Umbral llegaba al Gijón, o a su dacha, o a los cócteles, y dejaba un aroma erótico y político; una temperatura de dandy y genio, de canallesca y ternura, que atraía a las masas despersonalizadas de las redacciones a atender la creación, en prosa, del mayor escritor del siglo XX español. Umbral bebía, con originalidad, de la leche caliente, el periódico despedazado y el inconfundible recuerdo, sempiterno, de Ramón. Todo matizado por el magisterio chamarilero de Ramón y sus vanguardias, el ensayo sesudo, la retórica densa de Ruano y el dialecto quinqui, casi andaluz previo, que resuena de sus escapadas al universo periférico de Madrid.
Archive for Marzo, 2010
Umbral revisitado
Juan Benet. Cuentos completos
Un irónico Benet escribía en 1977 el prólogo a sus cuentos completos en dos volúmenes de bolsillo que publicaba Alianza. El criterio de organización de los relatos obedecía en aquella primera edición a motivos geográficos: el primer tomo recogía las narraciones cortas ambientadas en Región y el segundo agrupaba las restantes, muy variadas en temas y en tonalidades y unidas sólo por esa común independencia del territorio mítico fundado por Benet.
Ese mismo criterio es el que se ha utilizado en esta nueva edición coordinada por Ignacio Echevarría en la Biblioteca Juan Benet que publica Debolsillo.
Aquel irónico Benet se dirigía en el prólogo a un lector ajeno a las teorías textuales modernas, que “espero que podrá encontrar algo de lo que buenamente se espera de toda lectura; esto es, emociones. Porque el otro no. (…) Por el contrario, el lector ajeno a la teoría podrá encontrar un variado conjunto de relatos muy diversos, salpicados de imágenes de emociones que de manera refleja pueden resucitar diferentes estados del espíritu, con un poco de aplicación.”
LA MOSCA. Sławomir Mrożek
Uno de los mejores y más inesperados regalos que he recibido en los últimos tiempo es La Mosca, una recopilación de relatos breves, no más de dos o tres páginas cada uno, del polaco Sławomir Mrożek, de temática ciertamente surrealista e inesperada, que destilan frescura, humor negro y una buena dosis de ironía. El libro, publicado por Narrativa del Acantilado y presentado en una cuidada edición, consta de apenas ciento treinta páginas y en su interior encontramos auténticas maravillas. Su lectura es tan amena como sencilla y rápida, algo a lo que contribuye la excelente traducción de Joanna Albin.
Nacido en la Polonia comunista, Mrozek refleja en sus obras la vida cotidiana dentro del extinto bloque soviético, al que fustiga sin piedad aunque sin excesivo revanchismo, al menos no en La mosca. A través de unas historias absolutamente delirantes y maquiavélicas, el autor desnuda las miserias e incongruencias de los sistemas totalitarios, sean del signo que sean, ofreciéndonos al mismo tiempo un visión alternativa con la que retrata una realidad que no por triste y cruel es menos real y es precisamente por eso, por ser real, que el autor es capaz de ironizar hasta lo frívolo sobre la Polonia que le tocó vivir.
Adolf Wölfi, un artista psicótico
Cada vez que alguien le pedía que explicara el significado de sus extraños dibujos, Adolf Wölfli enrollaba una hoja de papel y tocaba con ella un largo solo de trompeta a ritmo de polka o de mazurka. Que estaba loco nadie lo duda, sin embargo, al morir dejó junto a sus dibujos instrucciones precisas sobre cómo debían interpretarse musicalmente aquellas enigmáticas y psicóticas ensoñaciones sobre papel.
Adolf Wölfi nació en Bowil, en la región de Emmental del cantón suizo de Berna, el 29 febrero de 1864, siendo el menor de seis hermanos. Su infancia no fue fácil, a cargo de un padre alcohólico, el joven Adolf creció en la pobreza y fue víctima de abusos sexuales. Hacia 1890, tras romperse su relación con la mujer que amaba debido a su baja extracción social, se alista en el ejército durante un breve período de tiempo. Se cree que este episodio fue el detonante de su enfermedad mental.






