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Desde la primera proyección cinematográfica abierta al público, el 28 de diciembre de 1895 en París, hasta el día de hoy, el cine ha experimentado una vertiginosa evolución que le ha llevado, en lo técnico, desde el primitivo cinematógrafo de los hermanos Lumiere hasta el cine digital y en tres dimensiones del siglo XXI.

En lo técnico y tecnológico, el cine, conocido ya como el séptimo arte, ha desarrollado, durante su centenaria historia, todo un lenguaje propio que le ha convertido en uno de los medios de comunicación de masas más importantes y destacables del siglo XX y, de momento, del siglo XXI.

Esta evolución ha permitido al cine desarrollar sus propios géneros y, con el paso del tiempo y los cambios sociales, han surgido del mismo modo una serie de movimientos cinematográficos y cinematografías nacionales.

Desde su inicio como espectáculo de masas, y la creación de las primeras películas tal y como las entendemos ahora, se inician casi todos los géneros cinematográficos y, entre ellos, el género histórico surge como uno de los más destacados, pues la historia universal es fuente inagotable de argumentos para el nuevo medio de comunicación y entretenimiento.
El cine histórico es aquel que gira en torno a la narración de uno o varios hechos históricos reales. Posee una característica básica que lo diferencia de otros géneros cinematográficos: plantea una versión del pasado rodada en un tiempo posterior al momento al que ocurren los hechos. Se trata pues de una recreación del pasado.
Habría que distinguir, por consiguiente, el género histórico del resto de géneros cinematográficos en el sentido de que todos pueden ser documentos históricos, pero sólo pertenecerán al género histórico aquellos que narren hechos históricos.
Por ejemplo, El ladrón de bicicletas (Vittorio de Sica, 1948) constituye un documento histórico apreciable a la hora de estudiar la Italia de la posguerra. Sin embargo, no pertenece al género cinematográfico histórico, puesto que refleja la sociedad del momento en que se rueda.
El género cinematográfico histórico surge, como ya hemos comentado, durante los primeros pasos del cine mudo. Durante esta etapa podemos mencionar dos ejemplos de cine histórico; El nacimiento de una nación (David W.Griffith, 1915) y Napoleón (Abel Gance, 1927).
La primera se desarrolla durante la Guerra de Sucesión norteamericana y la segunda narra la vida de Napoleón. Las dos son, por tanto, películas pertenecientes a este género. Sin embargo, la primera narra el surgimiento del Ku Klux Klan y tiene un objetivo propagandístico y de exaltación del racismo y la superioridad de la raza blanca, la segunda es una biografía de parte de la vida de Napoleón Bonaparte.
De esta forma vemos como, desde los inicios del séptimo arte, el género cinematográfico histórico evoluciona surgiendo subgéneros propios. Es el caso del cine bélico, las biografías de personajes históricos, el cine bíblico, las películas “de romanos”, género conocido como péplum, el western, etc.
Estos géneros se desarrollarán a lo largo de toda la historia del cine, convirtiéndose algunos de ellos en auténticos géneros en sí mismos, como el caso del western, desvirtuándose en muchas ocasiones el carácter histórico de las películas.
A su vez, sea cual sea la época que ambienta la película, nos encontramos con films del género histórico con características muy diferentes; comedias, dramas, melodramas, aventuras o películas épicas que narran hechos históricos o se ambientan en diversas etapas de la Historia.
El periodo de la historia del cine correspondiente con el cine mudo, que llega hasta bien entrado los años veinte, configura buena parte de los géneros cinematográficos, así como el género histórico en sí mismo.
Así, en este mismo periodo tenemos ejemplos de cine bíblico e histórico, de la mano durante estos años de diversas películas de Cecil B. DeMille, entre la que podemos destacar Rey de reyes (1927), que narra la vida de Jesús de Nazaret.
Tras el cine mudo se desarrolla la industria del cine, ya más como un producto de entretenimiento y ocio, con la creación de Hollywood y el Star Sistem. Durante estos años la historia es también fuente de inspiración con películas como Cleopatra (Cecil B. Demille, 1934) o Lo que el viento se llevó (Víctor Fleming, 1939).
Durante estos años se desarrollan diversas industrias nacionales cinematográficas con un interés claramente ideológico. Es el caso de las potencias totalitarias como la Unión Soviética, la Alemania nazi o la Italia fascista.
En este sentido debemos destacar la obra maestra El acorazado Potemkin (Eisenstein, 1926).
En el caso italiano es muy interesante la creación por Mussolini de los estudios de Cinecittá en Roma. En ellos se sigue la estela de grandes epopeyas históricas grabadas en Italia en torno a 1910 en cine mudo, como es el caso de Cabiria (Giovanni Pastrone, 1914), ambientada en la segunda Guerra Púnica.
En Cinecittá, durante la época mussoliniana, se ruedan multitud de películas históricas con una intención ideologizante y propagandística, como Escipión el Africano (1937), que influirán decisivamente en el cine español del primer franquismo con títulos que pretendían exaltar los presupuestos ideológicos del bando vencedor.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Hollywood se centrará también en la producción de películas propagandísticas. Tras la guerra se desarrollaría el cine bélico, el western, así como retornarán las grandes producciones históricas, algunas como remake de los grandes éxitos del cine histórico de los años veinte y treinta.
Dentro de ese último ejemplo destaca la famosísima película Ben Hur (William Wyler, 1959), basada en la película homónima de Fred Niblo de 1925, o Cleopatra (Joseph L. Mankiewicz, 1963), largometraje mítico protagonizado por Elisabeth Taylor y Richard Burton que revisaba la versión de Cecil B.DeMille.
La gran cantidad de largometrajes pertenecientes al género cinematográfico histórico durante los años cincuenta y sesenta acabaron por fijar de forma culminante la totalidad de los diferentes géneros y subgéneros procedentes del histórico.
En las décadas posteriores el número de grandes producciones históricas disminuyó considerablemente, pero siempre el género histórico ha permanecido presente en la producción cinematográfica.
Así, podemos destacar otras producciones basadas en hechos históricos de diversa índole, desde esa etapa dorada de las grandes producciones de los años cincuenta y sesenta hasta la actualidad.
Es el caso de Patton (Franklin J. Schaffner, 1970), de La Misión (R. Joffé, 1986) o de Cyrano de Bergerac (J-P. Rappeneau, 1990), por citar un ejemplo por década, estilo cinematográfico y época histórica.
En la última década, el género histórico cinematográfico sigue vigente e, incluso, ha renovado su predicamento entre los espectadores con grandes éxitos como Gladiator (Ridley Scott, 2000), Pearl Harbour (Michael Bay, 2001), Alejandro Magno (Oliver Stone, 2004) o la más reciente, y citada como ejemplo más alejado de lo que solemos considerar cine histórico, Invictus (Clint Eastwood, 2009), en la que se narran hechos políticos ocurridos en torno a la Copa Mundial de Rugby de 1995 en Sudáfrica.

Cristóbal Villalobos

Escritor e historiador

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