Una de las mejores lecturas de este año ha sido Los Lobos, escrito por Hans Hellmut Kirst en 1967. Hace ya unos meses que recorrí por última vez las calles del apacible pueblo de Maulen, en Masuria, Prusia Oriental, muy cerca de la (por aquel entones) frontera germano polaca, donde tiene lugar los hechos que reflejan, a nivel de una pequeña aldea, el ascenso, auge y caída del nazismo. No me había dado cuenta de lo muchísimo que estaba disfrutando con el libro, con sus personajes y con los avatares de sus vidas en los difíciles años que van desde 1932 a 1945, hasta que una noche de enero lo cerré por última vez. A lo largo de sus 574 páginas llegamos a conocer lo que bien pudo ser la vida en infinidad de pequeñas localidades de la Alemania nacionalsocialista y es que, para bien y para mal, en un pueblo todo es más familiar, más cercano. Todos conocen las miserias y las virtudes de los demás y quien mejor sepa manejarlas, tiene mucho terreno ganado en caso de confrontación.
Este es el caso de Alfons Materna, el protagonista. Una granjero adinerado, inteligente, sabio y reflexivo pero implacable a su manera. Por la casa de Alfons y las calles de Maulen desfilan infinidad de personajes a cual más interesante, su inseparable y fiel Jacob Jablonski, los jóvenes Peter y Konrad, Siegfried Grienspan, Wollnau, María, Hannelore, Sabine o el barón van der Brocke. A todos ellos los voy a echar de menos, incluso a los pérfidos e inflexibles miembros del Partido Nazi en Maulen, Johannes Eichler, Eugen Eis, Nueber, Kubler, Schlugewait y todos los demás.
A todos los amantes de la buena literatura no puedo menos que recomendarles el libro, a todos los que se sientan especialmente atraidos por el período histórico también. El retrato psicológico y mordaz del régimen Nazi a pequeña escala me pareció fantástico. Es un libro que engaña, pues mientras lo lees no parece de esos que van a ocupar un lugar especial en tu memoria. Cuando lo acabas, sin embargo, lo haces con cierta pena, con el pesar de abandonar a personas y personajes que durante unas semanas han formado parte de tu vida y a los que has llegado a conocer y apreciar.
“… Pero entonces sucedió que esta gente mataron a uno de mis hijos. Y me di cuenta horrorizado de que a quien no podía o no quería vivir con ellos le negaban el derecho a la vida [...] Hoy sé que ante tanta sed de sangre, una sola medida hubiese sido eficaz: la antigua ley de nuestro país: si el lobo ataca a tus rebaños, mátale. ¡Muerte a los Lobos! se dice en nuestra tierra [...] ¿Qué he hecho, qué hemos hecho todos en este sentido? Aquí amigos míos comienza la historia de nuestra culpa, de nuestra complicidad; un encadenamiento de indecisiones, errores, cobardías y debilidades. No excluyo a nadie; tampoco a mi mismo; a nadie que no haya sido perseguido, apaleado, encarcelado, torturado o asesinado…” (Alfons Materna, de Los Lobos)






Ya me lo he apuntado. Gracias.