
La mirada de Beltrán Gambier es especialmente interesante porque a su labor como director de una revista especializada en biografías, pionera a nivel mundial en el género con más de 15 años de antigüedad, suma su condición de jurista dedicado al derecho administrativo y de promotor de la transparencia a través de su actividad cívica en Transparencia Internacional España.
¿Que le parece lo que ha ocurrido con el flamante Diccionario Biográfico Español?
Coincido con las voces críticas en torno a la biografía de Francisco Franco. No puedo opinar del resto porque no he consultado la obra todavía. Este hecho pone de relieve la escasa cultura de la independencia y de la imparcialidad que hay en España en ciertos ámbitos. Si los periodistas cuentan lo cotidiano según la tendencia que representan, ¿porqué los historiadores van a hacer algo distinto?
De todos modos, es más grave lo sucedido porque un periodista responde a su conciencia que se integra con la visión del medio de prensa para el que trabaja, que es una empresa privada y por lo tanto libre. Pero aquí se trata del uso del dinero público y de escribir la “historia oficial”.
¿Pudo haberse hecho algo distinto que confiar a la Real Academia de la Historia este diccionario?
Pienso que es correcto que la Real Academia de la Historia lidere la creación y el desarrollo de este diccionario. Pero me parece que frente a la entidad de la obra debieron tomarse recaudos especiales para garantizar la independencia e imparcialidad de los textos. Esta claro que la sorpresa que ha causado esta edición tiene que ver con la oscuridad del proceso de elaboración. En países como Noruega, por ejemplo, las decisiones culturales importantes pasan por el parlamento. Que nadie quiera atribuirme que deseo que los legisladores discutan el diccionario, claro. Eso es imposible. Pero sí sería muy razonable que los representantes del pueblo conocieran el proceso de gestación.
¿Qué consecuencias prácticas cree que generará este episodio?
Me parece que tendrá muchas consecuencias. O, al menos, debería tenerlas. En primer lugar tendría que haber una rectificación, en algunos casos urgente, en todos los supuestos en que se detecten este tipo de situaciones inconvenientes. No es excusa que la obra esté terminada e impresa pues no hay “cosa juzgada” en términos biográficos. Se pueden hacer addendas perfectamente.
Además es interesante comparar lo que dice la Real Academia de la Lengua sobre el franquismo. Allí se dice que el franquismo fue un movimiento político de tendencia totalitaria. Y también puede encontrarse allí cierta unidad conceptual entre las voces “dictador” o “autoritario” en lo que se refiere a la falta de controles en el ejercicio del poder. Lo que quiero decir con esto es que las palabras podrían permitir cierta defensa del diccionario, pero en España no cabe duda que la sociedad califica al régimen de Franco como una dictadura.
Redacción