La Historia del Presente no se corresponde con una época histórica concreta. No pertenece a ninguna división cronológica tradicional de la Historia, sino que va unida a la noción de tiempo. La Historia del Presente nace en el momento en el que lo pasado se cristaliza en la memoria de un testigo vivo de los hechos pasados, que permanecen en su mente como memoria viva.
La Historia del Presente tiene como límites el pasado cercano y el futuro próximo de una vida humana. De esta forma, en el momento en el que dejara de existir una persona de una época concreta podríamos decir que esa época dejaría de ser Historia del Presente y pasaría a ser Historia Contemporánea, según su concepción más clásica.
De esta forma, resulta obvia la estrecha relación que mantienen la Historia del Presente con la memoria de los testigos vivos, que constituyen una de sus fuentes para la investigación principales.
Hay que tener en cuenta que el estudio de la Historia del Presente significa investigar una historia no cerrada, una historia en movimiento, cuyos procesos históricos no han concluido cuando ya los estamos analizando.
La memoria constituye, por tanto, una parte sustancial de la Historia del Presente, pero no debemos confundirlas. El historiador francés Le Goff diferenciaba, en este sentido, dos historias; por un lado la historia de los historiadores y, por otro, la historia vivida o memoria colectiva.
La memoria colectiva construye su sistema de representación propio, no en base a argumentos sino a acontecimientos ocurridos en un lugar y un tiempo concreto en torno a los cuales un grupo social define su identidad. Se trata de un memoria compartida, selectiva, en el que el olvido tiene un papel fundamental; no existe la memoria si no hay olvido.
De esta forma, la memoria bascula entre la memoria común, los recuerdos vividos por un grupo social y la memoria histórica, constituida por la apropiación de los recuerdos históricos por parte de un grupo social.
Junto a esta memoria colectiva se sitúa la historia que hacen los historiadores, regida por los criterios de objetividad y veracidad, asentada en el análisis crítico de las fuentes, así como en una metodología científica.
De esta forma, resulta perfectamente acertado hablar de memoria histórica pero esta, según mi parecer, no debe quedar nunca en una situación de superioridad sobre la Historia ejercida por los historiadores.
La memoria histórica de una colectividad o de un grupo social forma parte de la Historia, pero no debe ser acatada como una verdad absoluta, sino que debe ser analizada de forma crítica por los historiadores dentro del marco del estudio de la Historia del Presente.
Cristóbal Villalobos Salas (Málaga, 1985) Licenciado en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Málaga, Máster en Museología por la Universidad de Granada y Máster en Métodos y Técnicas Avanzadas en Investigación Histórica, Geográfica y Artística por la UNED.






La memoria es individual y subjetiva, nunca es «histórica» o «colectiva» como tal. La historia, en cambio, no se basa en memorias individuales subjetivas, sino en la investigación intelectual de los datos empíricos que sobreviven del pasado. Lo que hoy se conoce como ‘memoria histórica’ no es más que una revisión -en el sentido más peyorativo del término- de los hechos históricos, basada en datos sesgados, desarrollada desde una perspectiva ideológica y con una clara finalidad política en el caso español. La falta de honestidad intelectual de muchos ‘historiadores’, como señala Pío Moa, está contribuyendo a este mal revisionismo de nuestra historia, condicionando nuestro presente y cegando las posibilidades de nuestro porvenir.