civiNova

La ciudad de la cultura

ISSN 1989 - 5658

Archive for Febrero, 2010

LA DOLCE VITA

[18 Febrero 2010]

La primera escena de la película nos muestra a dos helicópteros sobrevolando el extrarradio de Roma. A medida que el objetivo de la cámara nos los acerca, podemos ver que sobre uno de ellos cuelga una imagen de Jesús, que dado el carácter simbolista de esta película, podemos intuir que en el ánimo de Fellini está el mostrarnos la distancia existente entre lo trascendete (la imagen) y lo terrenal (los edificios sobre los que vuela). Además, al incluir en uno de esos helicópteros a Marcello y Paparazzo (periodista de la crónica social interpertado por Marcello Mastroianni, y el fotógrafo interpretado por Walter Santesso) deja perfectamente marcada la distancia entre la vida de los que salen en las revistas, y la de aquellos que todavía soportan los últimos coletazos de la postguerra. Matiz que Fellini deja traslucir también, en la desnudez de los pisos que salen en el film, en contraposición con los palacios de la aristocracia romana.

No obstante, la multiplicidad de personajes y escenas que se desarrollan a lo largo de la película (carente de una estructura formal en cuanto a la narración de los hechos) nos permite hablar también de la incomunicación entre los personajes, arquetipos en algunas ocasiones de personas herméticas que cuando se dirigen a los demás, lo que relamente hacen es hablarse a sí mismos (como por ejemplo el personaje de la rica aristócrata interpretada por Anouk Aimée, o el intelectual Steiner al que da vida Alain Curry).

Pero el hilo conductor de todos los personajes es Marcello (Marcello Mastroianni) que gracias a su particular forma de vida, nos muestra la doble cara de la moneda que representa la ciudadanía de Roma en el año de 1960. Por un parte, existe una realidad descarnada, social, creyente y beata, que se va abriendo camino ante el inminente boom económico de los años sesenta; y por otra, existe la noche romana, con sus peculiares y a veces curiosos personajes, lo que le permite a Fellini rodar en dos planos distintos en cuanto a la gama cromática de blancos y negros, que sin duda alcanzan grandes dosis de belleza fotográfica en la celebérrima escena de la Fontana de Trevi y en ese no beso entre Marcello y Silvia (Anita Ekberg).

La Dolce Vita fue distinguida con la Palnma de Oro del Festival de Cannes en su edición de 1960 y con cuatro Oscar al año siguiente (1961), siendo también nominada como mejor película extranjera en esa edición.

Asimismo, desde el 17 de febrero y hasta el 13 de junio, se está exhibiendo en el CaixaForum de Barcelona la exposición que lleva por título “El circo de las ilusiones” y que recoge a través de las 400 piezas expuestas, las obsesiones y las fuentes de inspiración del universo felliniano. Viajando posteriormente al CaixaForum de Madrid.

La Dolce Vita, es una excelente película, que nos permite conocer el rico y magmático universo de ese gran creador que fue D. Federico Fellinni.

Los latidos de las vidas de Marina, Julius y Danielle permanecen ajenos al transcurso de la Historia del Universo. Un lugar, cuyo epicentro se encuentra en la ciudad de Nueva York, totem o becerro de oro al que todos sus habitantes adoran. Pero un día, dos aviones se estrellan contra las Torres Gemelas, y ese latido se para y cambia su cadencia, al igual que sus vidas, que ya no volverán a ser las mismas.
Los Hijos del Emperador representa las alegrías y miserias, así como, los proyectos y deseos de una generación de jóvenes norteamericanos que han crecido bajo la coraza protectora del boom de la sociedad capitalista (un mundo sin responsabilidades al viejo estilo). Gente bien (WASP) que ha tenido que combatir únicamente a sus miserias interiores, y que en nada son parecidas a las miserias externas ajenas a sus vidas. Claire Messud nos muestra una radiografía de una generación que no estaba preparada para los atentados del 11-S, aunque cabe decir que ¿quién lo estaba?
La literatura norteamericana de finales del siglo XX tampoco fue ajena a los retratos generacionales que nos muestran el lado oscuro de una generación de jóvenes que al poco tiempo serán los responsables de llevar el mando del país y por ende del resto del Planeta. En este sentido, Jay McInerney ya lo hizo en 1984 con su primera novela Luces de Neón y las réplicas posteriores: La Historia de mi Vida (1986) y El Último de los Savage (1996). Del mismo modo, Breston Ellis plasmó la desfragmentación generacional en su famosa Menos que Cero (1985) al ritmo de fiestas y drogas adornadas bajo la banda sonora de la música electrónica de New Order, cuya secuela más aclamada fue su archiconocida American Psycho. Pero ellos no fueron los únicos, en aquella época, los jóvenes talentos literarios norteamericanos se mostraban implacables con la sociedad en la que estaban viviendo y Douglas Coupland aún nos deleitó con su Generación X (1991), novela plagada de letreros, dibujos y cómics, que dejó bien a las claras que ya nada volvería a ser lo que era, y de paso, sirvió a los medios de comunicación para reconocer a todo una generación con la famosa X postrera que la calificaba. De todas estas proclamas, España recibió sus ecos a través de la famosa Historias del Kronen (1994) por la José Ángel Mañas recibió el Premio Nadal de ese año, aunque cabe calificar su intento como muy descafeinado en comparación con el de sus colegas americanos, tanto en la forma como en el fondo.
Entonces cabe preguntarse, ¿qué hay de distinto en la novela de Messud? Sin duda un ritmo más calmado y un aparente tono más ligero, que le sirven a la escritora norteamericana de ascendencia canadiense y argelina, para retratar una época y una sociedad imbuida en sí misma y enclaustrada en una profunda metamorfosis interna. Dentro de este microuniverso Messud consigue retratar magistralmente el semblante de unos personajes perfectamente creíbles y cercanos a cualquiera de nosotros, dotandoa cada uno de ellos de unas características individuales que los sitúan perfectamente dentro del gran conjunto que es la sociedad neoyorkina.
La mayor virtud de Messud, está en mantener el hálito de los personajes y el interés de la historia a través de las más de cuatrocientas páginas que componen la novela. Una novela, que en el año 2006 fue nominada al Man Booker Prize y catalogada como uno de los diez mejores libros del 2006 por el New York Times, parabienes que no son ajenos a la carrera literaria de Messud, que ya con su primera novela (When the world steady) fue finalista del PEN/Faulkner.
Ambiciosa e interesante novela.

CHINA CRISIS: WISHFUL THINKING

[17 Febrero 2010]

Uno de los mágicos poderes de la música, es el de revivir momentos que muchas veces tenías olvidados en el profundo túnel del tiempo. Imágenes, sensaciones, personas, momentos… Conectas la canción o el grupo adecuado, y ahí salen casi automáticamente. Aunque no se emplee en ese contexto, es un Wishful Thinking (pensamiento ilusorio) o un fugaz reencuentro con el pasado. Esa es la sensación que he tenido al escuchar nuevamente a China Crisis, un nombre sonoro que acoge a Gary Daly (vocalista/teclista) y Eddie Lundon (guitarrista), embrión del grupo de Liverpool que a lo largo del tiempo se hicieron acompañar de diferentes músicos.
Jugar a recordar es intentar atrapar al tiempo entre las manos, tarea imposible, pero al menos nuestra mente nos engaña con flashes apagados, que es lo que desgraciadamente nos queda de China Crisis, un grupo, que apoyado en los sintetizadores y las cajas de ritmos, empezaron con sonidos pop de la new wave y el post punk imperante en el Reino Unido. En 1981, tendrían su primer éxito con el tema African and White (un binomio extraño para el mundo occidental) y que retrata muy a las claras el matiz político de sus primeras composiciones. Más tarde llegaría su tema Christian, con el que dejaron las marcas de identidad de un grupo, al que le faltaron a partes iguales, la fuerza en sus directos y una equivocada promoción (algo que también le ocurrió al grupo Prefab Sprout).
Con su segundo álbum (Working With Fire And Style) imprimeron más fuerza a sus teclados, a los que acompañaron del característico sonido de un oboe, logrando grandes temas como: Tragedy and Mistery o su famoso Wishful Thinking.
En su largo trayecto hacia la búsqueda de la elegancia, se apoyaron en el gran grupo norteamericano de jazz fusión Steely Dan (formado por Walter Becker y Donald Fagen), y más concretamente en el primero, productor de su tercer LP Flaunt the imperfection, en el que abandonaron su caraterístico sonido anglosajón marca de la casa, para ir desplazándose hacia un sonido a medio camino entre el pop, el jazz y el funk, propio de los grandes grupos norteamericanos de finales de los setenta y principios de los ochenta, consiguiendo componer canciones como su gran Black Man Ray o King in a Catholic Style, en los que se deja ver la influencia de Becker a la hora de argumentar sus nuevas propuestas musicales. Álbum en el que también se incluye la canción Bigger the Punch I´m Feeling, una de sus rarezas y de sus mejores y más desconocidos temas.
Posteriormente, llegarían With Price Paradise (1986), Diary of a Hollow Horse (1989), y Warped by Success (1994). Álbumes que les fueron alejando poco a poco del gran público, pero en los que lograron mantener la esencia de su sonido.
Mi memoria todavía mantiene vivo el recuerdo de sus primeras canciones, donde su oboe me traslada a bosques plagados de hojas secas que cubren el suelo y que yo piso entre caprichosas patadas que me ayudan a espantar mis pensamientos ilusorios.
Letra de la canción Wishful Thinking:
It´s time we should talk about it
There´s no secret kept in here
Forgive me for asking
Now wipe away your tears
And if i wish to stop it all
And if i wish to comfort the fall
It´s just wishful thinking
I sat on the roof
And watched the day go by
I see the likeness in his smile and the way he stands
Makes it all worthwhile
And if i wish to stop it all
And if i wish to comfort the fall
It´s just wishful thinking

Ángel Silvelo Gabriel

EL SECRETO DE SUS OJOS

[14 Febrero 2010]
El amor convertido en recuerdo, la pasión transformada en rencor y el anhelo desdibujado en destierro, sirven a este film, a medio camino entre el thriller, el cine negro y el drama romántico, para convertirse en una de las mejores películas de habla hispana del año 2009, que seguramente se vaya de vacío tanto en los Goya como en los Oscar, por tener la mala fortuna de enfrentarse con filmes como Celda 211 y La Cinta Blanca.
¿El secreto de sus ojos? podría ser el de la obsesión apasionada del Oficial Espósito (Ricardo Darín) por la Secretaria de su Juzgado (Soledad Villaamil), o el del propio Darín por la fotografía de la joven asesinada, y que sirve tanto de punto de partida como de nexo de unión a todas las historias que se vierten en el largometraje. La perfecta desfragmentación del argumento, nos va dosificando las claves de unas vidas que a medida que éste avanza, nos proporcionan datos, por un lado, desalentadores de lo que se intuye pero no se ve en la Argentina de los años setenta, y por otro, de los lazos apasionados de los protagonsitas, pero no sólo de ellos sino del elenco de magníficos secundarios (perfectamente definidos) y entre los que destaca (Guillermo Francella). En este caso, el productor Gerardo Herrero ha sabido encontrar en la novela de Eduardo Sacheri (La pregunta de sus ojos) una buena historia para ser llevada al cine.
Ricardo Darín, dispone de un personaje a la medida de sus dotes interpretativas, y en verdad lo consigue, a través de una interpretación contenida de pasión y de rabia, pero a su vez apasionada y firme en sus principios, en donde los primeros planos de sus rostro dejan muestras de su fuerte carácter actoral, en el que no se queda atrás Soledad Villaamil y sus ojos, que guardan un secreto a voces de pasión por su compañero de trabajo, y que desprenden una fuerte química entre ambos. A lo que sin duda contribuye la luz con la que está rodada la película, que alterna los planos con gran claridad con otros medio en penumbra, lo que nos deja rastros, sin duda, de un inigualable recuerdo de la luz austral. Luz a la que va unida la música de Federico Jusid, capaz de crear la atmósfera suficiente de ternura y desgarro a las escenas a las que acompaña.
El Secreto de sus ojos, sin duda, es una buena película, a la que su director Juan José Campanella ha sabido sacar un gran partido tanto al guión, como a la dirección de actores, así como al montaje, y que de no tener enfrente a tantas competidoras de gran altura, sería una de las grandes triunfadoras del año, lo que queda respaldado por el gran número de espectadores que ya la han visto, el mejor regalo que una película hoy en día puede recibir.

THE ROAD (LA CARRETERA)

[7 Febrero 2010]
Un objetivo: llegar al mar; un fin: sobrevivir. La película comienza con un flashback, siendo ésta la principal diferencia con respecto a la novela homónima de Cormac McCarthy (Premio Putlitzer 2007), pero que por otra parte parece esencial en el discurso narrativo del film, tanto para hacer avanzar el relato de la historia como para descansar a la vista de tanta catástrofe y desolación. Además, para seguir sobreviviendo ante la nada más absoluta, qué nos quedan sino los recuerdos.
La escenografía es sencillamente magnífica, y seguro que para todos aquellos que primero hayan leído la novela, habrán visto fielmente reflejadas las imágenes que su mente iba creando a medida que leían el libro, y que según los títulos de crédito, se han rodado en los Estados de Louisiana, Oregon y Pennsylvania.
Mención aparte, merece la magnífica fotografía del español Javier Aguirresarobe, con la inteligente idea de filmar en tonos apagados con unas gamas de ocres y grises absolutamente maravillosas, y que dan mayor verosimilitud a la historia, lo que contrasta con el color intenso de los flashback de los recuerdos anteriores a la hecatombe (por la que se encuentra nominado a los Premios BAFTA 2009). Del mismo modo, no quiero dejar escapar una mención a la música del genial Nick Cave.
¿Cómo será el fin del mundo? seguramente muy parecido a lo que Cormac McCarthy ha plasmado en su The Road, con una muerte lenta de aquellos que sobrevivan a la gran catástrofe, y muy distinta a lo filmado en la película 2012, y que muy sorprendentemente algunos de los espectadores iban buscando en este film de John Hillcoat.
La película nos presenta a un padre y un hijo empujando un carrito por caminos y carreteras desiertas. Lo de menos es la causa de tanta destrucción, una guerra nuclear o bactereológica, lo importante en este caso es la desnudez más absoluta, un mundo donde no existen los avances tecnológicos, las pertenencias y donde la natrualeza es un bien herido de muerte. ¿Qué queda cuando sólo existen los recuerdos? esa podría ser una de las múltiples propuestas que Cormac McCarthy deja; otra podría ser que está forrada con un film transparente y continuo, lleno de una poesía que se levanta por encima de la más absoluta destrucción y de la soledad humana.
Pero no todo es negativo, la desconfianza en el ser humano, se compensa con la cercanía en muchas ocasiones de la idea de Dios que tiene el pueblo norteamericano, muy imbuido en múltiples creencias religiosas; y también por el cariño que se profesan un padre y un hijo, interpretados por unos excelentes Viggo Mortensen y Kodi Smit-McPhee, a los que se une una bellísima en la desesperación Charlize Theron, empeñada en no salir guapa en sus últimas aparaciones (algo que no consigue) y que en este caso, resulta increíble el gran parecido físico en las líneas del rostro con su hijo en la ficción.
El discurso lineal de la película es bastante fiel a la novela, incluso al final, que bajo mi punto de vista podría haber añadido la parábola final del libro, que sin duda es magnífica, y engrandece al ser humano por dotarle de esperanza.
Excelente película.

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