Vivir sencillamente es aprender. Aprender a hacer y deshacer, o a acertar y equivocarse. No nacemos cargados de recuerdos y sabiduría, pero en ese periplo que es la vida, nos vamos retroalimentado día a día de ellos. Sin embargo, en muchas ocasiones, la necesidad de driblar a la realidad nos conduce a vivir otra vida; justo aquella a la que llamamos la soñada. Es entonces, cuando sin antenas que nos teledirijan, marchamos abriéndonos camino para salvar la insalvable distancia entre la realidad y la magia, en una ruta por la que transitamos a través de sentimientos como la melancolía, la tristeza o la pérdida. Nada es igual a como lo soñamos, y por eso, los personajes de Beginners se preguntan por qué, y en esa necesidad de encontrar una respuesta, inician una nueva vida. Sí, aquella que siempre habían deseado, pero que nunca se habían decidido a vivir, a veces por falta de valor, y otras por puro convencionalismo.Archive for Diciembre, 2011
Beginners (Principiantes): la distancia entre la realidad y la magia.
Vivir sencillamente es aprender. Aprender a hacer y deshacer, o a acertar y equivocarse. No nacemos cargados de recuerdos y sabiduría, pero en ese periplo que es la vida, nos vamos retroalimentado día a día de ellos. Sin embargo, en muchas ocasiones, la necesidad de driblar a la realidad nos conduce a vivir otra vida; justo aquella a la que llamamos la soñada. Es entonces, cuando sin antenas que nos teledirijan, marchamos abriéndonos camino para salvar la insalvable distancia entre la realidad y la magia, en una ruta por la que transitamos a través de sentimientos como la melancolía, la tristeza o la pérdida. Nada es igual a como lo soñamos, y por eso, los personajes de Beginners se preguntan por qué, y en esa necesidad de encontrar una respuesta, inician una nueva vida. Sí, aquella que siempre habían deseado, pero que nunca se habían decidido a vivir, a veces por falta de valor, y otras por puro convencionalismo.El teatro salta a la red desde Toledo
El Greco, Luis Buñuel y Samuel Ha-Leví comparten escenario desde el pasado mes de noviembre con otros ilustres toledanos, de nacimiento o adopción, como la comunera María Pacheco, el emperador Carlos V o Zaida, la que fuera esposa del rey Alfonso VI. Personajes que, de la mano de los actores de la Compañía ETR, se dan cita en la red social Facebook para conmemorar el 25 aniversario de la declaración de Toledo como Patrimonio de la Humanidad.
La Noche Toledana es el título que este singular proyecto, promovido por el Ayuntamiento de Toledo, que pretende trasladar la propuesta teatral a un espacio tan abierto como son las redes sociales. Un escenario en el que estos personajes, abordados desde el punto de vista teatral, interactúan y van tejiendo la que pretende ser la obra de teatro más larga de la historia. Una obra cuyo telón se levantaba a mediados del mes de noviembre y que no se bajará hasta finales del mes de mayo, cuando esta iniciativa toque a su fin.
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Los 140 caracteres de Kapuściński
Con el recuerdo de no haber tenido un par de buenos zapatos hasta llegar a la preadolescencia o de no haber leído un libro hasta cumplidos los 12 años… Resulta paradójico el pensar que Ryszard Kapuściński, el reconocido y admirado periodista, escritor, historiador y ensayista; autor de culto, de mirada lúcida y voz de narrador; peculiar, tierno, irónico, observador detallista, profundamente político, casi filosófico, auténtico animal de la comunicación y máximo exponente de la crónica internacional en la última mitad del siglo XX tuviera un ‘face to face’ con los famosos 140 caracteres. Precisamente el máximo de vocablos del microblogging le plantean un órdago a su máxima, aquella que repetía al mundo: “No se puede escribir de alguien con quien no has compartido como mínimo algún momento de su vida”. ¿Qué haría a día de hoy? Leer más…
El periodismo muerto
El fin del periodismo es un augurio que lleva copando los debates sobre comunicación no sólo los últimos años, sino las últimas décadas. Que ahora, mejor que nunca, seamos conscientes de que la información es tratada como un bien con objetivos rentables más que como un servicio público no significa que el periodismo aún esté vivo, ya que lo único que está vivo es el afán de lucro de aquellos que poseen los medios.
No quisiera desvirtuar la magia de esta profesión tan hermosa –siempre y cuando se sigan las directrices de la ética-, pero me atrevería a decir que, por lo general, la vocación periodística a lo largo de la historia sólo ha sido real en aquellos que aún no habían conseguido obtener un poder periodístico real. Que actualmente los fines del periodismo sean claramente no periodísticos no significa que antaño sí lo fueran, lo que pasaba es que no era de recibo que el público aceptase tácitamente que le estaban vendiendo algo como lo que no era.
A partir del siglo XVIII, cuando se puede comenzar a hablar de periodismo como tal, la prensa se utilizaba como un arma política de doble filo: coacción de los que ostentaban el poder y ansia de libertad de los que lo anhelaban (para acabar coartando dicha libertad en caso de hacerse con el poder). En España, por ejemplo, el caso más claro viene en el siglo XIX de la mano de Espartero.
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Cuestión de tamaño
Érase una vez un niño de madera, una marioneta. Deambulaba continuamente acompañado de su mitomanía psicosomática. Curioso insaciable, en palabras de Oscar Wilde, Pinocho “puede resistir todo, excepto las tentaciones”.
Gepetto, anciano y bondadoso, fue su progenitor. Con su obsesión eterna por los relojes, de cuco siempre. Y, luego, las malas y buenas influencias, como todo. Cleo, Figaro, el Hada Azul, Strómboli… Y, por supuesto, Pepito Grillo.
Un cuento de niños, una fábula infantil que podríamos adaptar al periodismo. Viejo periodismo. El impreso, el que te mancha los dedos de tinta cuando pasas sus páginas, el que te protege de los restos de café producto del despiste dominical. Sería un Gepetto `anciano y bondadoso´ carpintero de noticias. El progenitor de Pinocho, el ciberperiodismo, un chiquillo. Marioneta de la globalización, con las cuerdas enredadas entre times lines y plus de Google. Sin capacidad de rechazar tentaciones. Una influencia (buena o mala): las redes sociales.





