civiNova

La ciudad de la cultura

ISSN 1989 - 5658

Sección: Pintura

rieraEl alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, ha presentado Pasión, la colección de Carmen Riera, que se exhibe desde hoy en el CAC Málaga como consecuencia del acuerdo suscrito por el primer edil y la coleccionista para la cesión de las obras a la ciudad. Esta cesión se prolongará por un plazo de cinco años. Al acto han asistido también Carmen Riera; el delegado municipal de Cultura, Miguel Briones; y el director del CAC, Fernando Francés.

En esta primera ocasión se presentan casi una treintena de piezas del centenar cedidas a la institución malacitana. Esta muestra se integra como parte fundamental de la colección permanente del CAC Málaga.

La colección Carmen Riera ofrece una visión muy representativa del arte contemporáneo internacional, desde finales del XX hasta nuestros días. Es un completo recorrido desde al arte pop al conceptual, que permite apreciar el interés de los artistas por los nuevos materiales aplicados al arte, su preocupación por el espacio o el análisis de la situación humana.

Nombres como Andy Warhol, Jean-Michel Basquiat o Cristina Iglesias visitan por primera vez el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga, y lo hacen junto a otros artistas que ya expusieron como Louise Bourgeois, Juan Uslé o Anish Kapoor, artistas muy vinculados a la trayectoria del museo.

LAS OBRAS EXPUESTAS

Andy Warhol, máximo exponente del arte pop americano de los 80, está representado con cuatro piezas que muestran su extraordinaria capacidad de convertir cada uno de sus cuadros en un hecho plástico singular, gracias a su uso magistral de la serigrafía. Warhol juega con el formato, las variaciones cromáticas y la combinación de materiales, tal y como se aprecia en Diamond Dust Shoes (1980) donde el polvo de diamantes es uno de los elementos plásticos clave.

Basquiat aparece junto a Warhol y Francesco Clemente para ofrecernos una intervención a tres bandas en Horizontal Painting (1984),. Esta obra reúne a tres de las figuras más representativas de la pintura de los 80.

The Glorious Body of Laure by Mitsou Ronat (1894) es una de las piezas más sorprendentes de la exposición. Cerith Wyn Evans, claro exponente del arte conceptual, hace uso de un material tan clásico como el cristal de Murano para ofrecer una lámpara colgante donde las más variadas fuentes literarias del siglo pasado (textos filosóficos, poemas, cartas…) se transmiten a través de código Morse, transformándose en luz intermitente y desplegando un espacio mágico de significaciones “luminosas”.

Otros artistas vuelven al espacio expositivo del CAC Málaga. Así, Louise Bourgeois, una de las figuras más influyentes del arte contemporáneo, que ya estuvo de manera individual, regresa con una de las obras que formaron parte de la misma, Mother and Child (2001), en la que se aprecia su fuerza como escultora y donde lo sofisticado de su estructura guarda un inquietante parecido con la realidad. También se podrá contemplar Fear Four (1984).

Por su parte, Anish Kapoor vuelve a desafiar los límites entre el arte y la arquitectura en Pillar (2003); partiendo de una estructura tan simple como un cilindro, se cuestiona el espacio, el volumen, la luz y la sombra.

Juan Uslé, uno de los artistas españoles más prestigiosos y reconocidos del panorama nacional e internacional, vuelve al CAC Málaga con Reconstrucción (2001). Siete figuras en el balcón (1987) de Juan Muñoz es un claro exponente de lo mejor de la escultura europea y muestra su constante búsqueda para integrar la herencia del minimal y del arte conceptual. La figura humana como centro de su obra para mostrar el drama de su condición.

Olafur Eliasson y su Colour Square Sphere (2007) es un hectoicosaduodedro formado por una serie de cuadrados que crean un complejo diseño de pentágonos, cuadrados, triángulos y rombos. Cuando se mira dentro de una de estas estructuras cuadradas, el efecto caleidoscopio del cristal reflectante genera la ilusión de una esfera compuesta sólo por cuadrados. El sinfín de reflejos de colores se proyecta sobre las superficies circundantes.

Pasión. Colección Carmen Riera es, además de un recorrido por el panorama artístico americano y europeo de finales del XX y principios del XXI, una muestra muy significativa de materiales con los que se ha trabajado desde los años 80: piezas tradicionales como la madera o el cristal, se unen a otras más modernas como la resina vinílica y de poliéster, leds, encáustica… y permiten conocer lo más representativo del panorama artístico internacional, en el que no faltan artistas españoles de renombre como Cristina Iglesias, Uslé o Juan Muñoz.

Matisse en el Museo Thyssen

[22 Julio 2009]

retrato-de-marguerite-dormidaLa trayectoria artística de Matisse puede dividirse en tres grandes periodos: el primero se extiende desde finales del siglo XIX hasta 1917, el segundo desde 1917 hasta 1941, el tercero desde 1941 hasta la muerte del artista en 1953. La presente exposición se circunscribe al periodo intermedio, el más largo y el peor entendido de los tres. Marcado por la sombra de la Primera Guerra Mundial y la premonición de la Segunda, este periodo tuvo dos mitades muy diferentes: la primera, los años veinte, se caracterizó por una creciente aceptación social e institucionalización del arte moderno, un proceso del que Matisse fue, junto a Picasso, el protagonista principal; la segunda mitad estuvo presidida por la crisis económica de 1929, la depresión, las graves tensiones sociales y políticas de los años treinta y finalmente la guerra.

En 1917, cuando empezaba a vislumbrarse el final de la Primera Guerra Mundial, Matisse decidió afrontar la nueva era histórica que se anunciaba imprimiendo un giro profundo a su trayectoria artística. Para poder dedicarse por completo a la investigación pictórica se alejó de París, incluso de su familia, y se estableció en Niza. Abandonando los grandes formatos y los colores planos de su primer periodo, el de las grandes composiciones “decorativas”, como las llamaba él mismo, trató de establecer una relación más próxima con la mirada del espectador, adentrándose en lo que llamaba “pintura de intimidad”. Para ello creyó necesario volver a introducir en sus cuadros las sensaciones de volumen y espacio que había abandonado en el periodo anterior, aunque valiéndose sólo del color y de la forma y evitando el claroscuro y la perspectiva tradicional. Si antes había tomado comorealizadas en 1909-10. Tras casi tres años de trabajo culminó su nueva versión, mucho mayor que las anteriores y concebida en un registro más arquitectónico, abstracto y épico que ellas.

Cuando volvió otra vez a la pintura “de intimidad” en 1934, el clima histórico había cambiado y la búsqueda de Matisse derivó hacia el ensimismamiento. Poco a poco abandonó la ambición de expresar el volumen y el espacio por medio del color y la composición y privilegió el dibujo como medio de expresión. Cuando en 1940 el ejército alemán ocupó Francia, Matisse, en contraste con otros artistas y escritores que emigraron a Estados Unidos, decidió quedarse en su país. En 1941 sufrió una intervención quirúrgica grave y estuvo a las puertas de la muerte. Nunca se repuso totalmente, pero eso no le impidió sumergirse en la creación de una serie de dibujos que tituló Thèmes et Variations. La exposición concluye con ese esfuerzo que marca, para Matisse, la conclusión de una época.

Si antes había tomado como referencias las grandes tradiciones decorativas de la historia del arte, especialmente la bizantina y la musulmana, ahora buscó su inspiración en la tradición intimista de la pintura holandesa del siglo XVII al tiempo que ahondaba en su reflexión sobre Cézanne. Todo ello sin abandonar la poética formalista alimentada por la lectura de los dos grandes poetas fundacionales de la modernidad, Baudelaire y Mallarmé e incardinada en la convicción de la autonomía del arte que había guiado siempre su concepción de la pintura.

Sin embargo, conforme pasaban los años, el aislamiento y las incertidumbres de su proyecto pesaban cada vez más sobre Matisse. A partir de 1927 el ritmo de su trabajo se hizo más lento y llegó a detenerse. En 1930 recibió un encargo que le permitió salir de la crisis volviendo a la pintura “decorativa”. Alfred Barnes, un hombre de negocios de Filadelfia que había reunido una colección extraordinaria de pintura impresionista y moderna, le pidió que hiciera una gran composición mural para el edificio que había construido como sede de su colección. Matisse decidió trabajar de nuevo sobre La Danza, un tema que había tratado en varias ocasiones antes de la guerra, especialmente en dos grandes telas

grecoEl visitante del Museo del Prado podrá admirar en sus salas esta singular obra de El Greco, Vista y plano de Toledo, en la que el pintor –a diferencia de los fragmentos representados en otras obras- muestra una imagen múltiple de la ciudad: además de la vista en perspectiva de la misma, la pintura incluye un plano detallado del entramado urbano, ofrecido al espectador por un joven pintado con la factura deshecha característica de la época final de El Greco. La complejidad de la visión incluyó además una alegoría del río Tajo –la escultura dorada que vierte el agua y la prosperidad- y la imagen religiosa más significativa del lugar: la Virgen imponiendo la casulla a San Ildefonso. Por otra parte, destaca la situación del Hospital de Tavera, apareciendo sobre una nube, en referencia explícita al administrador del edificio, Pedro Salazar de Mendoza, amigo del pintor y probablemente autor del encargo de la obra.

Con el fin de ilustrar la presencia de Toledo en muchas de las obras más emblemáticas de El Greco, la Vista y Plano se exhibirá en la sala 8A, que se suma provisionalmente a las dos salas permanentes dedicadas al artista en el Prado, acompañada por otras tres pinturas del pintor: San Sebastián, San Andrés y San Francisco y San Bernardino; ésta última propiedad del Museo del Prado pero depositada en el Museo del Greco (Toledo) desde la apertura del mismo y recuperada temporalmente con motivo de la restauración arquitectónica del edificio, al que regresará cuando se reabra. Durante su instalación especial en esta sala, las tres obras cuentan con sendas cartelas adicionales en las que se indica qué edificios emblemáticos de la ciudad aparecen representados en cada una, como el castillo de San Servando, el puente de Alcántara, el Alcázar, el monasterio de San Bartolomé o la capilla de Montero, hitos urbanos que el público podrá buscar e identificar también en la Vista y plano de Toledo.

 

Fuente:  Museo del Prado

hilton_brothers_t4La Casa Encendida de Obra Social Caja Madrid acoge la muestra Mistaken Identity de The Hilton Brothers (Christopher Makos y Paul Solberg). Los Hilton Brothers surgen como identidad artística de una serie de colaboraciones entre estos dos artistas. Hace años, durante un viaje, se dieron cuenta de que les interesaban los mismos temas y, como juego, decidieron empezar a fotografiar las mismas cosas. La idea de la identidad, quién tomó qué foto y porqué esa diferencia se discernía, les llevó a empezar una serie de dípticos en los que fotografiaban dos objetos por separado para luego unirlos en la misma impresión. Así comenzaron a explorar otros proyectos en colaboración.

Las fotografías de los Hilton poseen un punto de vista en el que la ingenuidad se encuentra tamizada por un cierto cinismo contemporáneo. Sus imágenes, recogidas en sus viajes por el mundo, acaban por ser parceladas y reconstruidas, sin que las diferentes ubicaciones de lugares sean otra cosa que paneles de retazos estéticos, para conformar obras que forman parte intrínseca de su filosofía de vida, del gusto y la cultura americana.

Los 65 trabajos que se presentarán en ésta exposición parten desde su desarrollo como artistas individuales, hasta su trabajo actual, momento en el que sus fotografías se convierten en obras conformadas por dos identidades, que se funden y desaparecen. Con sus retazos de realidad, buscan abrir una ventana para el espectador, por la cual asomarse para descubrir la confluencia extraña que se produce entre lo chocante y lo estético. Los Hilton pretenden presentar su modo de hacer arte frente al complejo, desafiante y banal mundo del siglo XXI.

Además y como una de las actividades paralelas, Los Hilton Brothers expondrán en un taller dirigido a los jóvenes artistas, sus conocimientos, y estrategias para trabajar en el complejo medio artístico. Las formas de acercarse a la esfera de círculos que estimulan la producción de proyectos artísticos y cómo proponer diversas formas de creación a posibles patrocinadores.

Lugar: Espacios D y E.

Duración:

10.07.09 - 30.08.09

Precio:

Entrada libre.

8b2466c564A través del programa “La obra invitada”, el Museo del Prado inaugura un nuevo modelo de exposición que pretende acercar a sus visitantes obras notables de otros museos con el doble objetivo de enriquecer la visita y establecer un término de comparación que permita reflexionar sobre las propias pinturas del Prado.

La obra elegida para inaugurar el programa, La Magdalena penitente de Georges de La Tour, presenta a la Magdalena, símbolo de la redención a través del arrepentimiento, en un escenario nocturno, iluminado por una vela que crea violentos contrastes en los instrumentos de su meditación: los libros sagrados, la cruz y la calavera, emblema de la muerte, objetos que conforman una de las más bellas naturalezas muertas de su autor. La Tour representa a la Magdalena con aspecto delicado, lejos de sus rústicos campesinos, soldados o músicos callejeros, todos ellos de aspecto plebeyo y ajenos a la quietud espiritual de esta pintura.

Georges de La Tour (1593-1652)

Originario de la región de Lorena, nada se sabe de su primera formación o si estuvo o no en Italia, etapa imprescindible en la formación de un artista de la época. En su pintura se aprecia, por conocimiento directo o indirecto, la influencia de Caravaggio, tanto en el tratamiento realista de personajes humildes, como en el uso de la luz. Pudo adquirir dicho conocimiento en un viaje a Roma que no ha sido documentado, a través del contacto con caravaggistas holandeses como Hendrick Terbrugghen o de otros franceses que realizaron dicho viaje. En 1639 se trasladó a París alcanzando el título de pintor de Luis XIII. Su muerte provocó su progresivo olvido y la frecuente confusión con pinturas de autores españoles, como Velázquez o Zurbarán.

Georges de La Tour en el Museo del Prado

El Museo del Prado expone dos obras de Georges de La Tour, las únicas existentes en España: Viejo tocando la zanfonía (c. 1620-30) y San Jerónimo leyendo (c. 1627-29). Las dos ilustran las características esenciales de las pinturas diurnas de La Tour, artista especializado en escenas de género y asuntos religiosos, con tipos populares en ambos casos, representados en circunstancias cotidianas. Sus personajes parecen tomados del natural, con fondos neutros y dispuestos con simple y austera geometría. Suponemos que sus clientes fueron burgueses de la región de Lorena, así como instituciones religiosas.

 

FUENTE: Museo del Prado

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