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El 24 de noviembre de 1991 fallecía Farrokh Bulsara, más conocido como Freddie Mercury, vocalista, imagen y alma de la banda británica Queen. Recuerdo sin embargo que la tragedia comenzó a mascarse en octubre de ese mismo año, cuando la enfermedad prácticamente ya lo había consumido y poco quedaba del vital Freddie Mercury que el público conocía. La prensa británica publicaba varias fotos de un Freddie  Mercury claramente desmejorado que había dado todo lo que le quedaba, el resto de su maltrecha vitalidad, en la grabación de Innuendo, un disco espectacular y emotivo pues tanto Freddie como sus compañeros sabían que era el último. La vida misma se dejó en aquellas últimas y maratonianas sesiones en las que en más de una ocasión llegó a perder el conocimiento mientras se derrumbaba exhausto, pero ni aún así se detuvo, todos tenían claro que Freddie quería despedirse a lo grande, con el disco terminado y listo. El resultado fue tremendo y emocionante, el mejor disco del grupo tras A night at the Opera.

Queen era y es mi grupo, el grupo, ese con el que conectas desde que lo escuchas por primera vez y del que te gusta todo, ese que hace que se te erice el vello de la piel cada vez que oyes ciertos temas y que te emociona con unas canciones himno del todo espectaculares. Pero Queen, como el tiempo ha demostrado, era Freddie. En Brian, Roger y John encontró a los compañeros perfectos, pero el alma sin duda era él. Freddie Mercury se imaginaba un tema y le daba forma con su voz y su ingenio, sin preocuparse si aquello era factible o no, si vendería o no y así surgieron canciones como Bohemian Rapsody o The Prophet Song en 1975 aunque ese estilo tan propio, tan particular de la banda, se respira en todos y cada uno de sus discos, desde el principio. Freddie hizo mejores a sus compañeros de banda, llevándolos a la perfección, y ellos le acompañaron de forma genial durante el tiempo que estuvieron juntos.

Freddie vivió una vida llena de excesos y sin ningún tipo de freno. Lo pagó muy caro. Muchos le reprocharon y le siguen reprochando que no  saliera  antes a la palestra para anunciar que estaba infectado con el VIH, y posiblemente tengan razón, debió hacerlo ya que en aquellos años el sida era todavía un asunto tabú, una lacra y un estigma social que acrecentaba aún más el padecimiento de quienes lo sufrían. Pero Freddie era Freddie, pura magia capaz de alcanzar registros impensables para la mayoría de cantantes, capaz de volar con su voz y llevarnos de la mano con él. Freddie fue un bohemio y un profeta, Freddie lo quería todo y tenía algo mágico, Freddie vivió bajo presión y siempre necesitó alguien a quien amar, con Freddie vivimos los mejores días de nuestra vida y por ello quisimos vivir para siempre y es que Freddie fue, en definitiva, el príncipe del universo, de un Universo, el de la música y la cultura popular, que quedó huérfano aquel 24 de noviembre.

Uno de mis sueños habría sido el de poder ir a un concierto de Queen y recuerdo como, en aquellos meses que siguieron a la salida al mercado de Innuendo, mientras los rumores sobre el estado de salud de su vocalista se multiplicaban, desde la discográfica y el entorno inmediato del grupo se decía que no, que la gira prevista seguía adelante y que, tras haber dejado al público con las ganas con The Miracle, esta vez si Queen volvía a la carretera. Nuestro gozo en un pozo. Aquello sólo fue una cortina de humo para esconder hasta el final el frágil estado de salud del corazón del grupo. Freddie se moría. En noviembre de 1991 su voz se acallaba para siempre y Freddie Mercury se convertía en inmortal.

One Comment

  1. Beatriz dice:

    Yo conocí a Queen a través de mi hermano, que se compraba sus discos, y es algo que le agradeceré siempre. Me encanta cómo defines a Freddie a través de sus canciones, no sé si te lo he dicho antes ya, pero te lo repito. Inmortal, tú lo has dicho.

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