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ISSN 1989 - 5658
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Archive for May, 2016

TRIPTICO FANNYLa caseta número 13, la más solidaria de la Feria del Libro de Madrid, en la edición de este año 2016, acogerá las firmas de Ángel Silvelo Gabriel, autor del libro Fanny Brawne, La Belle Dame de Hampstead.

El miércoles 1 de junio de 19,30 a 21,30 horas; y el sábado 11 de junio de 11 a 13 horas son las citas previstas para que todos aquellos seguidores de esta famosa historia de amor entre el poeta romántico inglés, John Keats, y su amada Fanny Brawne, puedan hacerse con un ejemplar dedicado por su autor que, hace justo dos años antes, presentó la novela titulada Los últimos pasos de John Keats, donde se narran los tres últimos meses de la vida del poeta en Roma, una ciudad que le vio morir y donde reposan sus restos en el cementerio de Campo Cestio, bajo la sombra de la pirámide de Cayo Cestio y el famoso epitafio: “Aquí yace uno cuyo nombre estaba escrito en el agua”.

Con este libro, que tiene forma de texto teatral, su autor, Ángel Silvelo explora en esa última necesidad que todos tenemos de mirar a las estrellas y pedir ese deseo que nos saque del ensimismamiento que nos produce el pasado. De ahí que, vivir a través de los recuerdos, se pueda convertir en una obsesión enfermiza si no somos capaces de encontrar la salida al laberinto. En este sentido, la juventud, la búsqueda de la felicidad, los recuerdos y el amor son las excusas que Fanny necesita para llegar a su destino final: la poesía.

Fanny Brawne, la amada del poeta británico John Keats —poco antes de su muerte—, iniciará ese viaje iniciático a través de las huellas del tiempo, para de esa forma, reencontrarse a sí misma y, de paso, llegar a donde intuye que se encuentra el alma de un poeta que definió la poesía mediante el concepto de capacidad negativa: «esa posibilidad de pérdida de la identidad real y de convivencia con el misterio». Fanny quiere reencontrarse con él en las encrucijadas del tiempo y, de esa forma, volver a pasear juntos de la mano bajo la sombra de los árboles del bosque de Hampstead. Esa búsqueda en ayer, sin embargo, nos llevará a otro lugar, en el que asistiremos al nacimiento de una nueva Fanny. En este sentido, igual que Byron, Percy B. Shelley y el propio Keats, murieron siendo muy jóvenes y explorando las entrañas del ser humano colándose por las grietas de la poesía —ese arma en apariencia no dañina, pero que, como una daga, es capaz de atravesarnos el corazón y partírnoslo en dos—, Fanny Brawne, al final de su vida, hará lo mismo, pues cuando llegue a la orilla del lago que, definitivamente la llevará al otro lado, será consciente de que los poemas sólo se entienden con los sentidos. De ahí, que se pregunte una y otra vez: ¿hay vida después del amor?

elcorazonEl teatro, en sí mismo, es símbolos y metáforas, gritos y ecos, reflejos y sombras, vida y muerte…, y así fue como lo vivimos y sentimos ayer en la Sala Tribueñe de Madrid, donde de nuevo se conjugaron el valor de la palabra, las luces y las sombras y esa última necesidad de seguir expresando los sentimientos del ser humano de una forma intensa y sin más artificios que los del buen teatro, entendido éste como un ejercicio nuevo de sublimación del ser humano. El corazón entre ortigas es una excelente aproximación a los dramas que desgraciadamente siempre se repiten y, es en esa eterna condena, donde se encuentran depositados el extraordinario elenco de actores de esta obra de teatro que, por más que se la tilde como de mero laboratorio, ya tiene mucho avanzado para llegar a ser un gran montaje teatral, aunque ya lo sea. Esa expresión de dolor que, como una foto fija nos acompaña desde que entramos en la sala de la mano de los actores y sus impenetrables rictus, no nos deja pensar en otra cosa que en la gran capacidad expresiva existente sobre el escenario. Un mapa del terror que sólo es amenizado, a modo de entremés, por una simpática, extrovertida y dicharachera Nereida San Martín, cuando se lanza a la búsqueda de más adjetivos: «lo más granado de la inteligencia», «¡caballero, caballero, qué elegancia!», «¡qué público tan singular…, qué ingenio, qué belleza…!». Esa especie de vuelo o movimiento sobre la silla que acompañan a la actriz, no hacen sino ejercer de faro sobre la tragedia de ese corazón entre ortigas que sangra, se duele y se seca por la barbarie.

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numancia_cartel_baja-1Arrebatadora en la propuesta escénica, vibrante en el texto, conmovedora en el desarrollo de una trama esencial, como esencial es la dignidad del ser humano. Ecos, voces y sonidos que nos empapan la conciencia a conciencia, pues ese es el mensaje final de esta Numancia de Miguel de Cervantes dirigida por Juan Carlos Pérez de la Fuente. Numancia desnuda, Numancia única a la vez que salvaje, Numancia demoledora al unísono que entrañable, esclarecedora igual que la primera luz del día capaz de hacernos soñar con los imposible, pues en los tiempos que corren eso es Numancia, un sueño imposible, el de la dignidad a secas; el de la dignidad que grita libertad y que tanto necesitan el hombre y la mujer. El hombre y la mujer, porque Numancia también es coral y es una forma de expresión sin distinción de sexos.

Numancia http://teatroespanol.es/392/numancia/ es la libertad en sí misma arropada de un magistral texto de Luis Alberto de Cuenca y Alicia Mariño que nos devuelven a lo esencial, a ese punto inicial que tantas veces se nos olvida. Gracias a textos como éste podemos seguir dignificando el poder de la palabra, perdida tantas veces en el silencio o el desconocimiento. Aquí, también hay que hacer una mención especial al reparto de esta Numancia perversa, pues quizá, a día de hoy no haya más perverso que la dignidad, perdida entre la corrupción rampante de una clase política enroscada en su propio ensimismamiento y putrefacción. Los actores dicen y dicen bien, pues su dicción es impecable, entendible y esperanzadora como la lucha por la libertad. «La vida es sueño» nos dijeron una vez hace ya mucho tiempo, pero también es lucha…, y esperanza por recuperar aquello que nos pertenece de una forma legítima. En ese cerco numantino de los imposibles Numancia va hacia su propia deriva, y lo hace preñada de los sentimientos más universales del ser humano como, por ejemplo, el amor, ya sea éste fraternal, pasional o hasta impúdico; o de la necesidad de la libertad, por ser ésta el maná sanador de todas nuestras impurezas. La lucha por la libertad, sin duda, purifica al ser humano y a su alma, porque ésta se vuelve transparente como el agua de un manantial todavía virgen de rocas que pulir o bocas que calmar, y, porque justo, al otro lado, es donde reposan la tiranía y el rencor, que se reproducen con el miedo y la oscuridad.

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juego_y_distraccion_300_rgbEscondidos tras una máscara que, sin embargo, no es capaz de interrumpir los latidos de nuestro corazón. Atrapados en la sinuosidad intangible del mañana. Derrotados por la oscuridad de una línea que, como una frontera sin nombre, es violada una y otra, una y otra vez… No hay más reglas en la suntuosidad del amor ni en la intimidad de una habitación despojada de todo adorno que no sea la esencia del deseo, parecen decirnos los protagonistas de Juego y distracción http://salamandra.info/libro/juego-y-distraccion. Quizá, porque ahí es donde los amantes buscan su refugio, en el silencio de una pasión que no necesita de más cortejo que el del placer de la carne. Constructores de sueños que evitan las pesadillas y que juegan a ser libres dentro de sí mismos y con el otro. Amantes. Amantes puros. Amantes prístinos que se muestran transparentes, pues nada tienen que esconder, y sí mucho que dar. Darse a sí mismos y al otro, en un juego infinito que no conoce límites, pues los amantes de verdad necesitan estar perdidos en el horizonte del deseo.

Dean y Anne-Marie galopan con el viento a su favor, y lo hacen subidos en un coche deportivo de otra época, como sus deseos. Y lo hacen sobre sus asientos. Huyen. Huyen sin descanso de ese tipo de vida al que cada uno de ellos está condenado, pero a la que ninguno de los dos ni quiere llegar ni sabe cómo esquivar. De momento, su máxima y más urgente necesidad, es alejarse de ese otro mundo que ruge tras ellos aunque no sepan muy bien cómo es, pero que lo único cierto es que se va creando kilómetro tras kilómetro de las sinuosas carreteras que transitan, y tras cada anónima habitación de hotel donde sus cuerpos acaban juntándose con el único objetivo de encontrarse a uno mismo a través del otro, como si el otro fuese el espejo necesario en el que sentir la íntima obligación de verse reflejado. En este caso, la maestría de James Salter no sólo se encuentra en la desnudez de las acciones, en la pulcritud de las múltiples escenas de sexo, sino en traernos esa percepción de lo íntimo y lo ajeno a través de los ojos de un narrador que juega con el lector y sus personajes. Esa escritura limpia y repleta de múltiples y maravillosas imágenes, se comporta como el mejor fluido para una historia, cuya intrahistoria, es la de salvar el alma propia a través del alma ajena. Esa necesidad de pérdida y sensualidad, esa sensación errática de la existencia en la que la propia juventud nos impone vivir como si no hubiese la posibilidad de un mañana, alcanza altas cotas de lirismo y verdad en Juego y distracción, donde una vez más, se nos invita a contemplar la descarnada experiencia de aprender a vivir sin más cuando, quizá, no estemos preparados para ello. La melancolía que Salter pone al servicio de su majestuosa narrativa nos atrapa sin otro argumento que el de la propia palabra. Cabe destacar, sin duda, el inicio de la novela, hasta que el narrador llega a Autum. Aquí Salter es capaz de captar nuestra atención como Thomas Wolfe hizo al inicio de esa pequeña obra maestra titulada El niño perdido.

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