David Golder es la primera novela que escribió, y que en 1929, envió a la Editorial Grasset. Como suele suceder en los grandes talentos artísticos, y en este caso literarios, la falta de confianza en sí misma y en su obra, la llevó a enviar dicha novela sin su nombre ni su dirección por el temor a su rechazo, lo que obligó al editor, a publicar un anuncio en la prensa para llegar a conocer a su autor, autora en este caso.
El gran acierto de la historia que engendra la novela, está en el magnífico retrato psicológico de su protagonista, lo que nos hace mostrarnos cercanos a un personaje hecho a sí mismo, y que es capaz de escalar desde la más grandes de las miserias a la mayor de las fortunas, eso sí, dejándose en el camino la salud, y lo que es más importante, la vida. A destacar, entre otros magníficos pasajes de la novela, la descripción del ataque al corazón que Golder sufre en el tren cuando va a reunirse con su familia al sur de Francia, y que es capaz en apenas unas páginas, de acercarnos a la fina línea que a veces separa la vida de la muerte.
No cabe duda, que Némirovsky conoce a la perfección el mundo que retrata, y que nos sirve de constatación de una época convulsa (período entreguerras) donde los grandes negocios todavía son posibles antes del crack del 29, y en donde las miserias humanas se ponen de manifiesto, en el ambiente vacío y sin sentido de la alta sociedad, enferma de egocentrismo y egoísta hasta límites insospechados.
Pero como no podía ser de otra manera, Némirovsky nos deja un hilo de esperanza cuando dota a su protagonista de la suficiente humanidad para querer recuperar el cariño de una hija mimada y egoísta, pero que ante los ojos y el corazón de su padre, es la única persona a la que de verdad ha querido.
Esta novela, es sin duda, una magnífica reflexión sobre la condición humana, y que además, atesora la valía de su atemporalidad.






