A las 18:23 del 23 de Febrero de 1981, 320 guardias civiles llegaron en autobús a las Cortes. Con el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero al mando, el grupo hizo entrada en el Congreso de los Diputados, en el momento en el que se procedía a la votación de Leopoldo Calvo Sotelo como nuevo Presidente del Gobierno. Muchas cosas sucedieron aquel día. Hoy, 30 años después, recordamos en este artículo dividido en dos partes, aquel instante como el día en que pudimos volver a las sombras.
Aproximadamente veinte minutos después de la llegada de Tejero al Congreso, Jaime Milans del Bosch, capitán general de Valencia, declaró el estado de excepción en su región y mandó tomar las oficinas del Gobierno Civil de Valencia.
El siguiente paso de los golpistas era controlar la División Acorazada Brunete, esto resultaría más complicado, pues su comandante el general José Juste Fernández no se encontraba entre los conspiradores, además desconfiaban de él por su carácter cauto. Para ello aprovecharon que Juste se dirigía a Zaragoza para unas maniobras. Mientras se le encargaba al gobernador militar de La Coruña y anterior comandante de la División Acorazada, el general Luís Torres Rojas, ir a Madrid y hacerse cargo de Brunete.
A Juste Fernández se le informó que debía volver a Brunete, sin duda un error de los conspiradores. A su vuelta Juste se sorprendió por ver allí a Torres Rojas y al comandante Ricardo Pardo Zancada. Estos le informaron que la Acorazada debía participar en una gran operación patriótica que resolvería la situación política. Juste quedó convencido al ser informado de que la operación era coordinada por Milans del Bosch y que el general Alfonso Armada, segundo jefe del Estado Mayor, la supervisaría desde la Zarzuela, con la aprobación del Rey y de la Reina.
Mientras tanto Antonio Tejero seguía con el secuestro de los diputados. Todos hemos visto las imágenes del asalto a las cortes innumerables veces. Como Tejero entra en el congreso pistola en mano, como las cabezas de los diputados desaparecen de imagen con la primera ráfaga, con pocas excepciones como la del aun presidente del gobierno Adolfo Suárez y la del vicepresidente para la seguridad nacional y defensa, el general Manuel Gutiérrez Mellado. Muy recordada es la imagen de su enfrentamiento con los golpistas y como estos intentan reducirlo sin éxito.
Al parecer mientras Tejero iba entrando al edificio, y deshaciéndose de los guardias que se encontraba a su paso, iba repitiendo “por España y por el Rey”. Lo cual hacía pensar que el Rey estaba a favor del golpe, de hecho así lo creía Tejero y los conspiradores. Pero ¿Por qué creían los golpistas que el rey estaba de acuerdo con lo que estaba pasando? Esa pregunta tiene respuesta en nombre y apellidos Alfonso Armada. Este le había asegurado a Tejero que actuaba en nombre del Rey y le aseguró que durante el golpe el mismo estaría en la Zarzuela para evitar que Juan Carlos cambiara de opinión.
Lo mismo se le había asegurado a Juste Fernández en la División Acorazada, por lo que accedió a que se siguieran desplegando unidades. Pero Juste como hombre cauto, como decíamos, llamó a Guillermo Quintana Lacaci, capitán general de Madrid, el cual le aseguró no estar en contacto con Milans del Bosch. Por lo que finalmente se decidió por llamar a Zarzuela. Hablando con el secretario general de la Casa del Rey, el coronel Sabino Fernández Campo, le comunicó a éste que las unidades estaban saliendo. Ante la confusión de Sabino, Juste le preguntó “¿pero no esta allí Alfonso (Armada)?” y Sabino contestó extrañado “ni está, ni se le espera” a lo que Juste contestó “eso lo cambia todo” y ordenó retirar las unidades de la División Acorazada.
La incertidumbre y el miedo crecían en España. Las noticias sobre los acontecimientos eran confusas, prácticamente solo se sabía que los diputados estaban recluidos en el congreso, pero nada se sabía sobre lo que podía ocurrir, ni quién o quienes estaban detrás de todo. Por toda España en la sede de sindicatos y partidos políticos se apresuraban a destruir los archivos de afiliados y otros documentos que facilitaran unas posteriores acciones por parte de la extrema derecha. En el País Vasco se formaban caravanas para partir hacia Francia.
Una de esas incertidumbres era el Rey, ¿que estaba pasando en la Casa Real? ¿Estaba el Rey detrás de todo? Mientras, tanto el Rey como Sabino Fernández Campo se apresuraban para dejar clara su postura a las capitanías generales. Cuando Sabino consiguió hablar con Tejero le instó a que se rindiera y le aseguró que era falso que actuara en nombre del Rey, Tejero colgó violentamente.
Por otra parte, para evitar el vacío de poder, motivo por el que Milans del Bosch supuestamente había declarado el estado de excepción en Valencia, Sabino y el Rey le mandaron a Francisco Laína, director de la Seguridad del Estado, la formación de un gobierno provisional. Por aquellos instantes Suárez, Gutiérrez Mellado y el ministro de defensa Agustín Rodríguez Sahagún, además de los socialistas Felipe González y Alfonso Guerra y el comunista Santiago Carrillo eran recluidos en una fría habitación. Por las informaciones que llegaban fuera se temía por la posibilidad de que estos ya hubieran sido ejecutados.
Para el Rey era importante que a todo el mundo llegara de su propia voz que estaba en contra de todo aquello y que luchaba por salvaguardar la constitución y la democracia. Para ello estaban esperando que un equipo de TVE pudiera salir hacia la Zarzuela para grabar su mensaje, pero los estudios de TVE en Prado del Rey estaban tomados por una unidad de la DAC (División Acorazada) y por RNE solo se emitían marchas militares. La primera declaración pública de que el Rey estaba en contra del golpe vino gracias a la diputada socialista Anna Balletbó, la cual por estar embarazada había conseguido que la dejaran salir del congreso, y después consiguió hablar con la Casa Real. Ésta difundió por radio y televisión la declaración que le había hecho el Rey en conversación telefónica, y era que su majestad estaba totalmente comprometido con la defensa de la democracia.
Mientras, se trabajaba porque Tejero se rindiera, para ello se presentó en el congreso el director general de la Guardia Civil José Aramburu Topete, éste violentamente le instó a que se rindiera, al parecer ambos se apuntaron con sus armas, pero Tejero le dijo “Primero lo mato y después me pego un tiro”, a lo cual Aramburu desistió y se marchó. Posteriormente fue Laína por teléfono quien le exigió que se entregara y este respondió que solo obedecía órdenes de Milans y de Armada. Respuesta que alertó a Laína sobre la implicación de Armada. En la segunda parte del artículo veremos como se resolvió la situación definitivamente y que papel jugó en el golpe el general Alfonso Armada.
Carlos Pedrosa
Historiador





