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La ciudad de la cultura

ISSN 1989 - 5658
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Archive for Diciembre, 2009

Recientemente acabo de leer Kafka en la orilla, de Murakami. La verdad es que el libro me llegó como regalo de Papá Noel en 2007, pero las absurdas e inalcanzables metas que nos planteamos en la vida, me han tenido apartado de casi todo lo que para mí merece la pena. Véase: la literatura, la escritura, el cine, el teatro, la música pop… 
El protagonista (un chico de quince años) en algún sentido me recordó al niño de El guardián entre el centeno (quizá tenga algo que ver que Murakami hay traducido al japonés esa novela). Entre otras muchas cosas Kafka… trata de la certeza del destino predeterminado, ante el que la fuerza humana nada puede hacer (algo parecido a lo que ocurre en la novela El Malentendido, de Albert Camus) y ese destino se superpone a las historias y aventuras de los personajes de la novela. Esa casualidad determinista que dirige nuestras vidas, y que a veces intentamos cambiar sin éxito (¿todo está escrito?).
Murakami es un autor que emplea muchas referencias occidentales, lo que le ha servido para ser considerado el escritor japonés más occidental de nuestro tiempo. Algo nada casual si pensamos que ha traducido al japonés a autores como Carver, Fitzgerald o Salinger (gustos literarios que comparto plenamente), pero además, sus novelas también contienen música pop, (¿a qué me suena esto?).
Volviendo a la novela, Kafka… se inicia con la escapada de un niño de quince años de la casa de su padre, y que sin saberlo todavía, recreará la tragedia clásica de Edipo. Por otro lado, el nombre del protagonista: Kafka Tamura, le sirve a Murakami como homenaje al escritor checo y la habilidad de dotar a los gatos para hablar con uno de los personajes se asemeja al universo opresivo de su Metamorfosis. Debo admitir que el final de la novela me decepcionó un poco por la solución que el autor nos propone al universo fantástico que a medida que avanza la historia se apodera de la trama. Con ello no quiero decir que sea una mala obra literaria, todo lo contrario. Sin ir más lejos, las metáforas que construye en la misma, aparte de extrañas (quizá para una mente occidental), son sencillamente geniales e impactantes, que por ejemplo, mi mente sería incapaz de crear. Esa forma de mirar al entorno tan sumamente original es lo que nos hace distintos.
Por otro lado, y bajo mi punto de vista, Murakami si se asemeja a otros autores japoneses en su recreación de la sensualidad en las relaciones de sus personajes, todo es armonioso aunque no frágil, sincero pero no vulgar. En este sentido, Mishima (el otro autor japonés al que he leído hace muchísimo tiempo) trata el amor con una pureza extrema en su novela Caballos desbocados, pero no por ello menos sensual, atrayente e intensa.
En definitiva, esta novela de Murakami es una excelente muestra de un universo propio, inquietante y atractivo a la vez, que como la buena literatura nos hace querer conocer más obras de su autor.

Llega la Navidad, y con ella se dispara todo: las salidas, las compras, los adornos navideños,  polvorones y turrones. Vemos luces de colores  por doquier, y muchas  sonrisas, parece que es un mes en que todos parecemos más felices, el consumo se dispara, los niños cantan villancicos y los Reyes Magos y  Papa Noel conviven en perfecta armonía, a fin de cuentas todos vienen a traer regalos.  Es tiempo de  felicitaciones y visitas a familiares lejanos,  y compras, muchas compras. Bueno, todo esto está muy bien, ya que hay que reactivar la economía, por eso empiezo por recomendar que regalen arte,  creo que es un buen detalle y se lo van a agradecer siempre, ya que cada vez que vean la obra van a pensar en quien se la regaló.

También es verdad que hay mucha confusión y mucho Ego entre los artistas, yo conozco pintores que apenas han hecho nada y ya se creen artistas, otros que cada año ponen precios altísimos creyendo  así que la obra es más  valorada e importante…por no decir ya quien les pone esos  carísimos  marcos,  bueno hay de todo en la viña del señor, pero no se dejen engañar,  ustedes no están comprando el marco sino la obra y créanme el arte es otra cosa. Ya sé que también el arte  sirve para decorar, pero es algo más que eso, por lo tanto hay que ir a visitar exposiciones, es la mejor manera de aprender, y distinguir mejor lo bueno de lo  malo.

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RAPHAEL, 50 AÑOS DESPUÉS

[20 Diciembre 2009]

La gélida tarde noche madrileña, invitaba a cobijarse del frío en un lugar acogedor, y eso fue lo que hicimos cuando entramos en el Teatro Compac de la Gran Vía madrileña, un espacio que Raphael, entre otras cosas, llena de calor, cercanía y música.

Antes de entrar, pensé en mi infancia y mi vinculación a lo que antes se denominaba música ligera, pero fue un recuerdo que enseguida disipé al ver a este maestro de la música con mayúsculas encima del escenario. Después de una larga y cerrada ovación, comenzó su actuación con el Caminante de Machado, y ahí quedó claro que esa noche iría de apoteosis en apoteosis, con un público totalmente entregado a su causa.

Del escenario pendían tres pequeñas pantallas retrotáctiles, a las que él acompañaba con el movimiento de sus manos. Manos que cruzaban el aire e iban en busca de la magia que canción tras canción iba distribuyendo por el abarrotado teatro. Tampoco faltaron sus dotes interpretativas a la hora de bailar los ritmos de sus canciones, deleitando a sus fans, sobre todo cuando cantó El Gavilán.

Pero 50 años dan para mucho, y dentro del repertorio escogido por Raphael para festejarlo, incluyó canciones de todos estos años, dejando un gran espacio para homenajear a las canciones que mayor éxito le dieron en Sudamérica, y que a uno se le pusieron los pelos de punta cuando escuchó su versión de Volver Volver (con manta azteca incluida) ya que el día anterior escuché esa misma canción en la voz de Álvaro Urquijo y los Secretos, lo que sin duda nos demuestra lo universal que puede llegar a ser la música.

Por resaltar alguna de las 39 canciones que cantó a lo largo de las casi tres horas de concierto, digamos que ahí estuvieron presentes Digan lo que Digan interrumpida con una larga ovación, Gracias a la Vida, Llorona, Yo Sigo Siendo Aquel en la que un público entregado corea junto al cantante, o Estar a Enamorado, o Tengo el Corazón en Carne Viva

Tampoco faltaron las alusiones a grandes cantantes desaparecidas, y a las que Raphael también rinde homenaje. Con Rocío Dúrcal presente en las pantallas de vídeo interpretó Como Dos Enamorados, y con Rocío Jurado Como Yo Te Amo.

Por si nos quedaba alguna duda de su versatilidad como cantante y showman, Raphael nos deleitó con Escándalo a ritmo de rap, o su acapela del Tamborilero que cerró su actuación a las 11, 25 horas y después de casi tres horas de un derroche de voz, profesionalidad e ilusión, como si estuviera iniciando su carrera esa misma noche. Pero este huracán de la interpretación también es humano, y abandonó el escenario felicitando las fiestas a todos los allí presentes.

¡Inmenso Raphael!

Cuando entré en un abarrotado Palacio de los Deportes de Madrid (12.000 personas), Mamá ya había comenzado su actuación, aunque enseguida alguien me dijo que por el escenario ya habían pasado Madrileños 84 (¿a qué hora comenzaba este fin de fiesta?). De todas formas, aún pude escuchar a José María Granados y su banda interpretar parte de sus éxitos, como: Número Equivocado, Chicas de Colegio o el Último Bar, junto con alguna canción de su nuevo trabajo La Mejor Canción. Además, su granito de arena emotivo vino cuando hicieron Nada más, agradeciéndole a Álvaro Urquijo su inclusión en el cartel del concierto.
A las 10,25 (justo una hora después de lo que marcaban las entradas como inicio del concierto)salieron Los Secretos al escenario tocando A tu lado, entre una lluvia de notas musicales que procedían de las pantallas gigantes de vídeo que coronaban un espectacular escenario. Enseguida, recordé aquella mañana de domingo, cuando los vi por primera vez en la discoteca Consulado de Madrid, en las actuaciones matinales de los 40 Principales bajo el slogan “Son lo más“, de Joaquín Luqui .
El concierto comenzó con un ritmo suave, que se prolóngó durante las dos horas y media largas que duró, y con ligeras variaciones en los arreglos de los temas, lo que yo agradecí, y que me hizo pensar una vez más en la gran maestría musical del grupo. Después de A tu lado, siguieron Margarita, No me imagino, Colgado, El Hotel del Amor y la Calle del Olvido, donde el público se arrancó cantando coros junto a Álvaro.
Pero a veces, las ausencias se hacen tan presentes, que la fina línea que las divide acaban confundiéndose con las presencias, y eso fue lo que ocurrió anoche en el Palacio de los Deportes de Madrid, cuando Álvaro nos confesó que estaba seguro que por allí andaba el alma de su hermano Enrique, al que el grupo rindió un gran homenaje con orquesta tras el escenario incluida, y que comenzó con Hoy la ví (última canción compuesta por el malogrado Enrique) y a la que siguieron No me digas que no y Ojos de Gata (con imágenes de Enrique en las pantallas de vídeo), así como, Cambio de Planes, donde el pabellón se puso con los pelos de punta por la emoción.

El ritmo del concierto fue subiendo con El Primer Cruce, para culminar en éxtasis cuando tocaron el primer himno de la noche: Sobre un Vidrio Mojado, lo que provocó una marea de bailes incontrolados y coros masivos de un público entregado. Luego nos regalaron Ojos de Perdida, que como muy bien nos apuntó Álvaro, fue la primera canción compuesta por Enrique cuando tenía dieciséis o diecisiete años, y que fue vitoreada con oés. Detrás, llegó Déjame y todo se vino abajo, himno generacional donde los haya, y que traspasa todos lo imaginarios colectivos nombrables. En ese momento eran las 12,10 y ahí finalizaron el concierto.

Pero estaba claro que ese no era el final, pues en el primer bis abrieron con Agárrate a mí María, a la que siguió Por el Bulevar de los Sueños Rotos y Gracias por Elegirme, con la que abandonaron de nuevo el escenario con un “Gracias con todo nuestro corazón” de Álvaro.
En el segundo bis atacaron con Volver y Otra Tarde, donde el público volvió a mostrarse eufórico y dejó a las claras que aquel prinmer Lp, es una de las recopilaciones míticas de la música pop española (quien lo iba a decier). Después vinieron las presentaciónes del grupo y lo que a mí me pareció sencillamente mágico. Donde hicieron Canción Lógica de Supertramp, Stay de Jackson Browne y El sitio de mi recreo de Antonio Vega.
El final, como no podía ser de otra manera, fue una versión acapela del Déjame, donde los cinco componentes del grupo hacían los coros mientras el público cantaba de pé a pá la canción, y eso fue a las 12,55 horas. Por muy manida que esté la frase, cuando abandonaba el Palacio de los Deportes pensé primero, en el maravilloso concierto al que había asistido, y después, que Los Secretos forman parte de la banda sonora de varias generaciones de españoles.
¡Gracias por elegirnos!

El motivo era la recaudación de fondos para el Programa de Ayudas por Tolé y Llano Ñopo en Panamá; pero la excusa era escuchar música, y eso fue lo que hicimos en el teatro del Colegio Mayor Elías Ahúja, sito en la Ciudad Universitaria de Madrid.

El escenario, y el entorno que le acogía, nos hicieron rememorar otros tiempos de penitentes anocheceres por los locales de conciertos de Madrid, pero hoy, los sonidos y los grupos eran diferentes, y como diría el bueno de Julio Ruiz en su Disco Grande, el cartel del festival estaba formado por: Cool, Calle París, María Villalón, Second, Labuat y Marwan, aunque no hicieron acto de presencia en el escenario en ese orden.

En primer lugar tocaron Cool, interpretando tan sólo dos temas, lo que dejó un tanto fría dada la baja voz de su cantante y un sonido que dejaba bastante que desear, lo que no conformó a un público dispuesto a divertirse desde sus butacas de patio.

 

 

 

La animación llegó con la presentadora del festival, que no era otra que la famosa Mireia (ex novia de Ronaldo y otros etcéteras) y que seguiría, con el que para mí fue la revelación de la noche, el cantautor Marwan, con una cercanía y una grandilocuencia en el escenario digna de mención, y que consiguió reconfortar el ánimo y aunar el criterio unánime de los asistentes en su favor. Comenzó su actuación, con la canción Palabra por palabra y la sola compañía de su guitarra acústica, que desenchufó para darle un carácter más íntimo y cercano a la interpretación, consiguiendo meterse al público colegial en el bolsillo y a todos los que allí estábamos escuchándole. Después vinieron Dos Ángeles, El Chándal, y se despidió con Canción a su padre, destacando en todas ellas unas letras originales e imaginativas y de gran calidad compositiva.

Entre actuación y actuación, pudimos deleitarnos con las habilidades de algunos de los residentes, que pasaron desde el baile a lo Michael Jackson de un estudiante de Telecomunicaciones que fue muy vitoreado, hasta la interpretación sandunguera y guasona de una rumba de otro residente.
Y llegó el turno de Labuat, nombre bajo el que se cobija Virginia Maestro, la última trinfadora de Operación Triunfo, que redimió su sosería sobre el escenario, con canciones y ritmos que fueron desde la música de cabaret hasta la bosanova de Carta de Otoño, en las que se dejó muestras de una buena voz a la hora de interpetar, y la sensación de ir buscando un estilo propio muy poco afín a los triunfitos ya de sobra conocidos por todos.

 

Pero sin duda, cuando salieron Second al escenario, lo llenaron de una calidad y una categoría que cada vez asombra más, reinterpretando cinco de sus mejores canciones en un concierto acústico para recordar. Sencillo, directo, impactante y estremecedor en la cercanía y en una maestría a la hora de tocar y cantar que llenaron con chorros de felicidad nuestros corazones. Una a una, fueron sonando, Rincón Exquisito, Palabras, Rodamos, Algo y Todas las Cosas, que sirve para cerrar lo que es su actual gira, y en la que invitan a subir al escenario a aquel que quiera cantarla con ellos. Magistral José Angel en la voz, y no menos excepcionales el resto del grupo, siendo capaces de sacar sonidos programados de un mini teclado Casio de juguete; increíbles. Y como hice ya en la crónica de su concierto en Madrid, recojo aquí frases de sus canciones: refugiarme en las estrellas, de Palabras; o un soplo de amor a nuestros cuerpos, de Rodamos.

Después llegó Maria Villalón y su banda, que nos ofrecieron un concierto no acústico cargado de fuerza y rabia, que sirvió para levantar el ánimo de todos los jóvenes ahújos. Cabe citar, que María se quedó sin micrófono en la interpretación de su tercer tema, e hizo bajar el volumen a todos los instrumentos del grupo y se marcó un acapalea de lo más emotivo. Finalizando su actuación con el single La Lluvia, de su último trabajo.

El Festival acabó con la actuación del grupo Calle París, que interpretaron temas de su último trabajo, y por el que recibieron el Premio 40 Principales al Mejor Artista Nuevo en la edición del 2009.

¡Hasta el próximo año, y Felices Fiestas ahújos

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