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ISSN 1989 - 5658
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Vida de un mutilado republicano

[2 Noviembre 2009]

Con motivo de la preparación de un libro tuve la ocasión de realizar una entrevista a Guillermo Rodríguez Andrade,  “Willy” para sus amigos. Sucedió hace unos tres años y, por entonces, Guillermo era, a sus ochenta y siete años de edad, un inválido aguerrido que esgrimía con orgullo su condición de Presidente de honor de la Liga Regional Andaluza de Mutilados e Inválidos de la Guerra de España.

Hace unos días me entere de su muerte. Sirva la publicación de esta entrevista como pequeño homenaje a este hombre que me abrió las puertas de su casa y me contó la historia de su vida con la amabilidad y el cariño que dispensan muchos ancianos a los jóvenes.


Trate también este escrito como testimonio breve de una vida que es el reflejo, teniendo en cuenta la parcialidad y subjetividad de la propia entrevista, de la España del siglo XX.

A continuación se publica la entrevista tal y cómo la transcribí entonces.

Introducción:

Guillermo Rodríguez Andrade, actual Presidente de honor de la Liga Regional Andaluza  de Mutilados e Inválidos de la Guerra de España 1936-1939, de ochenta y siete años de edad, me recibe en su casa para ser entrevistado con motivo de este trabajo.

Mutilado y ciego, no puede valerse por sí mismo, pero conserva lúcido el pensamiento. Vivió la Guerra Civil, dónde perdió su brazo derecho y fue presidente de una asociación de mutilados republicanos, y también la transición española, cuando llevó a cabo una destacada labor política siendo candidato, por el Partido Socialista Andaluz, en las primeras elecciones democráticas.

Testigo de excepción de nuestra historia más reciente, he preferido que la entrevista abarque la mayor parte de su vida; desde la Guerra Civil hasta la transición cuándo, además de militar en el PSA y acudir a las elecciones, volvió a crear las asociaciones de mutilados de guerra del bando republicano.

Aunque su situación física es bastante lamentable su mente conserva todos los recuerdos y una capacidad retórica digna del mejor orador. Por ello preferí dejar que contara su historia sin agobiarlo con preguntas, ya que perdía el hilo de la narración. Sólo efectúe las preguntas necesarias para reconducir la conversación.

Entrevista

- ¿ Cómo se llama y qué edad tiene?

Me llamo Guillermo Rodríguez Andrade, tengo ochenta y siete años.

- ¿Dónde nació?

Nací en Ardales ( Málaga) pero me crié en Ronda dónde estudié en el colegio de los Salesianos.

-¿Dónde estaba cuando estalló la Guerra Civil?

Mi madre, hermana de un abogado eminente de Madrid, decidió trasladar su domicilio de Ronda a Madrid.

-¿Cuántos hermanos eran?

Éramos cuatro varones y una hembra. Mi tío y mi madre creyeron que en Madrid tendríamos más posibilidades de estudiar y labrarnos una posición.

-¿Cómo vive el inicio de la Guerra Civil?

El uno de enero del 1936 nos trasladamos a Madrid definitivamente, dónde alquilamos un piso.
El 18 de Julio de 1936 estalla la Guerra Civil. Los primeros días  los rebeldes llegan a Madrid y se establecen los frentes. Me presento a las órdenes de las Juventudes Socialistas en el cuartel situado en el Retiro de Madrid. Por tener dieciséis años, y no tener edad para combatir, fui encuadrado en unos servicios de intendencia que consistían en llevar, muy temprano por la mañana, a los frentes de batalla, café caliente para los combatientes.

-¿Hasta cuando desempeñó esta función?

Hasta que el seis de diciembre de 1936 el automóvil que me trasportaba, un camión, regresando del frente de Carabanchel, tuvo un accidente y  volcó atrapándome el brazo derecho y destruyéndomelo.

¿Cómo sucedió para usted el resto de la guerra?

Me trasladan al hospital militar que estaba habilitado en el Hotel Palace de Madrid.
Allí don Mariano Gómez Ulla me amputa el brazo derecho por el tercio superior. Estuve allí quince días. Al salir del hospital volví a presentarme a las Juventudes Socialistas Unificadas que, tras pasarme por una escuela de cuadros, me destinan a la Escuela de Alerta número 5, enclavada en la calle Pacífico de Madrid. Allí estuve seis o siete meses. Después de esto las Juventudes Socialistas Unificadas me mandan a la Organización de Mutilados de Guerra, que se estaba constituyendo con los mutilados de guerra que se estaban produciendo en la guerra.
Me nombran presidente en Madrid de la Organización de Mutilados de Guerra de la República dónde permanezco en el antiguo instituto Cervantes, en la calle Prim de Madrid, hasta terminar la guerra.
Una vez acabada la guerra, cuándo la quinta columna se hace cargo de nuestra sede me voy a mi casa, aunque puedo añadir que cambié de domicilio y allí permanecí hasta diciembre de 1939.
Estando una noche en mi casa por el golpe recibido en el accidente y por vivir de forma precaria, ya que nos arrebataron las pensiones que nos dio la República por ser mutilados, eso nos lo arrebató Franco en el mes de abril de 1939…

-¿ De qué cantidad eran las pensiones?

Unas trescientas pesetas al mes que se nos negaron cuando Franco entró en Madrid y no se volvieron a restablecer hasta la llegada de la democracia.

Estando en el año 39 en mi casa de Madrid se me produjo una hemotisis, qué es un vómito de sangre. Por la influencia de un tío mío pude entrar en el Instituto de Antituberculosos Iturralde. Entré gracias a un tío mío con mucha influencia en la zona nacional. Allí estuve dos años, me instalaron neumotórax y don José Codina, que era el director, prohibió terminantemente que la Quinta Columna me sacara del hospital alegando que como doctor yo  estaba bajo su custodia.

-¿Intentaron apresarle?

Sí. Un día llegaron allí preguntando por mí, ellos tenían mi ficha, que entregué cuando tomaron la sede (de la asociación de mutilados), en aquella ocasión se portaron muy bien conmigo, eran chicos jóvenes y sólo me tomaron los datos. Don José Codina prohibió, a otro muchacho y a mí, que saliéramos. Nos hubieran fusilado. De hecho cuando  los brigadistas se marcharon de Madrid, y fueron despedidos, me hicieron una invitación, entonces yo ostentaba el cargo de Presidente de los mutilados, para que diera una alocución en el Málaga Cinema, cerca de Antón Martín. Yo tenía un amigo en la asociación, también mutilado, y me preguntó por lo  que había que hacer y si él podía dar la alocución por mí. Le dije que sí y lo hizo. En cuanto las tropas de Franco entraron en Madrid fueron a su casa y lo fusilaron.

-¿Me puede contar algún episodio de la guerra vivido por alguien cercano a usted?

Yo tuve una novia que tenía un hermano, casi de la misma edad que yo, cuando en Madrid se sublevaron, en el Cuartel de la Montaña, los falangistas y los militares rebeldes. La milicia los sofocó con cañones y mataron a todos los que había dentro, los asesinaron. A los pocos días desfiló medio Madrid por el cuartel.
Entonces el hermano de mi novia, que se llamaba Justo Bezares Blanco, entró a una dependencia y se encontró, bajo una mesa, un casco militar. Como una cosa de niños se llevó el casco y se lo puso. A la entrada, en calle San Andrés de Madrid, le preguntó la portera que de dónde había sacado eso. Años después entran las tropas invasoras de Franco, Hitler y Mussolini y la brigadilla llegó a su casa. Al preguntar por Justo Bezares Blanco, y al no estar, se llevaron a su madre, de setenta años de edad, a la comisaría instalada en la Facultad de Veterinaria de Madrid.
Cuando llegó a la comisaría lo metieron en el calabozo y  a su madre la tuvieron tres años en la cárcel de mujeres  de las Ventas. Un día le dicen a sus hermanas que se llevan al muchacho a la cárcel de Valencia. Seis o siete días después llegó un sacerdote a la casa de sus hermanas a decirles que lo habían fusilado.
También yo tuve un hermano que murió con dieciocho años pilotando un “chato”. Había hecho el curso en Ucrania. Un día, cuando iba tomar tierra, se le invirtió el motor y murió. Uno de sus compañeros me dijo que creía que fue un sabotaje porque mi hermano era un gran piloto y no podía haberle sucedido eso.

-¿ Qué hizo cuando se recuperó?

Cuando salí de Iturralde volví a Ardales, dónde mi madre se había vuelto a establecer. Pero tres o cuatro años después se me produce una lesión en el hígado y me traen al hospital de  Santa Clara en Málaga, a vida o muerte me opera el doctor Villar Flores. Me opera de la vesícula y al mes se me formaliza un quiste pancreático por haber resistido la operación de vesícula más tiempo de lo conveniente. Estuve entre la vida y la muerte.
Entonces después de que me sano formo una sociedad y monto en Málaga aquel gran establecimiento que se llamó “El boquerón de Plata”. Existía uno en calle La Bolsa, otro en calle Alarcón Luján y un tercero en el pasaje Pizarro en Torremolinos. Estuve en esa sociedad tres o cuatro años, hasta que me separé y me quedé con el de calle La Bolsa, durante veinticinco años. Fue un buen negocio mientras se daba a la gente gambas y cervezas a un precio módico. Luego la cosa subió, yo estaba sin hijos, murió mi compañera, y decidí vender el negocio. No sin antes asegurar la situación laboral de veintidós hombres que tenía en el bar y me dediqué a la política.

-¿Durante todo este tiempo no tuvo problemas por su pasado republicano?

No. Vivía en Ardales,  con  mi familia, mi abuela era muy religiosa, mi madre era muy religiosa y el alcalde de Ardales era un primo hermano mío. Efectivamente la Guardia Civil sabía que yo era rojo pero ya en los años cuarenta había pasado los años en los que se fusilaba a cualquiera por una perra gorda. Y Ardales era un pueblo chico, aislado y allí, políticamente, yo era familia de quién era y no se metieron conmigo. Sólo me persiguieron la desgracia de las enfermedades.  Cuando tenía el bar la situación ya no era como al principio de la dictadura y yo no me metí en política, en aquellos entonces, y pasé desapercibido. Tenía mucha amistad con los policías, incluso con los de la brigadilla, iban a mi bar. Sabían que, aunque había luchado con la República, yo era un hombre de paz y de orden. Mis manos no estaban manchadas de sangre, no había tenido en la guerra intervención directa en nada que no fuera justo ni legal y no tenía antecedentes más que políticos.

-¿ Cómo vivió la llegada de la democracia?

Cuando llega la democracia me dedico a la política. Yo era desde 1938 miembro del Partido Socialista y de la UGT, pero ya dejé de tener contacto. Cuando llega la democracia me dirijo al Partido Socialista en Málaga y digo quién soy. Pero había quién no le interesaba que yo esgrimiera mis antiguos derechos en el partido. Amigos míos, jóvenes, que habían ido al bar, y que eran del Partido Socialista Andaluz, me invitaron a unirme a ellos. Así lo hago y me hacen Secretario de Organización del Comité Provincial de Málaga. Di mítines por Málaga por dónde acompañé a Miguel Ángel Arredonda y terminé con este partido cuando le quitan la “s” de socialista ( a  las siglas del partido). Yo dije que era andaluz y socialista, pero no podía ser miembro de un partido que no fuera socialista.

-¿Cómo fue su candidatura a senador en la primera elección democrática tras la dictadura?

Me presenté por el Partido Socialista Andaluz junto con  Luis Recuerda Montilla, pero tomamos muy pocos votos, el Partido Socialista Andaluz nunca tuvo mucha fuerza. Ganó el Partido Socialista.

¿Y su labor como Presidente de la Liga de Mutilados?

Como era Presidente de la Liga Regional Andaluza de Mutilados de Guerra, que se reconstituyó cuando llegó la democracia, realicé una labor muy buena en Málaga. Gestioné pensiones para los que las habían perdido con Franco. A tenor de la ley 35/80 que nos devolvía algunos derechos. Después se dio una facultad, gracias a esa ley,  de recibir pensiones las viudas de guerra, tanto de un bando como de otro. Y me puse al servicio de ellas para gestionarles las pensiones. Sin cobrarles ni un céntimo. Gestioné pensiones a viudas tanto del bando republicano como del franquista. Algunas recibieron indemnizaciones más o menos grandes.

Para terminar ¿qué opina del movimiento actual de recuperación de la memoria histórica?

Yo no voy contra ninguna idea ni contra nadie, pero me gusta llamar al pan pan y al vino vino. Yo estoy a disposición de cualquiera que quiera conocer la historia de España, porque la he vivido. Con 16 años ya estaba en Madrid haciendo política. Viví la historia de forma práctica, no en libros, mi historia es una historia viviente. Yo he sido testigo fehaciente de aquella época. Hoy, cómo soy muy viejo, las cosas han cambiado mucho y creo que, mis antiguos compañeros, me tienen a cuenta de inventario. Algunos me dicen que soy un guerrillero porque quiero reivindicar la verdad, pero ya no se quiere hablar de aquello.

Cristóbal Villalobos

Historiador

2 Comments

  1. alberto gonzalez bezares dice:

    Gracias al titular de esta entrevista. Por casulidad he accedido a esta web, y leido la entrevista. Yo soy un sobrino de Justo Bezares Blanco, que es nombrado en la entrevista, amigo de Guillermo Rodriguez Andrade. la persona a la que Guillermo se refiere como su novia no se si era mi madre, Emilia, o mi tia Ana (ya fallecida hace pocos años). La familia de mi madre (hoy 84 años) fue una de tantas fulminadas por una guerra sin razon, como cualquier otra. Mi abuelo asesinado a la salida de la casa de la moneda, mi abuela como dice la entrevista, despues de años en la carcel nunca se recupero de una enfermedad y murio poco tiempo despues, mis tios Justo y Jose fusilados. Sobrevivieron mi madre y mi tia. Nunca conoci a mis abuelos ni a mis tios, evidentemente y eso siempre ha sido un lastre emocional, sobre todo por lo que desde muy jovenes tuvieron que sufrir y vivir, y tratar de superar, mi madre y mi tia. la sin razon de una guerra se lleva vidas, y arrastra sufrimiento de las personas hasta su muerte.
    Gracias de nuevo, por esta entrevista, porque de alguna manera he conectado con mi tio Justo, que no conoci y que no sabia hasta ahora con algun detalle de su trajico destino.
    alberto gonzalez

  2. Cristóbal Villalobos dice:

    Estimado Alberto,

    Cuando publiqué esta entrevista sólo lo hice como mi pequeño homenaje a Guillermo. Me pareció que el testimonio de una vida siempre es algo interesante, de lo que se puede aprender. Nunca imaginé que pudiera llegar a los descendientes de algunas de las personas que vivieron esos hechos.
    Muchas gracias por su contestación, pues supone para mi una gran satisfacción que me anima a seguir trabajando dentro de mi vocación de historiador.
    Un saludo afectuoso.

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