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Mayúsculas: esas letras más grandes de lo normal cuyo uso todos parecemos tener claro pero que, en el fondo, esconden más de una sorpresa y en torno a las cuales circulan mil y una historias a cual más disparatada. Todo el mundo tiene claro que en los nombres propios, después de un punto, al principio de un párrafo o tras un signo de interrogación o exclamación (? ó !) debemos utilizar las mayúsculas. Sin embargo hay quien angustiado se pregunta ¿Qué ocurre después de los dos puntos? ¿Qué pasa con los días de la semana o los meses del año? ¿Es cierta esa leyenda que dice que en las mayúsculas no hace falta acentuar? ¿Estamos en primavera o en Primavera? ¿Porqué en América del Sur sopla viento del sur? Lo cierto es que el uso de las mayúsculas no es tan simple como puede parecer y si uno quiere emplearlas con la debida corrección debe echar un ojo a una buena gramática castellana pues cada regla tiene su excepción Aún así vamos a intentar esclarecer algunos de los puntos más polémicos entorno a estas grandes y hermosas letras.

Después de los dos puntos, por norma general no se escribe en mayúsculas salvo que se trate de una cita literal o del encabezamiento de una carta o documento jurídico administrativo. En todos los demás casos se emplearán las habituales minúsculas.

Otra gran incógnita es ¿Qué sucede con los días de la semana, los meses del año o las estaciones? ¿No son acaso nombres propios y, por tanto, deberían escribirse con mayúsculas? Pues resulta que no. Cada semana hay un nuevo lunes y cada año tenemos un verano y un mes de julio; además no es habitual que coincidan en el número de día por lo que no se les considera nombres propios así que se escriben con minúsculas. Es triste pero es así. Cosas de la RAE (en el caso de las siglas que abrevien el nombre de una institución, como es el caso, emplearemos siempre las mayúsculas) que es en definitiva quien marca la pauta.

Sin duda el más insondable de los enigmas en torno a las mayúsculas, el que ha suscitado los más enconados debates, es el de si están exentas o no del empleo de las tildes. Hay quien afirma con rotundidad que cuando se escribe en mayúsculas no es necesario ponerlas. Si esto fuera cierto tendríamos un nuevo continente llamado Africa, parecido pero no igual que África, y nombres cambiantes como Alvaro/Álvaro. Lo bien cierto es que, mal que les pese a muchos, las tildes también hay que ponerlas cuando escribimos en mayúsculas, porque si no la pronunciación de la palabra en cuestión cambiaría.

Mención aparte merece la extraña e incomprensible moda en virtud de la cual ciertas personas lo escriben todo en mayúsculas o, peor aún, la primera letra de cada palabra, desvituando el uso de las mismas y menospreciando de paso a las pobres y muy necesarias minúsculas y generando un especie de aberración visual de lo más mareante e incómoda para el lector.

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