Desde la primera imagen en negro, en la que el espectador se queda desconcertado y que nos recuerda a un cuadro de Rothko, hasta el trepidante final, Buried es ese tipo de películas que se te quedan en la retina para siempre. Distinta, original, inédita, magistral, conmovedora, cruel e irónica, nos demuestra de una forma tan directa como efectiva lo que se puede llegar a hacer con una buena idea.
Sustentada en el magnífico guión de Chris Sparling, Buried es capaz de transportarnos a miles de kilómetros del famoso ataúd sin salir de él. Tiene ese extraño encanto de la astucia argumental que no nos deja indiferentes a lo largo de los más de noventa minutos que dura la cinta (y que cuando acaba no te lo llegas a creer) en los que Rodrigo Cortés realiza una magistral lección de cine, y nos deja entrever bien a las claras que otro tipo de cine español es posible, sobre todo, si se sustenta en la inteligencia bañada con dosis de intriga, acción y un poquito de amor.






