Un padre y un hijo empujando un carrito por caminos y carreteras desiertas. Lo de menos es la causa de tanta destrucción, una guerra nuclear o bactereológica, lo importante en este caso es la desnudez más absoluta, un mundo donde no existen los avances tecnológicos, las pertenencias y donde la natrualeza es un bien herido de muerte. ¿Qué queda cuando sólo existen los recuerdos? esa podría ser una de las múltiples propuestas que Cormac McCarthy deja, este escritor norteamericano que forma parte de la nómina de escritores que aborrecen los medios de comunicación y prefieren esconderse tras el más infranqueable de los hermetismos, (y que en palabras de Javier Marías sería su candidato para el Premio Nobel) nos deja en el aire.
La carretera, se nos presenta estructurada en párrafos, que representan imágenes, escenas y hálitos de una existencia que se marchita, y que en este sentido es un paso adelante en cómo estructurar una novela, donde no existen capítulos, pero sí el desarrollo de una historia que tiene sus partes como cualquier otra, pero que está forrada con un film transparente y continuo, lleno de una poesía que se levanta por encima de la más absoluta destrucción y de la soledad humana.
La desconfianza en el ser humano, se compensa con la cercanía en muchas ocasiones de la idea de Dios que tiene el pueblo norteamericano, muy imbuido en múltiples creencias religiosas (hasta en eso son liberales). Menos mal que el final de la novela nos deja un margen a la esperanza, con una parábola con las truchas como protagonistas, que es digna de una gran novela, y quizá de una gran obra maestra, que en muchas ocasiones da miedo cuando estás inmerso entre sus páginas, pero que sin duda es una gran reflexión de lo que ha existido antes del ser hmano, y de lo que existirá después de su mas certero final por su paso por el planeta Tierra.
Excelente novela e imprescindible de ser leída.