvia (Anita Ekberg).
La Dolce Vita fue distinguida con la Palnma de Oro del Festival de Cannes en su edición de 1960 y con cuatro Oscar al año siguiente (1961), siendo también nominada como mejor película extranjera en esa edición.
Asimismo, desde el 17 de febrero y hasta el 13 de junio, se está exhibiendo en el CaixaForum de Barcelona la exposición que lleva por título “El circo de las ilusiones” y que recoge a través de las 400 piezas expuestas, las obsesiones y las fuentes de inspiración del universo felliniano. Viajando posteriormente al CaixaForum de Madrid.
La Dolce Vita, es una excelente película, que nos permite conocer el rico y magmático universo de ese gran creador que fue D. Federico Fellinni.
EL SECRETO DE SUS OJOS
THE ROAD (LA CARRETERA)
QUÉ VERDE ERA MI VALLE
Qué verde era mi valle, es una historia relatada en flashback por Huw (Roddy McDowell), el pequeño de los Morgan, y el recuerdo que su mirada de niño todavía retiene en su memoria, cuando al volver al pueblo, contempla en lo que se ha convertido éste (si acaso un fantasma de sí mismo). La montaña y el campo que circundaban a la villa, han desaparecido por una inmensa montaña de carbón.
El inicio de la sociedad industrial le sirve de excusa al gran John Ford, para trasladar a esta época de la historia su particular universo fílmico, en el que una vez más, podemos ver reflejados aquellos temas que siempre le han obsesionado, como son: la desintegración de la familia, el amor imposible y la heroicidad de unos personajes ante las circunstancias adversas que les han tocado vivir. En este sentido, la acción de la película se va desarrollando en una sucesión de imágenes que retratan, e intentan mostrar las costumbres del pueblo minero, mediante escenas que muy bien podrían ser tratadas como pequeños escenarios independientes, sin otra conexión que el relato de unos acontecimientos en lo que se ven inmersos sus personajes sin que éstos puedan hacer nada por librarse de ellos.
El reparto está encabezado por Walter Pidgeon, y una jovencísima Maureen O’Hara, que junto a Roddy McDowell y Donald Crisp, encabezan un reparto coral en el que se dota de gran protagonismo a los números musicales del cancionero popular galés.
Cabe recordar, que este magnífico relato, se llevó el Óscar a la mejor película en el año 1941, imponiéndose entre otros, a títulos como: La Loba, de William Wyler; El Halcón Maltés, de John Huston; Sospecha, de Alfred Hitchcock; De Corazón a Corazón, de Mervyn LeRoy; Sargento York, de Howard Haws y Ciudadano Kane, de Orson Welles, lo que eleva a la categoría de mito, a este retrato en blanco y negro de la vida minera en el País de Gales.








