
Dennis Lehane.
Shutter Island.
Círculo de lectores, 2010.
Dennis Lehane, autor entre otras de la excelente Mystic River, llevada al cine por Clint Eastwood, nos ofrece con Shutter Island una gran novela de intriga, sin mayores pretensiones, pero muy bien trabajada a todos los niveles. Cada libro hay que alabarlo o criticarlo, creo yo, dentro de su género y en función de sus expectativas y Shutter Island es una novela que desde el primer momento engancha por su trama y, sobre todo, por el ambiente de tensión e incertidumbre, paranoia incluso, que destilan todas y cada una de sus páginas. Abrir cada día el libro suponía volver a introducirme en el ambiente extraño, enrarecido y peligroso de la isla Shutter y del hospital penitenciario Ashecliffe, un lugar en el que nada es lo que parece, un lugar en el que nunca llegas a sentirte a gusto, al contrario, estás inquieto, nervioso y en tensión permanente. Ambientada en 1954, en pleno auge del macarthismo en Estados Unidos, período sobre el cual obtenemos unas interesantes pinceladas distribuidas por todo el libro, durante sus más de 300 páginas acompañamos al agente del FBI Teddy Daniels en una investigación y una búsqueda que se van volviendo, conforme avanza la lectura, cada más oscuras, confusas y peligrosas.
El lector se ve obligado a convivir y trabajar con Teddy, a compartir su angustia y la duda ante la terrible sensación de que no puede confiar en nadie. El agente Daniels y su compañero Chuck Aule se adentran en un territorio desconocido, en un lugar que pretende y aparenta estar al margen de todo, incluso de las propias leyes y donde los estándares habituales no se cumplen. No hay bien ni mal, no hay una línea clara que separe la cordura de la demencia, sólo existe la oscura e inevitable sensación de que algo va mal, muy mal. Todas esas extrañas y apabullantes sensaciones van creciendo hasta conducirnos a un final inesperado y desconcertante en el que cada uno puede y debe sacar sus propias conclusiones. En cualquier caso se trata, desde mi punto de vista, de una novela muy recomendable que cumple a la perfección su papel. Excelente la traducción de María Vía y, como es habitual en Círculo de Lectores, destaca la impecable presentación, con cinta de tela incluida para marcar las páginas.





