Ambos juntaron sus destinos finalmente un 17 de noviembre, buscando en la otra vida, un lugar en el que seguir componiendo y albergando nuevas ideas, sentimientos y hazañas. Nosotros, de momento, tenemos su obra, para leer y escuchar, y a la que igualmente podemos volver cada vez que nos sintamos un poco desterrados de los sentimientos mundanos que tanto nos afligen.
De Enrique, me quedaré con esa cara de niño, con la sencillez de unas composiciones que empezaron influidas por Los Eagles, Jackson Browne o Flying Burrito Brothers, hasta derivar hacia las rancheras más sentidas.
De Paul, siempre recordaré su historia con Jane, descubriendo al unísono un país por explorar como era el Marruecos que él conoció, y a Jane, en un viaje de difícil trayecto, idílico a veces, tormentoso otras (véase sino El Cielo Protector). Donde un existencialismo de otra época, transitaba por sus vidas, y donde una fuerza innata por el viaje, los hicieron atravesar fronteras físicas y de las otras, esas que sólo nosotros nos ponemos y que muchas veces somos incapaces de derribar.
Siempre nos quedará vuestra música (pues Paul posee una amplia y desconocida obra musical) y vuestra literatura y poesía.
¡Hasta siempre!






