Estoy muerta de miedo, con mi copa de vino en una mano y el recuerdo de tu último beso en mis labios. ¿Qué te diré cuando te vea? Seguro que me comportaré como una tonta, y no sabré expresar más que frases hechas y sin sentido. Tu presencia me desborda todavía, aunque siempre te tenga a mi lado, entre fugaces recuerdos que me llevan a aquella copa de vino. Al instante en el que nos amamos con efluvios de color cereza, y entre sonrisas, corrimos a refugiarnos en sueños envueltos en colores magentas y aromas de canela.
Ahora te busco más allá de nuestro fugaz encuentro. A la espera de una recompensa por mi esfuerzo, como tú hiciste mientras te deslizabas por mi cuerpo. Entonces, el deseo surgió sin la necesidad de utilizar las palabras, sólo con un intenso intercambio de miradas y anhelos. Apreciando tu sabor, que me hizo evocar mis mejores momentos; e inundándome con tu olor, que me avisó que siempre estaríamos cerca, en un maravilloso y fugaz encuentro.





