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La ciudad de la cultura

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Archive for Diciembre, 2009

Con motivo del Congreso celebrado en la ciudad francesa de Pau, alrededor de la figura del genial escritor español Francisco Umbral, y el significado en su obra de la figura femenina, el escritor, periodista e investigador malagueño Jesus Nieto, defendió en dicho Congreso su ponencia titulada: La figura femenina en Umbral “metáfora histórica” de la España de los últimos treinta años. En ella, el escritor malagueño se muestra como un profundo conocedor de la obra y la linguística umbraliana, e intenta acercarnos el universo femenino a través de la intrahistoria de su obra y la Historia de la España de los últimos 30 años, basando su estudio en el análisis de tres figuras femeninas conocidas por todos, como son: Ana Belén, Pitita Ridruejo y Letizia Ortiz.
Mas allá de los clásicos esteriotipos a los que se les puede asociar a cada uno de los personajes femeninos, interesa aquí destacar, que gracias a esta ponencia, se nos acerca la figura de un Umbral místico en ocasiones ante la figura de la progre Ana Belén, o al Umbral historiador de lo cotidiano en otras, cuando nos traza un paralelismo entre estos tres personajes y sus posiciones de clase en la sociedad, tranformándolas en arquetipos sociológicos, y transgrediendo así su universo femenino para invadir el hecho histórico o historizante en palabras del propio autor.
Mucho se ha hablado del universo femenino en la vida y en la obra de Umbral, donde la ausencia del padre en un lado y su dadismo en otro, marcan sin duda, una existencia repleta de una feminidad hilarante. Entre las expresiones que componen el intenso estudio de Jesús Nieto, yo resaltaría aquellas en las que da paso a la voz de Umbral (sin, por ello, suponer un demérito a su prosa rica en matices) como máximo exponente del dominio de la lengua española, y en las que nos deja el rastro de un artista magistral, diferente y metafórico, como por ejemplo, cuando nos dice que la feminidad equivale a un cristal con el que atisbar el devenir de los tiempos.
Yo desde aquí, dejo constancia de que ojalá sea así, y que todas aquellas mujeres que rodean y mejoran nuestras vidas, sean ese cristal transparente en el que poder mirarnos.

Acaban de condecorar a Haruki Murakami con la Orden de las Artes y las Letras de España. Como homenaje a este escritor japonés, a pesar de las críticas poco positivas que está cosechando su última novela, os dejo aquí la crítica que realicé de la última novela que leí de él, Tokio Blues, para mí, la mejor de todas las que he leído.

 

Tras los tonos pastel elegidos para la foto de portada y su innegable plasticidad, siquiera rota por un tic nervioso en la forma en que se coge los dedos de la mano la modelo de la portada, se esconde una historia llena de incertidumbre, una historia perturbadora que no te deja indiferente. A resaltar, sin duda, la maestría y perfección del revelador primer capítulo. Murakami despliega su poder creativo con grandes dosis de fabulador, mostrándolo todo, sin darnos cuenta del alcance de sus palabras, sino sólo al final de la historia (recomiendo volver a leer este primer capítulo una vez acabada la lectura de la novela para llegar a captar el carácter perturbador del mismo).
Tokio Blues (excelente título y plástica combinación de palabras, que nos pueden sugerir un sinfin de historias -al menos a mí me lo parece-) es una novela de tipo iniciática. Yo en la inmediatez de este comentario recuerdo dos: “A este lado del paraíso” de Fitzgerald, y algo más madura en cuanto a la edad los protagonistas, “El cielo protector” de Paul Bowles. No es baladí que el copyright de la misma sea del año 1987, cuando Murakami contaba con 28 años.
La historia que encierra la novela cuenta con ingredientes parecidos a las dos anteriores que ya he comentado en el blog: Kafka en la orilla y After Dark, si bien recomiendo empezar por ésta a la hora de adentrarse en el mundo literario de este escritor japonés. Aquí, un joven estudiante (Watanabe) llega a Tokio a finales de los años sesenta para iniciar sus estudios universitarios. Lejos de su familia, iniciará ese viaje iniciático que representa la primera juventud. En este caso, más allá de la importancia del marco histórico en el que se desarrolla la acción (al que el protagonista presta poca atención), Murakami incide en ese viaje interior que los protagonistas emprenden en busca de sí mismos y de la felicidad. Watanabe los buscará fuera de las clases de la universidad, y se cobijará bajo la literatura y sus experiencias con las mujeres, compensando los encuentros sexuales fortuitos de una noche, con el intento de búsqueda de lo que él considera auténtico a través de los tres personajes femeninos de la novela. Así, con Naoko buscará sus raíces y la pureza del verdadero amor. Midori le brindara la inestabilidad y la locura pasional y Reiko será la experiencia. Expresado así, parecen tres personajes tipo femeninos, pero el truco y la grandeza de la novela está, una vez más, en la sencillez de la acción, de los diálogos, de la resolución de las situaciones. En este sentido, debo reconocer un cierto desencanto por mi parte repecto del autor, porque en alguna de las escasas entrevistas que concede (sobre todo vía internet) expresó que esta novela era sólo un mero ensayo, que él no pretendía exponer muchas de las grandes cuestiones que los críticos y los lectores se planteaban.
En esta ocasión, los personajes que pasan al otro lado (característica que ya he comentado en anteriores entradas de las novelas de Murakami) lo hacen de una forma más natural si cabe. Sí, lo hacen a través del suicidio, un viaje que tiene su retorno en la huella que los personajes dejan en las personas a las que han abandonado a este otro lado.
Como no podía ser de otra manera, en el universo que nos crea Murakami la música es muy importante, y en esta novela nos obsequia con todo un elenco de música de jazz y de música pop, lo que le llevó a titular la misma como Norwegian Wood (desconozco por qué en España se la antetitula Tokio Blues), canción de los Beatles que no está elegida al azar, y que se encuentra en el primer Lp de este universal grupo inglés (me confieso beatelmaniano y no rollingstoniano) que supuso una ruptura con las frescas y desenfadadas canciones de sus primeros años.
Sí, Tokio Blues encierra en sí misma un planteamiento nada original, pero está magistralmente narrado (ojalá yo hubiese sido capaz de descondensar la historia engrendada dentro de mi primera novela Fragmentos de una forma similar). Ésta, sin duda, es mi novela favorita de las tres que he leído de Murakami. La experiencia vital de los personajes nos impregna de grandes dosis de existencialismo.
El escultor Miroslaw Balka (Polonia, 1958) podría ser denominado como el escultor en busca de emociones. Esa parece ser que es su última intención, que se corrobora con afirmaciones del propio artista como: “la tristeza te da más oportunidades para pensar “, o esta otra: “cuando utilizo materiales inertes, intento transmitir un sentido de espiritualidad mediante su asociación con vidas vividas“. De ahí, que la medida del ser humano, y más concretamente la suya propia, le sirva de base a la hora de realizar instalaciones escultóricas que en ocasiones se relacionan con la corporalidad. En ellas, utiliza objetos usados y encontrados, que posteriormente sufren una transformación, que van desde el objeto inanimado a la creación de una escultura que nos interroga acerca de nuestras propias emociones.

A Balka, la profesión le viene de familia. Su abuelo era escultor de monumentos funerarios, su padre grabador y su madre escultora, lo que no desdeña su empeño por buscar las emociones humanas en materiales inertes. En su obra, la sal alude a las emociones humanas en forma de sudor o lágrimas, mientras que el jabón evoca lo más íntimo; la limpieza, y cuya manifestación más importante, es su famosa Hanging Soap Women (2000) realizada con pastillas de jabón donadas por mujeres.

En España, Balka ha expuesto en la galería de Juana de Aizpuru. En esta ocasión, el artista polaco describía sus instalaciones en los términos de una “frase”. Ahora, cada escultura sería “una palabra”, y su combinación, crea significados nuevos e inesperados.

Pero el escultor de la dimensión humana, está de actualidad por su instalación expuesta en la Sala de Turbinas de la Tate Modern de Londres (13 de octubre- 5 de abril) dentro de la Serie Universe, y que representa un contenedor de 13 metros de alto por diez de ancho y 30 de longitud. Esta caja gigante, se puede visitar a través de una rampa (pues se encuentra montada sobre unas vigas). Una vez más, Balka nos muestra una gran coraza que nos da seguridad y protección, y en donde el interior de esta gran mole elevada, representa lo más íntimo, que no es otra cosa que nuestras propias emociones.

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