Entre los años 1.200 y 800 a.C. el pueblo de los Na-Dené llegó a Alaska desde Asia a través del estrecho de Bering, entre ellos había cuatro grandes familias: los Eyak, los Haida, los Tlingit y los Athabascan. Hacia 200 d.C. los Tlingit y los Athabascan ya se habían separado definitivamente constituyendo tribus y culturas diferenciadas y comenzando una lenta marcha hacia el sur, que duró varios siglos a lo largo de los cuales fueron surgiendo las principales naciones indias norteamericanas. Cuando los españoles hollan por primera vez suelo norteamericano en el siglo XVI, los Navajos ya están instalados en la que actualmente consideran tierra de sus ancestros, el noreste del estado de Arizona. En el verano de 1540 Francisco Vázquez de Coronado se convierte en el primer europeo que contacta con varias de las principales tribus de la zona, en concreto Hopi, Apache y Navajo. Al principio los españoles se refirieron a ellos, y a todos los nativos hostiles que encontraron, como apaches, palabra que proviene del término zuñi apachú que significa “enemigos” Al poco tiempo los conquistadores se dieron cuenta de que varias de esas tribus hablaban lenguas parecidas, todas de origen athabascan, y el término apache pasó a ser usado para identificar a este conjunto de pueblos con una raíz lingüística común. En concreto, las similitudes lingüísticas entre Apaches y Navajos hacen sospechar que ambos pueblos tienen un mismo origen étnico no muy lejano en el tiempo. De los conquistadores recibieron el caballo, las ovejas y las cabras y durante siglos su estatus fue cambiante e incierto para la Corona de España aunque, mal que bien, pudieron mantener su modo de vida básicamente intacto. Con la llegada masiva de colonos estadounidenses a partir de mediados del siglo XIX los Navajo viven sus años más difíciles. Por el Tratado de Guadalupe Hidalgo, firmado el 2 de febrero de 1848, el general Antonio López de Santa Anna cedía a los Estados Unidos de América la mitad del territorio de México, incluidas las tierras del pueblo Navajo garantizadas hasta entonces por diversos tratados con la antigua metropoli. La presión de los colonos y del ejército de la Unión terminaría por desatar las Guerras Indias en las que las Grandes Naciones fueron sistemáticamente derrotadas, controladas y recluidas en reservas donde tuvieron que luchar, literalmente, por sobrevivir. Afortunadamente desde principios del siglo XX sus condiciones de vida y estatus legal fueron mejorando lenta pero progresivamente.
El objeto del presente artículo no es, sin embargo, la historia del pueblo navajo, al contrario, se trata de conocer la situación actual de una de las mayores Naciones Indias americanas más allá de los tópicos y de la visión románticas
que de ellos tenemos en occidente. Para ello me puse en contacto con el señor Irving Nelson (en la foto), supervisor y jefe de la Biblioteca de la Nación Navajo (Navajo Nation Library) con sede en Window Rock, Arizona, quien amablemente accedió a responder a varias preguntas sobre su pueblo y me facilitó una gran cantidad de información al respecto.
Los navajos se llaman a sí mismos Diné, que en su lengua quiere decir “pueblo” y lo que hoy se denomina Nación Navajo (The Navajo Nation) es un vasto territorio de 70.000 kilómetros cuadrados que abarca una cuarta parte del estado de Arizona y que se extiende por Utah y Nuevo México. La Reserva fue creada en 1868, tras muchos avatares y penurias incluida la Larga Marcha, como una lugar en la que recluir a los indios navajo y entre 1868 y 1934 su extensión se fue incrementando hasta alcanzarse los límites actuales; a día de hoy es el mayor territorio bajo jurisdicción india dentro de los Estados Unidos. El censo elaborado en el año 2000 arrojaba una cifra de 298.215 navajos viviendo en el país, de los cuales 173.987 lo hacen en la Nación Navajo, estando el resto diseminados por todo el país. La primera pregunta me resultó evidente ¿Quién es considerado hoy en día un indio navajo? Según me explicó el señor Nelson, en Estados Unidos existen actualmente decenas de naciones indias reconocidas oficialmente y cada una de ellas establece sus propios criterios a la hora de determinar quién puede, o no, ser considerado parte de la tribu. Estos criterios, por lo general, se basan en el llamado blood quantum que hace referencia a la cantidad de sangre india que corre por las venas del individuo en cuestión. Mientras algunas tribus establecen esa cantidad en un treintaidosavo el pueblo navajo la mantiene en un cuarto y en abril de 2004 el Consejo Tribal Navajo votó en contra de ampliarlo a un octavo. Una vez probada la ascendencia india la persona es reconocida como miembro de la tribu y recibe el CIB (Certificate of indian blood)
Los navajos, como se ha indicado, tienen una lengua propia, muy cercana al apache y otras lenguas de origen
athabascan, pero ¿se trata de una lengua viva que goza de buena salud? La respuesta fue un rotundo sí. El navajo, o diné bizaad, es la lengua india más hablada en los Estados Unidos con algo más de 175.000 hablantes, cifra que crece año tras año, de los cuales algo menos de un 3% la tiene como lengua exclusiva y no habla inglés ni castellano. Desde hace años el pueblo navajo ha creado escuelas bilingües gracias a las cuales su idioma no sólo ha sobrevivido si no que se ha mantenido como un idioma, vivo en el día a día, que los jóvenes hablan con orgullo. La lengua de los Diné es rica y versátil, fácilmente adaptable y con muchos giros y expresiones que muestran lo importante que es el sentido del humor, y la risa, para el pueblo navajo; sirva de ejemplo el llamado rito de la Primera Risa, que tiene lugar cuando un bebé navajo ríe en voz alta por vez primera, hecho que es motivo de celebración y orgullo para sus padres y toda la familia. Como curiosidad decir que durante la Segunda Guerra Mundial el ejército norteamericano empleo a indios navajos para desarrollar un código indescifrable para un enemigo que se vio absolutamente desconcertado por aquella clave en lengua navajo.
Si bien los indios navajos, igual que el resto de nativos americanos, son ciudadanos de los Estados Unidos su Nación goza de una importante autonomía dentro del país. Como si de un estado propio se tratase los Diné tienen unos órganos de gobierno estructurados en tres poderes: legislativo, ejecutivo y judicial y una serie de competencias que quedan bajo su absoluto control. Uno no puede entrar en la Reserva así como así, hay que pedir permiso para acceder y, del mismo modo, los departamentos de policía locales o estatales no tienen ninguna jurisdicción en territorio navajo ya que los indios cuentan con un cuerpo de policía propio; el hermano del señor Nelson es, de hecho, capitán de la Policía de la Nación Navajo. El FBI, como cuerpo de seguridad federal, sí que tiene jurisdicción dentro de la reserva igual que la tiene, en los asuntos que le competen, en el resto del territorio estadounidense.
Pero ¿Cómo se organiza de manera efectiva la Nación Navajo? Irving Nelson me lo explicó en pocas palabras: “Hay 110
Capítulos (Chapters) en la Nación Navajo, se trata de órganos de gobierno local que eligen a su propio presidente, vicepresidente, tesorero/secretario y resto de personal administrativo. Los Capítulos están representados en el Consejo de la Nación Navajo (Navajo Nation Council) por sus respectivos delegados; solía haber 88 delegados pero hace poco se redujo el número a 24” Esta reducción vino propiciada por una serie de casos de corrupción que afectaron al Consejo y para frenar aquello se decidió reducir el número y hacerlo más controlable y abierto al resto de la tribu. El Consejo tiene su sede en la capital de la Reserva, Window Rock, y actúa como órgano legislativo supremo. Desde el Gobierno Federal mantienen la prerrogativa de vetar o modificar, previo pacto y negociación, las leyes aprobadas por el Consejo aunque esto no suele suceder.
Los navajos han mantenido vivas sus tradiciones y ceremonias y, pese a vivir en pleno siglo XXI, continúan transmitiendo a los más jóvenes su visión de la Creación basada en Los Cuatro Mundos en los que fueron creados el Primer Hombre, Altse Hastiin y, la Primera Mujer, Altse Asdzaa y el resto de seres vivos que fueron morando en y transitando por ellos. También los cuatro vientos y sus cuatro direcciones siguen siendo sagrados: el este marca el comienzo, es donde nace el Sol que invita a reflexionar antes de actuar al iniciar el nuevo día, tras la salida del astro rey el navajo mira al sur, planea, organiza y vive la jornada que transcurre hasta que el sol se pone por el oeste y es hora de volver a casa. El norte es adonde se mira de noche, para reflexionar y evaluar el día y cambiar las cosas que se han hecho mal. En contra de lo que se pueda pensar sin embargo, como bien me señaló Irving Nelson, aunque estas tradiciones perviven con fuerza especialmente dentro de la Reserva, entre los miembros del pueblo navajo es posible encontrar todo tipo de confesiones, sobre todo católicos y cristianos evangélicos. Esto da lugar a interesantes mezclas de religiones “occidentales” aderezadas con elementos tradicionales navajos. En cualquier caso la mayoría del pueblo navajo profesa un tremendo respeto por las antiguas creencias que, como he mencionado antes, se mantienen muy vivas.
Los navajos del siglo XXI se aferran a su identidad pese a estar plenamente integrados en el país y en los tiempos que viven. Dentro de las Naciones Indias, tal vez por el peso y la fuerza que les da el número, han sabido mantenerse firmes en sus tradiciones sin dar la espalda a un mundo moderno que amenazaba con engullirles. La economía de la Nación Navajo ha despegado en los últimos años, han desarrollado diversas corporaciones de negocios, explotan sabiamente el turismo en su tierra y muestran con respeto su cultura a quien quiera acercarse a ella.
Cuando un navajo se presenta, especialmente en público, lo hace identificándose a sí mismo a través de los clanes a los que pertenece dentro de su Nación. Un bebé navajo nace del clan de su madre y lo hace para el clan de su padre al que servirá con orgullo. Los niños son el nexo de unión entre distintos clanes. Se nombra primero el clan materno y después el paterno y es la madre la que da el origen y la identidad en el sentido de pertenencia. A través de los clanes se conoce a un navajo y el clan es tan importante que incluso, sin que exista relación de consanguinidad, está muy mal visto el casarse con alguien del mismo clan, llegando a ser considerado algo próximo al incesto. Los primos/as al estilo occidental son considerados hermanos para un indio navajo y si dos miembros del mismo clan se conocen por vez primera se dirigirán el uno al otro como hermano o hermana. Nuestros tíos abuelos, los hermanos/as de nuestros abuelos, son considerados abuelos para los navajos y además de citar el clan materno y paterno se mencionan expresamente y con orgullo los padres de la madre y a los abuelos maternos y paternos. Estas costumbres, posiblemente extrañas a nuestros ojos, dan fe de la importancia de la familia, en el sentido más amplio de la palabra, casi como las antiguas gens romanas o los conocidos clanes escoceses, para los indios navajos americanos. Son en cualquier caso estas costumbres, motivo de alegría pues significan, ante todo y sobre todo, que las culturas nativas americanas han sabido y han podido adaptar su existencia a los tiempos del mundo actual, compaginando modernidad con pasado y demostrando que progreso y tradición no son excluyentes y que es posible sobrevivir a la asimilación cultural sin quedar por ello fuera de la sociedad. Supongo que no hay cultura perfecta ni cultura absolutamente negativa; ni la suya es la cultura ideal que muchos se empeñan en ver ni la nuestra es un completo y destructivo desastre. En la integración, en el intercambio y en el aprendizaje está la clave del enriquecimiento y del crecimiento de todos, como individuos y como grupo.






Interesantísimo todo esto que cuentas, Jose. Y no te imaginas cuánto me alegro de que este pueblo navajo haya sobrevivido como tal hasta nuestros días, hecho que realmente yo desconocía. La cultura india norteamericana, y su sabiduría, no deberían extinguirse nunca.
Por artículos como este y similares me hacen pelín de gracia los flagelantes de nuestra colonización americana. No fue perfecta pero dista mucho de ser tan mezquina y maleva como a según que bienpensantes les gusta pregonar.
Muy interesante la división de los ejecutivos locales en Capitulos como si fuesen ordenes religiosas y el tema sanguineo (treintaydosvoas etc) me imagino que me choca por radicalmente racial cuando en nuestras sociedades occidentales estan por barrer cualquier división étnica.