Con la ilusión de empezar bien el año, anhelando que la crisis, paro, preocupaciones… nos dejen ya, deseo lo mejor para todos ustedes, eso que siempre se ha dicho: “salud, dinero y amor”, y, por supuesto, que podamos disfrutar, conocer y aprender más de la cultura artística, de la que afortunadamente no nos podemos quejar en este país, pues cada vez se organizan más y mejores exposiciones, algunas de las cuales yo, modestamente, les seguiré recomendando durante este 2011, esperando les sirvan de ayuda y orientación para que las disfruten con tanta emoción como lo hago yo.
Empezaré recomendando la exposición de un magnífico artista cordobés afincado en Madrid, me refiero a Antonio Villatoro (Córdoba, 1949), al que yo conocí a finales de la movida madrileña y que junto a otros amigos artistas formamos el grupo” caos”, unión que duraría poco más de dos años y finalizaría, lamentablemente, con el fallecimiento en un accidente de tráfico de uno de su mas insigne componente, me refiero al gran creador y magnífico artista Tino Casal.



e el pasado 29 de marzo y hasta el próximo 7 de julio, en el Centro Cultural Bacaja de Valencia es posible visitar, por vez primera en España, esta extraordinaria coleción de más de 200 figuras de terracota que proceden del Museo del Louvre y que han llegado a Valencia gracias a la colaboración de la Fundación Bancaja en la restauración de parte de las obras expuestas. Las tanagras o tanagrinas, nombre más apropiado según la comisaria de la exposición Violaine Jeammet, deben su nombre al lugar en que fueron descubiertas, la ciudad Beocia de Tanagra situada al norte de Atenas, aunque fue realmente en ésta última donde surgieron a mediados del siglo IV a.C. Estas pequeñas figuras funerarias se caracterizan por su belleza y, sobre todo, por su increíble nivel de detalle y por lo cotidiano de su temática: niños, actores, bailarinas, labradores, nodrizas, mujeres… las tanagras son una inagotable fuente de información sobre la vida diaria en la antigua Grecia. La exposición se remonta hasta el siglo VIII a.C. repasando las figuras y grandes vasos funerarios de los talleres de Tebas y permitiendo al visitante observar la evolución a lo largo de varios siglos desde aquellos a las tanagras propiamente dichas que, a partir de mediados del siglo IV a.C., se convirtieron en objetos de ajuar funerario muy demandados por los griegos del Ática que llegaban a encargar grupos enteros para un mismo enterramiento.



